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Maternidad subrogada o Gestación por sustitución
Daño psicológico, médico y social de la subrogación


Por: Mujer, Madre y Profesional | Fuente: Profesionales por la Ética



La maternidad de alquiler supone, a todas luces, explotación y cosificación de seres humanos.

El niño se convierte en un producto de mercado que se encarga, se compra y se vende, e incluso se
devuelve o se cambia si no satisface al cliente. Y la mujer que alquila su cuerpo convertido en un
mero envase, un “horno gestacional”. Todo ello da pie a un sinfín de formas de explotación, presión,
comercialización y tráfico de seres humanos que se ceba especialmente en las mujeres de países
pobres o menos desarrollados que, junto con los niños fruto de la subrogación, son una vez más,
privadas de su dignidad y víctimas de situaciones injustas y de flagrante violación de los más
básicos derechos humanos.

Durante el embarazo, el contacto entre la madre de alquiler y los padres que la han contratado se hace estrecho y todo son atenciones.

Pero una vez que el procedimiento jurídico ha terminado y el contrato concluye, la pareja contratante desaparece y la madre de alquiler se convierte   en un elemento innecesario, molesto y amortizado , en términos de mercado, y siente todo el peso de la explotación, de la separación del bebé, de la cosificación del embarazo y de los intereses creados de una transacción comercial que implicaba a personas completas y no a productos de compra-venta.

Implicaciones psicológicas



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