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4. La santidad truncada: el pecado
El hombre constata dentro y fuera de sí la existencia del mal, en pensamientos, palabras y comportamientos, impropios de la dignidad de la persona. A este mal llamamos pecado.


Por: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Espiritualidad Católica



CAPÍTULO CUARTO

LA SANTIDAD TRUNCADA

El pecado

 

 



 

INTRODUCCIÓN

 

Queremos ser santos, construir nuestra vida desde Dios, vivir guiados por el amor, vivir las virtudes que nos enseña Jesucristo en el Evangelio, construir un mundo nuevo donde no exista el mal.

 



Pero, por otro lado, constatamos lo lejos que estamos aún de conseguirlo, vemos que por todas partes avanza el mal en múltiples formas y, siempre, en la raíz de toda desgracia personal, de toda injusticia social, está el pecado personal que engendra, después, el pecado social y estructural. Se puede decir que la razón última de todos los males e injusticias entre los hombres se encuentra en el enfrentamiento del hombre con su Padre Dios, en el pecado.

 

El hombre constata dentro y fuera de sí la existencia del mal, en pensamientos, palabras y comportamientos, impropios de la dignidad de la persona. A este mal llamamos pecado, que no es sólo una verdad de fe, sino un hecho empíricamente constatable. En todo pecado se da una rebeldía querida y libre del ser creado contra el Creador, Dios Padre. No obstante, Dios Padre sale al paso del hombre pecador y le ofrece el sacramento del perdón, siempre y a todas horas. La tentación no es pecado, a no ser que se consienta.

 

I.         La realidad del pecado y su maldad

 

Definición

 

·         Es decirle “no” a Dios para seguir nuestro propio camino, sendero, nuestra propia ley. Podemos decir que no a Dios porque nos creó libres pero ¿debemos decir “no” a Dios? No, no debemos porque Él nos da todo.

·         El pecado es hacer mal uso de la libertad que Dios nos dio, para seguir nuestros propios instintos.

·         Trasgresión y desobediencia a la Ley de Dios en menor o mayor medida (veniales, mortales).

·         Es la falta contra el amor de Dios y del prójimo. Es una bofetada al amor de Dios a causa de un apego indebido a cosas y criaturas que nos atraen, nos atrapan.

·         Es una obra (mentira, crimen, adulterio, etc.), palabra (blasfemia, insulto) o deseo (impureza, odio, rencor) contrario a la Ley de Dios (San Agustín).

·         Es amarse a sí mismo hasta el punto de despreciar a Dios.

·         El pecado es, finalmente, una ofensa a Dios, una trasgresión o desobediencia voluntaria de la ley divina. Es una alteración del orden creado por Dios.

 

Malicia del pecado

 

            El gran pecado del siglo XX es que muchos han perdido la conciencia de la malicia del pecado. Así lo dijo en cierta ocasión el Papa Pío XII.

 

¿Dónde está la malicia del pecado?

 

            Siendo Dios el fin y la felicidad verdadera del hombre, sin embargo el hombre pone otro fin distinto en creaturas (poder, dinero, fama, trabajo, mujer, sexo, bebida, estudio) que solamente son medios o autobuses que Dios nos pone para llegar a Él. Es un desprecio decir que Dios no es nuestro fin.

 

Nuestro fin es gozar de Dios, encontrarnos con Él, vivir con Dios. Las demás cosas son medios: el dinero, la carrera, el hombre, la mujer, la Iglesia (sacramentos). Debemos ver y escoger los medios que nos ayudan a llegar a Dios y apartarnos de los que no nos conducen a Él. El pecado es ignorar que Dios es nuestro fin, es el hacer de un medio un fin.

 

            Siendo Dios el bien infinito, sin precio, se ve rechazado por un bien finito, pasajero, perecedero y mortal.

 

            Siendo Dios el Señor y dueño de nuestras vidas, se ve despreciado, rechazado, pospuesto para servir a otros señores de más baja calidad.

 

Causas del pecado

 

a)    La carne o concupiscencia: son los instintos y apetitos desordenados que nos inducen al mal y que arrastramos desde el pecado original. Se resume en: concupiscencia de los ojos: es el deseo de curiosidad malsana, amor desordenado a los bienes terrenales; concupiscencia de la carne: es el amor desordenado de los placeres de los sentidos (Ej.: lujuria, glotonería); soberbia del espíritu: Es el exceso de amor propio, el excesivo aprecio de nosotros y nuestras cualidades. La vanidad que busca el aplauso, el reconocimiento de los demás.

b)   los vicios o hábitos de pecado         

c)   tentaciones: ceder a las tentaciones del enemigo. La tentación en sí no es mala, lo malo es ceder. Si las vencemos, son fuente de muchos méritos.

d)   los atractivos del mundo: el poder, las riquezas, el materialismo, el hedonismo.

e)  peligros de pecado: son situaciones externas que el ambiente propicia (colegios que no ofrecen educación moral y espiritual, malos ejemplos de los padres, ociosidad, pobreza material).

