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Todo el que se dejó elegir por Jesús es para servir
Papa Francisco se reúne con el clero, los seminaristas y las religiosas en Nairobi. 26 noviembre 2015


Por: Andrea Tornielli | Fuente: vaticaninsider.lastampa.it



«Quiero darles gracias a ustedes, gracias por animarse a seguir a Jesús, gracias por cada vez que se sienten pecadores, gracias por cada caricia que dan a quien lo necesita, gracias por todas las veces que ayudaron a morir en paz a tanta gente, gracias por quemar la vida en la esperanza, gracias por dejarse ayudar y corregir y perdonar, todos los días». Con estas palabras, Papa Francisco concluyó su discurso improvisado frente a los sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas en la St. Mary School, la escuela secundaria y preparatoria para chicos que pertenece a la diócesis de Nairobi, y de la que se encargan las monjas Felicianas. El encuentro se llevó a cabo en el gran campo deportivo de la escuela.

Dejando a un lado el texto preparado, Francisco explicó a los presentes que al sacerdocio y a la vida consagrada «se entra por la puerta, y la puerta es Cristo. Él llama, Él comienza, él hace el trabajo. Algunos quieren entrar por la ventana. Esto no sirve —dijo el Papa. Por favor, si tienen un compañero o una compañera que quiere entrar por la ventana, abrácenlo y explíquenle que es mejor que se vaya y que sirva a Dios de otra manera, porque no va a cumplirse una obra que no fue iniciada por Jesús».

«Y esto nos lleva —continuó Francisco— a una conciencia de sentirnos elegidos: ‘Yo fui visto, elegido…’ Hay quienes no saben por qué Dios los llama, pero sienten que Dios los llama. Que estén tranquilos, entenderán por qué los llama». Después, el Papa habló de los que quieren seguir al Señor por interés, con la «tentación de seguir a Jesús por ambición de dinero, poder». Pero en la vida de quien sigue a Jesús «no hay sitio» para esto, porque «a Jesús se lo sigue hasta el último paso de su vida terrena: la cruz. Después él se encarga de resucitarte, pero hasta ahí, andá vos». «Y esto se los digo en serio —aclaró—, porque la Iglesia no es una empresa, no es una org, la Iglesia es un misterio, el misterio de la mirada de Jesús sobre cada uno, que le dice: vení. ¿Queda claro?».

Papa Bergoglio después indicó que «evidentemente que Jesús cuando nos elige no nos canoniza: seguimos siendo los mismos pecadores; yo les pediría por favor, si hay acá algún sacerdote o alguna religiosa o religioso que no se sienta pecador, que levante la mano. Todos somos pecadores. Yo el primero, después ustedes».  Y después preguntó si alguno de los presentes recordaba si el Evangelio decía que alguno de los apóstoles había llorado: « Uno solo, nos dice el Evangelio que lloró. El que se dio cuenta que era pecador: tan pecador era que había traicionado a su Señor. Y cuando se dio cuenta de eso, lloró. Después Jesús lo hizo Papa. ¿Quién entiende a Jesús? Un misterio. Nunca dejen de llorar. Cuando a un sacerdote, a un religioso, religiosa, se les secan las lágrimas, algo no funciona. Llorar la propia infidelidad, llorar por el dolor del mundo, llorar por la gente que está descartada, por los viejitos abandonados, por los niños asesinados, por las cosas que no entendemos; llorar cuando nos preguntan ¿por qué?».

«Ninguno de nosotros tiene todos los porqués —insistió el Pontífice argentino—, todas las respuestas a los porqués. Hay un autor ruso que se preguntaba ¿por qué sufren los niños? Y cada vez que yo saludo a un niño con cáncer, con tumor, con una enfermedad rara, como las llaman ahora, pregunto ¿por qué sufre este niño? Y yo no tengo respuesta. Solamente miro a Jesús en la Cruz. Hay situaciones en la vida que solamente nos llevan a llorar mirando a Jesús en la Cruz. Y esa es la única respuesta para ciertas injusticias, para ciertos dolores, para ciertas situaciones en la vida. San Pablo le decía a sus discípulos: acordate de Jesucristo crucificado. Cuando un consagrado, una consagrada se olvida de Cristo crucificado, pobrecito. Cayó en un pecado muy feo, un pecado que le da asco a Dios, que lo hace vomitar a Dios. El pecado de la tibieza. Queridos sacerdotes hermanas, hermanos, cuiden de no caer en el pecado de la tibieza».



Después Francisco invitó a los sacerdotes, seminaristas y religiosos a ser fieles en la oración: «Que nunca se alejen de Jesús. Esto quiere decir que nunca dejen de orar. ‘Padre, pero a veces es tan aburrido orar, uno se cansa, se duerme’. Dormite delante del Señor, es una manera de rezar, pero quedaste allí, delante del Señor. Rezar, no dejen la oración. Si un consagrado deja la oración, el alma se seca como esos higos ya secos. Son feos, tienen una apariencia fea, el alma de una religiosa, de un religioso, de un sacerdote que no reza es un alma fea. Perdón, pero es así».

El Papa explicó que «todo el que se dejó elegir por Jesús es para servir. Para servir al pueblo de Dios. Para servir a los más pobres, los más pobres, para servir a los niños y a los ancianos, para servir también a la gente que no es consciente de la soberbia y del pecado que llevan dentro. Para servir a Jesús. Dejarse elegir por Jesús es dejarse elegir para servir. No para hacerse servir». Francisco recordó el ejemplo de un retiro de sacerdotes en el que había turnos para servir la mesa, y había algunos que no querían hacerlo: «¡Por favor, nunca es eso una Iglesia: servir, no servirse de!».

La insistencia sobre el servicio y la cercanía a los últimos es particularmente significativa en África, en donde los misioneros que vienen de fuera están en primera línea en estas actividades, pero no siempre sucede con el clero local, por ello el Papa recordó: «Me decía un cardenal mayor, un año más que yo, así que… que cuando él va al cementerio donde ve misioneros, misioneras, sacerdotes, religiosos, religiosas, que han dado su vida, él se pregunta: ‘¿Por qué estos no los canonizan mañana? Porque pasaron su vida sirviendo’. Y a mí e emociona cuando saludo después de la misa aun sacerdote, religioso, y me dice hace 30 o 40 años que estoy en este hospital o que estoy en las misiones del Amazonas o en tal lugar o en tal otro. Me toca el alma. Este hombre esta mujer enseña que seguir a Jesús es servir a los demás y no servirse de los demás. Les agradezco mucho».

Antes de despedirse, el Papa dijo: «Les agradezco el buen rato que usamos juntos, pero yo tengo que salir por esta puerta, porque está los niños enfermos de cáncer y quisiera verlos a ellos y darles una caricia. A ustedes les agradezco mucho, y ustedes los seminaristas, que no los nombré pero están incluidos en todo lo que dije. Y si alguno no se anima por este camino, no está seguro, ¡búsquese otro trabajo, cásese y haga una buena familia!». Posteriormente el Pontífice se dirigió a saludar uno por uno a los chicos y a ofrecerles una caricia.







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