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Ese hijo es tuyo, dinámica
Retiro La mirada de la misericordia


Por: P. Manolo Pérez |



Los verbos “servir” y “desobedecer” son expresiones legales. Para los fariseos maes-tros de la Ley que critican a Jesús, son aquellos para quienes  todos los actos están regulados, la santidad depende de la observancia de la Ley. La observancia produce méritos y por eso recompensa. Las transgresiones producen desmerecimientos y su castigo correspondiente. Este tipo de relación con Dios y con nuestro prójimo es el que Jesús rechaza.

Observando al hijo mayor y los otros personajes:

    ¿En qué aspectos te sientes identificado con el hijo mayor? 

    ¿Qué sientes, como hijo mayor, ante la acogida amorosa, incondicional del pa-dre al hijo menor? 

    ¿También tú has embarcado tu vida tratando de agradar cumpliendo? 



    ¿En qué medida vives la relación con Dios en forma comercial, regulada por servir en vista a la recompensa?

    ¿En qué medida te ves como alguien duro de corazón, arrogante, enjuiciador, resentido, celoso, severo, manipulador, egoísta, amargado, vengativo, envidio-so, triste más que tratando de amar incondicionalmente? 

El hijo mayor es agresivo, resentido e irrespetuoso con el Padre. Habla del hermano pero en  realidad ataca a su padre de ciego e injusto, con palabras farisaicas, auto-compasivas y celosas: “Hace ya muchos años que te sirvo sin desobedecer jamás tus órdenes, y nunca me has dado ni un cabrito para celebrar una fiesta con mis amigos” (Lc 15,29). Tal vez tu primera reacción es estar de cuerdo con el hijo mayor. Aceptar el amor gratuito y la bondad ilimitada de Dios es de hecho muy difícil, tanto en tiempos de Jesús como hoy. Sin embargo, la filiación no puede vivirse si no se vive la fraternidad. Alegría y resentimiento no pueden coexistir.

    ¿Cuáles son tus quejas crecientes cuando te dejas seducir por la espiral del rechazo y el resentimiento? 

    ¿Te das cuenta cómo te quita la alegría, te deja al margen de lo que sucede? 



Como los personajes que observan, puedes dominar las situaciones de tu vida, pero siempre como espectador inmóvil, sin dejarte conmover. Puedes tener resistencia a salir de tus seguridades… Te puede venir amargura que requiere el contacto sanador del Padre, como lo necesita el hijo mayor. 

    ¿Hay veces que te resulta difícil alegrarte cuando los demás son afortunados? 

El reconocimiento de los propios pecados no se alcanza por sólo el examen de con-ciencia, sino abriéndose a Dios. Hace falta mucha confianza y perseverancia. Puedes estar en un sin fín de tareas, sin lo esencial: caer de rodillas y dejarte abrazar, curar y recrear por el amor y la compasión del Padre.

    ¿Confías en el amor de Dios que te perdona todo? 

    ¿Cómo puedes volver a casa desde tus pecados que te atrapan? 

    ¿Estás dispuesto a dejar de lado cualquier rivalidad o competición, tu autoesti-ma herida y rendirte al amor del Padre que te quiere más allá de cualquier comparación? 

Es necesario mirarte no por autoestima personal, sino con los ojos del amor de Dios, y así sí tu única respuesta será la gratitud.

Es responsabilidad tuya cómo continuar la historia viviendo la libertad de amar y sus consecuencias en tus opciones y actos...  


referencias bíblicas:


- se podría releer Lc 15, 11-32 formando parte de la escena…

- poder perdonar: Lc 17, 3-5; 7, 36-50;

- arrepentimiento: Lc 22, 54-62; Col 3, 12-15; Flp 2, 1-11

- imágenes de Dios:

- creador del universo: Sal 104; 

- padre/madre amantísimo/a: Sal 131; Ef 1,1-14; Is 49,14-16; 66,10-14;

- amigo y amante: Os 2, 16-25;

- roca, fortaleza y refugio: Salmos 18, 62 y 61 

padrem.perez@gmail.com

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