 

Consecuencias del pecado

 

a)   A nivel personal: hastío, pesadumbre, desánimo, angustia, intranquilidad, idolatría, inmadurez crónica. Es un vivir sin brújula.

b)   A nivel social: injusticias, egoísmos, explotaciones, desentendimientos, pecados sociales, estructurales, económicos.

c)   A nivel eclesial: envidias, rencillas. Así se destruyen grupos, movimientos, agrupaciones.

 

            Clases de pecados

 

                        a) Según el origen

 

·   Original: el que viene de nuestros primeros padres y que todos traemos cuando nacemos. Se nos quita con el bautismo.

·   Personal: es el que cometemos con el paso de los días. Se borra con la confesión.

 

                        b)        Según la gravedad

 

· Mortal: mata la vida de gracia y amistad con Dios el alma. Se perdona con la confesión. Estas son las condiciones para que sea pecado mortal: materia grave, plena advertencia del entendimiento y perfecto consentimiento de la voluntad. El pecado mortal separa totalmente al hombre de Dios, de su amistad vivificante; desvía gravemente al hombre de su fin, Dios, orientándole hacia bienes creados. Con el pecado mortal también ofendemos al Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. Por pecado mortal se pierden todos los méritos adquiridos por las buenas obras. Y el mal de los males: con el pecado mortal nos hacemos merecedores de la condenación eterna. El pecado mortal se perdona en el sacramento de la confesión y, si no podemos acudir en ese momento, se nos perdona con un acto de contrición perfecta.

 

· Venial: debilita la amistad con Dios. Son faltas de detalles para con Dios y con nuestros hermanos. No desvía a la persona totalmente de su fin, Dios, sino que implica un culpable rodeo en el camino hacia él. El pecado venial refuerza la inclinación al mal y nos dificulta para aspirar a la santidad. Además, predispone al pecado mortal, como la enfermedad a la muerte. Y nos priva de muchas gracias actuales que Dios nos hubiera dado en vistas a nuestra santidad. El pecado venial se perdona con las misas, oraciones, rosarios, actos de misericordia y caridad, sacrificios, etc. Tenemos que cuidarnos también de estos pecados. Santa Teresa de Ávila nos dice: “Pecado por chico que sea, que se entiende muy de advertencia que se hace, Dios nos libre de él. Yo no sé cómo tenemos tanto atrevimiento como es ir contra un tan gran Señor, aunque sea en muy poca cosa, cuanto más que no hay poco siendo contra una tan gran Majestad, viendo que nos está mirando. Que esto me parece a mí que es pecado sobrepensado, como quien dijera: Señor, aunque os pese, haré esto; que ya veo que lo veis y sé que no lo queréis y lo entiendo, pero quiero yo más seguir mi antojo que vuestra voluntad. Y que en cosa de esta suerte hay poco, a mí no me lo parece, sino mucho y muy mucho” (Camino de Perfección 71, 3).

 

                        c)         Pecados capitales

 

· Soberbia: afecto desordenado a las propias cualidades por encima de Dios y de los demás. Se manifiesta en la autosuficiencia, racionalismo, presunción, orgullo, independencia, vanidad. Virtud contraria es la humildad.

· Avaricia: es el apetito desordenado de bienes temporales. Lo contrario es la generosidad.

·  Lujuria: apetito desordenado de placeres sexuales  sin control. Lo contrario es la pureza y templanza.

· Ira: deseo desordenado de venganza. Contraria a la paciencia.

· Gula: deseo desordenado de comer y beber. Virtud contraria es la templanza.

· Envidia: considerar los bienes o cualidades del otro como males para nosotros. Es contraria a la caridad alegre.

· Pereza: amor desordenado al descanso, descuidando los propios deberes con Dios y los demás. Contraria a la militancia y a la diligencia.

 

                        d)        Pecados especiales

 

·  Pecado contra el Espíritu: la falta de fe en que Dios puede perdonarnos (es el único pecado que no se perdona porque no admite ni acepta la misericordia divina que es más grande que nuestro pecado). Pecan quienes dicen que no necesitan de Dios (soberbia, presunción), los que impugnan una verdad cristiana reconocida (la Santísima Trinidad, la virginidad de María, etc.), los que se obstinan en el mal y no salen o no quieren salir, el no arrepentirse al final de la vida.

