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Todo sistema tiene beneficiados y perjudicados
Las mejores teorías hacen agua si las personas que forman una sociedad y los políticos que dicen representarla, no tienen la voluntad suficiente para trabajar con justicia y equidad, con honradez y transparencia


Por: Francisco Rodríguez Barragán | Fuente: Conoze



A lo largo del tiempo sesudos pensadores han formulado teorías, más o menos utópicas, para organizar la convivencia entre las personas que formamos cada sociedad. Las que han llegado a ponerse en práctica han durado unas más y otras menos, pero nunca han funcionado de forma equitativa para todos, siempre unos han resultado beneficiados a costa de los demás, lo cual ha justificado la provisionalidad de todos los sistemas.

La sociedad ha sido esclavista, estamental, señorial, imperialista, absolutista, dictatorial, liberal, conservadora, comunista o socialista. Todas ellas nacieron, se desarrollaron y fenecieron a golpe de revoluciones o guerras, aunque algunas evolucionan y cambian. Después de tantos siglos, podía esperarse que hubiéramos encontrado un sistema justo y duradero, pero no es así.

La interesante experiencia de la fugaz democracia ateniense ha inspirado a muchos pensadores que encontraron en la elección de los gobernantes por el pueblo, un principio de legitimación del poder, más aceptable que el derecho divino, el hereditario o el de conquista.

Las múltiples constituciones españoles de los siglos XIX y XX, ilustran perfectamente la provisionalidad de todos los regímenes. Todas han pretendido organizar nuestra convivencia y todos han mostrado, más pronto que tarde, sus insuficiencias, sus defectos, sus corrupciones, sus injusticias.

El igualitarismo comunista era falso. Unos eran más iguales que otros, como demostró Orwell en su Rebelión en la granja. Después de 70 años se hundió el tinglado y se puso de manifiesto el engaño. A pesar de ello todavía hay quien no se ha enterado.



La famosa mano invisible, que a través del mercado libre podía regularlo todo, también es otro fiasco. No existe ningún mercado libre, ya que las reglas las dictan los poderosos, especialmente los que dominan el mercado de capitales. Los financieros han conseguido privatizar sus ganancias y socializar sus pérdidas y campar a sus anchas en el mundo globalizado.

Para Keynes todo podía arreglarse creando más dinero, naturalmente de la nada, en cuyo caso los falsificadores de moneda estarían ayudando a la economía. Algo así está haciendo Europa: crea billetes, los presta a un interés bajo a los bancos y éstos lo vuelven a prestar a mayor interés. Cuando se les reclama a los bancos su devolución, si no pueden cumplir sus obligaciones, el gobierno les ayuda. Al pequeño empresario no le ayuda nadie.

El gran invento de la segunda mitad del siglo XX ha sido el estado de bienestar. El estado cuidaría de sus ciudadanos desde la cuna a la tumba. Ya advirtió Tocqueville del peligro de mantener a los ciudadanos en la minoría de edad al liberarlos de cuidar de sí mismos. Pero Europa ha envejecido, la natalidad se ha hundido, ha llegado la crisis, el bienestar se esfuma, no ha dinero para seguir manteniéndolo.

La democracia moderna fue pensada como un sistema de contrapeso de poderes. Como el poder tiende siempre al abuso, era necesario crear otros poderes que pudieran contrarrestarlo: el ejecutivo, el legislativo y el judicial serían independientes. Sin está independencia de poderes no puede hablarse de democracia. ¿Existe aquí y ahora?

Las mejores teorías hacen agua si las personas que forman una sociedad y los políticos que dicen representarla, no tienen la voluntad suficiente para trabajar con justicia y equidad, con honradez y transparencia.



Nuestra situación actual ya tiene sus beneficiados y sus perjudicados. ¿Hasta cuándo podremos aguantar? ¿Será necesario volver a buscar un sistema de convivencia?





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