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Transformarse en Padre
Retiro La mirada de la misericordia


Por: P. Manolo Pérez |



El cuadro de Rembrandt excluye cualquier idea que pudiera hacer pensar que la paternidad tenga algo que ver con el poder, la manipulación o el control. Es una paternidad misericordiosa;  para comprenderla en profundidad, se expresa en el abrazo del padre a su hijo. Un Padre que no vive preocupado por sí mismo, sus hijos son su única preocupación. 

Aunque Rembrandt sitúa el padre en un lateral del cuadro, queda claro que el padre es el centro de todo lo que allí ocurre. Toda la luz emana de él, toda la atención vuelve a él.

Jesús cuenta las parábolas de la oveja perdida, la moneda extraviada y del Hijo Pródigo en un contexto de publicanos y pecadores que se acercaban a oírlo, mientras los fariseos y maestros de la ley murmuraban en su contra (Lc 15, 1-2). Él deja claro que el Dios que revela es miseri-cordioso, que da la bienvenida y acoge encantado a los pecadores arrepentidos. 

La enseñanza de Jesús sobre la misericordia del Padre es muy concreta: “si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacen el bien a quien se los hace a ustedes, ¿qué mérito tienen? También los pecadores hacen lo mismo. Y si prestan a aquellos de quien esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores se prestan entre ellos para recibir lo equivalente. Ustedes amen a sus enemigos, hagan bien y presten sin esperar nada a cambio; así su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo. Porque El es bueno con los ingratos y malos. Sean misericordiosos, como su Padre es miseri-cordioso” (Lc 6, 31-36). 

Jesús describe la misericordia de Dios no sólo para mostrarte lo que Dios siente por ti, o para perdonarte los pecados ofreciéndote una vida nueva y mucha felicidad, sino para invitarte a ser como su Padre y para que seas tan misericordioso con los demás como lo es El contigo. La conclusión de Jesús es una invitación a la conversión, señalando que esa actitud se puede vivir en la vida diaria, dirá: ve tú y haz lo mismo. Tanto la figura del hijo menor como la del mayor son aspectos fundamentales de tu vida espiritual. El padre es a quien volver, el que te recibe, te perdona, te ofrece una casa, paz y alegría.



La cuestión no es que yo peco y Dios me perdona. Vivirlo así sería refugiarte en tu fragilidad sin crecer. A lo que estás llamado es a ser hijo del Padre misericordioso, eres su heredero. Lo dice San Pablo: “ese mismo Espíritu se une al nuestro para dar testimonio que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos de Dios y coherederos con Cristo, toda vez que, si ahora, padecemos con él, seremos también glorificados con él” (Rm 8, 16-17). 

Regresar al Padre es convertirse en Padre. Un niño no permanece siempre niño, se convierte en adulto. Un adulto se convierte en padre o madre. Nadie ha sido padre o madre sin antes ser hijo o hija, pero cada hijo e hija elige dar un paso más y convertirse en padre o madre para otros. Cuando el hijo menor vuelve a casa, vuelve para descubrir su condición de hijo y convertirse él mismo en padre. Lo mismo le pasa al hijo mayor... Para los dos ser hijo no es la última etapa.

La pregunta clave no es a qué hijo te pareces, sino si quieres ser como el padre: no sólo el que es perdonado sino el que perdona, no sólo el que es bienvenido sino el que da la bienvenida, no sólo el que recibe misericordia sino el que la da.

No puedes seguir poniendo a tu padre como excusa para no crecer en tu vida. Tienes que atre-verte a extender tus manos y recibir a tus hijos, tus semejantes, con compasión, sin tener en cuenta los pensamientos o sentimientos que tienen hacia ti. Necesitas descubrir qué es ser Pa-dre misericordioso porque éste es el fin último de tu vida como hijo de Dios.

Convertirse en el Padre es el núcleo del mensaje de Jesús. Si perteneces a este mundo víctimas de métodos competitivos y esperando ser recompensado no podrás. Pero cuando perteneces a Dios, que te ama sin condiciones, puedes vivir como El. Jesús, poco antes de morir, rezó por ti para que pudieras vivirlo: Padre “ellos no pertenecen al mundo, como tampoco pertenezco yo... Te pido que todos sean uno, Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros; de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado” (Jn 17,16-21).



Estás llamado a amar al prójimo con el mismo amor generoso que el Padre. La misericordia con la que te ama no está basada en la competitividad, sino en contemplar el mundo con los ojos de Dios. Así lo vive El: la redención consiste en que el Hijo de Dios se hizo carne para que todos los hijos perdidos pudieran llegar a ser hijos e hijas como lo es Jesús. A través de El puedes volver a ser un verdadero hijo otra vez y, como verdadero hijo, puedes llegar a ser misericordioso como lo es tu Padre celestial.

Ya no estás llamado a volver a casa como uno de los hijos, sino a estar en casa para que los hijos puedan ser acogidos con alegría. Rembrandt que mostró al Padre vulnerable por amor, hace caer en la cuenta que tu vocación última es la de ser padre como El: sus manos que per-donan, consuelan, curan y ofrecen una fiesta son las tuyas.

En esta paternidad espiritual hay un vacío: no hay poder, ni éxito, ni fama, ni satisfacción fácil. Ese mismo vacío es el lugar de tu verdadera libertad para amar. Cada vez que alcanzas ese vacío puedes acoger sin condenar y ofrecer esperanza, sin evaluar, catalogar o analizar. En ese estado libre puedes engendrar libertad. Como persona que siempre está buscando afirmación y afecto, te resulta imposible amar sin pedir nada a cambio. Requiere una opción radical: estar en casa, en la casa del Padre. Que mi hijo menor rebelde y el mayor resentido puedan recibir el amor incondicional del Padre y descubrir allí el llamado a ser como mi Padre: acogida incondi-cional. Los dos hijos que están dentro de mí, pueden transformarse poco a poco en el padre mi-sericordioso. ¿Puede haber alegría más grande que tender mis brazos y dejar que mis manos se apoyen en los hombros de mis hijos, mi prójimo, en gesto de bendición?

padrem.perez@gmail.com

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