·  Pecados que claman al cielo: Por ejemplo: el fratricidio (Caín), la sodomía (homosexualidad), opresión a los débiles, retención del salario justo de los obreros, maltrato de los ancianos y viudas.

 

 Imperfecciones

 

            Son transgresiones voluntarias, no ya de preceptos obligatorios de la Ley de Dios, sino de consejos, normas, Constituciones de las congregaciones religiosas, Estatutos de Movimientos eclesiales.

 

            La imperfección suele definirse como “la deliberada omisión de un bien mejor”. Pudiendo hacer un bien mayor, se elige hacer un bien menor.

 

            ¿Realmente la imperfección es pecado? Algunos piensan que la imperfección es una obra buena, aunque no perfecta. Otros, que es un pecado venial, aunque sea muy leve.

 

            Para la persona que aspira a la santidad siempre escogerá, con la ayuda de Dios, aquello que más le acerca a la santidad de Dios. Por tanto, tratará de quitar de su vida incluso las imperfecciones voluntarias.

 

            Otra cosa son los pecados de fragilidad, cometidos por sorpresa, por ligereza. Por ejemplo, distracciones en la oración, vanidad en algunos actos, algunas faltas de caridad casi inevitables, procedentes del temperamento o del propio carácter, algunos descuidos de la vista o de la lengua, etc.

 

No los podemos evitar totalmente. Podremos, sí, acortar su número. A pesar de estos pecados de fragilidad, podemos ser santos. ¡Cuántos santos tuvieron estos pecados hasta el final de su vida, y ahora son santos! Pelearon contra ellos, aunque no pudieron deshacerse totalmente de ellos.

 

Tentaciones

 

                        a) Definición

 

            Es toda aquella sugestión interior que procediendo de causas internas (inclinaciones malas de nuestras pasiones desordenadas) o externas (demonio, ambiente mundano, compañeros sin escrúpulos morales, algunas diversiones y películas) nos incitan, nos invitan a pecar. No son pecados, son pruebas. Vence el que está fuerte.

 

                        b)Tres maneras con que nos prueba la tentación

 

·         engañando nuestro entendimiento: con falsas ilusiones, nos hace ver lo falso como verdadero (“total, Dios es comprensivo, te perdona, la muerte está lejos, la salvación es fácil”).

·         debilitando la voluntad: haciéndola floja, a base de comodidad (“no estudies tanto, relájate, descansa”).

·         instigando los sentidos internos, la imaginación con pensamientos de sensualidad, de soberbia, de odio, etc.

 

                        c) ¿Son pecado las tentaciones?

 

            No, sólo si consentimos a la tentación. El sentir no es pecado. El consentir, sí es pecado.

 

                        d) Ventajas de las tentaciones

 

            Nos hace crecer en fuerzas espirituales, nos da méritos frente a Dios, nos hace conocer nuestros puntos débiles, nos abre más a Dios si nos confiamos a Él.  Fiel es Dios que no va a permitir la tentación más allá de nuestras fuerzas. De la misma tentación Dios nos hará sacar provecho.

 

                        e) Medios para vencerlas

 

·  Sobrenaturales: oración, sacramentos, lectura del evangelio, amor y devoción a la Virgen. Quien acude a la Virgen nunca quedará abandonado, siempre será socorrido.

·   Naturales: mortificación de los sentidos, evitar la ociosidad (madre de todos los vicios), huir de las ocasiones.

 

IV.      El perdón de los pecados

 

            ¿Cómo se nos perdonan los pecados?

 

            Aunque de alguna manera yo lo habíamos dicho, resumamos aquí lo siguiente:

 

1. Mediante el bautismo, Dios nos perdona el pecado original, y si lo recibimos de adultos, también los pecados personales.

2.  Mediante la confesión, Dios nos perdona los pecados mortales. Si no podemos acudir en ese momento a la confesión, Dios nos perdona el pecado mortal también con un acto de contrición perfecta, con la obligación de confesarlos en la primera oportunidad que tenga.

3.  Mediante oraciones, sacrificios, misas, rosarios, etc. Dios nos va perdonando los pecados veniales y las imperfecciones.

 

CONCLUSIÓN

 

            Queremos ser santos, ¡qué bueno! Pero sepamos que no es fácil, y que el pecado nos puede cortar la vida divina en nosotros. Por eso, debemos estar siempre atentos, vigilantes para no caer en pecado, que es la mayor desgracia de nuestra vida.

 

            Recemos con frecuencia esta oración: “Jamás permitas, Señor, que me separe de Ti”.

 

            Podemos ser santos, pues tenemos todos los medios a nuestra disposición. ¿Cuáles son? Es lo que veremos en el siguiente capítulo.

 

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