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El vía crucis, resumen de toda una vida
¿Por qué el dolor? ¿Por qué la cruz? ¿Por qué a mí?... Mira a Cristo camino de la cruz.


Por: P. Antonio Izquierdo, L.C. | Fuente: Catholic.net





Es fácil que alguna vez nos hayamos preguntado por qué el dolor que purifica, eleva y sostiene a unos, amarga y destruye a otros. ¿Qué es lo que da sentido en un caso al dolor y contrasentido en otro? ¿Depende de la cantidad del dolor? ¿Depende del tipo de personas que sufren? ¿Depende de la postura que unos y otros adopten ante el sufrimiento? ¿Depende de darle un significado al dolor?

El hecho es que son muchos los hombres que han entendido que el sufrimiento tiene un valor. No se necesita ser cristiano para entenderlo. Una cita: "El que no ha sufrido, no sabe nada, no conoce ni el bien ni el mal, ni a los hombres, ni a sí mismo. No existe nadie más infortunado que un hombre que no haya que tenido que sufrir".

A los cristianos el modo de ver y de aceptar el dolor nos lo ha enseñado Cristo. Siguiendo las huellas de Cristo, es como damos al dolor un sentido. Lo sufrimos y lo podemos sufrir con serenidad, incluso con alegría.


El vía crucis de Jesucristo

Contemplemos el momento en que Pilatos toma la decisión de entregar en manos de los fariseos y de los sumos sacerdotes a Jesús para que lo crucifiquen. Pilatos pone punto final a un proceso que ha comenzado al inicio de su vida. Jesucristo, el Hijo de Dios, no es bien recibido en este mundo: "Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron", lo condenaron a muerte.

Jesucristo acepta la cruz, la condenación y el desenlace final, como había aceptado a lo largo de su existencia ser perseguido, odiado, calumniado, tenido como un blasfemo, como un amigo de pecadores, de borrachos. La aceptación de la cruz final no es sino el culmen de la aceptación permanente, a lo largo de toda su vida. Lo que Jesús nos pide a los cristianos: "Toma tu cruz de cada día", él lo hizo primero. Tomó su cruz de cada día y terminó en la cruz del Calvario.
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Jesucristo cae tres veces. Caídas que son expresión de su naturaleza humana, frágil como la nuestra: Ha perdido la sangre, tiene toda la espalda hecha polvo, lleva horas y horas de cansancio, ha vivido la noche más trágica de la historia. ¡Cómo no va caer!

Jesús ha vivido a lo largo de su vida esa misma debilidad: ha aceptado ser débil, estar cansado. Por ejemplo, junto al pozo de Jacob, después de haber estado caminando todo el día desde Jerusalén hasta Siquén. En otra ocasión les dice a los discípulos:"Vamos a un lugar solitario para descansar".
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El encuentro con su madre.¡Qué alivio debió ser para Jesús encontrarse con María en el camino de la cruz! ¡Qué consuelo para su corazón de hijo! A la vez, ¡qué dolor! ¡cómo sufre viendo sufrir a su madre! ¡cuántos recuerdos de su niñez, de su adolescencia y de su juventud! ¡cuántos recuerdos de los ratos a solas con María!
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La ayuda del cirineo, de la verónica, de las santas mujeres. Jesucristo también recibe ayuda de los hombres. No todo es malo, no todo es crimen, no todos son soldados que abofetean, escupen a Jesús. Hay gente buena que suaviza la cruz, que le ayuda a llevarla, que le anima, le alienta. Está el cirineo, que la lleva inicialmente a regañadientes, pero, siguiendo tras Jesús, pasa poco a poco a llevarla con gusto. Está la verónica enjugando el rostro de Jesús. Están las mujeres queriendo consolarle.

También a lo largo de su vida pública, Jesús había tenido personas que lo habían ayudado: Los discípulos que, en medio de su flaqueza humana, colaboraron en su misión, lo acompañaron, estuvieron con él, compartieron su vida, sus preocupaciones, sus intereses, sus fatigas; la familia de Betanía: Lázaro, María, Marta, que le da acogida a Jesús en su casa cuando viene a Jerusalén; algunas mujeres que le acompañaban y le servían.
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Jesús es despojado de sus vestiduras, como antes había sido despojado de su fama y de su dignidad a lo largo de su vida pública. Jesucristo es clavado en la cruz, como había vivido clavado en la cruz de cada día a lo largo de toda su existencia. No existe una sola cruz, existen muchas cruces de cada día. Como si cada cruz fuese un pedacito de madera que se incrusta día tras día en la gran cruz del Calvario. Jesús muere en la cruz, más bien termina de morir.

El "vía crucis" de Jesús es, efectivamente, un resumen de toda su vida, el coronamiento de toda su existencia: Alegrías y penas, consuelos y dolor, ayuda y desprecios; todo junto en esa hora y media de caminar con la cruz hasta el Calvario.


El vía crucis del cristiano

Contemplemos el "vía crucis" del cristiano, también como resumen de toda la vida, a la luz del "vía crucis" de Jesús. También nosotros podemos ser condenados a muerte, al desprecio, al aborrecimiento. Podemos sentir el silencio que hiere, y que es una condenación de nuestra fidelidad cristiana.

También nosotros somos invitados a aceptar la cruz, la que Dios nos mande cada día. También en nuestra vida hay caídas, fragilidad, cansancio. También en nuestra vida hay una madre que nos acompaña, que se encuentra diariamente con nosotros, que nos alivia nuestro dolor. ¡Cuántos cirineos en nuestras vidas, cuántas verónicas, cuántas personas que buscan auxiliarnos, hacernos el bien!

También nosotros podemos sentirnos despojados de nuestra fama, del aprecio de los hombres, de nuestra dignidad, de nuestro honor. También hay momentos en la vida en que sentimos que se nos clavan en la carne los clavos del dolor. También nosotros tenemos que prepararnos para terminar de morir.


El vía crucis desde la fe

El camino de la cruz de Cristo y el nuestro es un camino de salvación y de misión, porque somos enviados a colaborar en la salvación de otros hermanos nuestros. Mi cruz me salva a mí y también a muchos hombres.

¡Qué importante considerar que habrá momentos en nuestra vida en que tengamos que vivir el misterio de la cruz! No sabemos los destinos de Dios, pero hay personas que hacen un gran apostolado desde su cruz: Inútiles humanamente hablando, están salvando al mundo.

Mientras tengamos ojos para ver la cruz de Cristo, mientras no nos sintamos indiferentes, sino que nos veamos envueltos en el misterio de la cruz, la cruz tendrá un valor, la podremos mirar con serenidad y con gozo. Muchos hombres preguntan: "¿Por qué el dolor? ¿Por qué la cruz? ¿Por qué a mí?". Mira a Cristo camino de la cruz, mira la cruz sobre el Gólgota. Ahí está la única verdadera respuesta.


 





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