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El aborto
El obispo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, ha publicado un documento en el que reprende duramente las nuevas causales para despenalizar el aborto


Por: El Observador | Fuente: El Observador



SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS, sábado, 17 marzo 2007 (ZENIT.org-El Observador).- El obispo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, ha publicado hoy un documento en el que reprende duramente las nuevas causales para despenalizar el aborto introducidas por diversos partidos políticos --sin el concurso del gobernante Partido Acción Nacional y el Partido Verde-- en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF).

En consonancia con lo expresado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM(, la postura de monseñor Arizmendi Esquivel reprende las propuesta de iniciativas de adición al artículo 148 del Código Penal del Distrito Federal y de redacción para el Artículo 14 bis de la Ley de Salud del Distrito Federal.

La primera iniciativa intenta excluir de responsabilidad penal en el delito de aborto "Cuando a juicio y a solicitud de la mujer, de no provocarse el aborto en las primeras 14 semanas de gestación, se afecte su proyecto de vida y de desarrollo integral".

En lo que respecta a la redacción del 14 bis de la Ley de Salud diría, a la letra que "Toda mujer tiene derecho a decidir sobre la interrupción de su embarazo durante las primeras 14 semanas de gravidez, cuando a su juicio se afecte su proyecto integral de vida y desarrollo integral".

Por este motivo, el obispo de San Cristobal de las Casas ha escrito un documento recordando cuál es la doctrina de la Iglesia y la obligación legislativa de los asambleístas y otros legisladores del país sobre el tema del aborto, que publicamos, en su versión completo, a continuación.

El aborto, exterminio hitleriano

El partido mayoritario en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal promueve despenalizar aún más el aborto. Es otro paso que dan, cediendo a presiones de moda de grupos minoritarios, después de haber aprobado la ley de “sociedades en convivencia”, una fórmula farisaica de avanzar hacia la legitimación de matrimonios entre homosexuales. Y todo esto alentado por legisladores que, oficialmente, se consideran “católicos”...

En la mayoría de Estados del país, desde hace tiempo se despenalizó el aborto cuando se trata de un feto que viene con malformaciones físicas, cuando la madre corre peligro en su vida por el embarazo, o cuando éste es producto de una violación. En algunos casos, se han ampliado más las causales, para no juzgar el aborto como crimen.

Juzgar

El 5º. Mandamiento de la Ley de Dios es muy claro: “No matarás” (Ex 20,13; Deut 5,17). Jesús remarca y reasume este mandato (cf Mt 19,18). No hay duda, pues. Quitar la vida a un ser humano, es un asesinato. El feto es un ser humano, aunque tenga un segundo de existencia. Desde el momento en que se unen el óvulo y el espermatozoide, empieza un nuevo ser, distinto a la madre, con todos sus derechos, el primero de los cuales es la vida.

San Pablo incluye el homicidio entre los signos de depravación de los romanos. Los califica de “llenos de toda injusticia, perversidad, maldad, henchidos de homicidio, de engaño, de malignidad, detractores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, insensatos, desleales, despiadados, los cuales, aunque conocedores del veredicto de Dios que declara dignos de muerte a los que tales cosas practican, no sólo las practican, sino que aprueban a los que las cometen” (Rom 1,29-32).

El Código de Derecho Canónico establece que “quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (canon 1398); es decir, se excluye de la Iglesia a sí mismo en forma automática, sin necesidad de juicio canónico. La Iglesia no excomulga; la persona misma se pone fuera de la Iglesia, aunque se siga declarando católica. Esto es para los casos en que el aborto se realiza en forma intencionada, no cuando sucede de manera involuntaria. Y son culpables del delito quienes lo realizan, quienes lo aconsejan, quienes ayudan a practicarlo.

Algunos alegan que México es un Estado laico, y que por tanto las cuestiones religosas y morales no deben regir la vida ciudadana. Se equivocan. El derecho a la vida no depende de una religión, sino que es algo connatural al ser humano. Nuestra Constitución, en su artículo 14, consagra el respeto a la vida, como fundamento de los demás derechos: “Nadie podrá ser privado de la vida”. Así lo reconoce también la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la ONU, ratificada por nuestro país desde 1948. Lo que pasa es que, quienes defienden el derecho de la mujer a abortar, es muy probable que ya tengan en su historia personal este delito, y no quisieran que pesara sobre su conciencia como un crimen.

Es una aberración y una ignorancia culpable, afirmar que la mujer es dueña de su cuerpo y que se puede deshacer del feto que lleva en su seno. Este no es responsable de los deslices de la madre. Además, no somos dueños de nuestro cuerpo, sino administradores del mismo. El feto, aunque está en el cuerpo de la mujer, es una persona distinta. La misma ciencia nos confirma que, desde el primer instante, el óvulo ya fecundado tiene todos los elementos que constituyen la identidad genómica de un nuevo ser humano.

Al respecto, en el año 2002, la Congregación para la Doctrina de la Fe, en una “Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política”, afirma: “Se asiste a tentativas legislativas que ... se proponen destruir el principio de la intangibilidad de la vida humana. Los católicos, en esta grave circunstancia, tienen el derecho y el deber de intervenir para recordar el sentido más profundo de la vida y la responsabilidad que todos tienen ante ella... Quienes se comprometen directamente en la acción legislativa tienen la precisa obligación de oponerse a toda ley que atente contra la vida humana... A ninguno de ellos les está permitido apoyar semejantes leyes con el propio voto... La conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la aprobación de una ley particular que contenga propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral” (No. 4).

Actuar

Exhortamos respetuosamente a los legisladores del Distrito Federal y de los Estados, que respeten la vida humana desde su inicio en el seno materno, hasta su término natural, y que no despenalicen más el aborto. Lo pedimos en particular a los legisladores católicos.

Una ley no puede cambiar la moralidad de un hecho, sólo por haber sido aprobada por unos legisladores sin escrúpulos. La conciencia cristiana considera el aborto como un asesinato y, por tanto, un pecado grave, mortal, penado con la excomunión, que no puede ser levantada sino con la confesión sacramental ante un obispo, o ante un sacerdote facultado por el obispo para remitirla.

Los ciudadanos, al elegir a gobernantes y legisladores, deben averiguar si, con su voto, apoyarán a abortistas, porque se convierten en colaboradores, quizá ingenuos, de asesinatos exterminadores, que en nada se distinguen de los crímenes perpetrados por Adolfo Hitler.

Los organismos de derechos humanos deberían centrar su atención también en la defensa fundamental de la vida humana, aunque esto política y económicamente no les traiga dividendos favorables a su fama. ¿Acaso no les interesa defender la vida humana?

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas





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