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Adviento en el recuerdo del Concilio Vaticano II
Este Adviento de 2015 está marcado por dos hechos relevantes: el inicio del Año de la Misericordia y el L aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II


Por: + Josep Àngel Saiz Meneses. Obispo de Terrassa | Fuente: www.revistaecclesia.com



Comenzamos el pasado domingo un nuevo año litúrgico con el inicio del tiempo de Adviento, las cuatro semanas que nos conducen y nos preparan para la celebración del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Este Adviento de 2015, además de las características propias de este tiempo litúrgico, sobre todo la espera del Salvador y la esperanza de acogerlo nuevamente en nuestras vidas, estará marcado por un hecho relevante, además del inicio del Año de la Misericordia: se cumplen los cincuenta años de la clausura del Concilio Vaticano II, que tuvo lugar en la basílica de San Pedro el 8 de diciembre de 1965.

El Concilio Vaticano II fue convocado por el papa san Juan XXIII, y por eso se considera su principal legado, una iniciativa que se puede considerar revolucionaria que sus predecesores nunca acababan de convocar pues la idea acostumbraba a quedar siempre en estudio por las comisiones consultivas. El «Papa bueno» actuó finalmente y convocó el Concilio por sorpresa, poniendo en marcha un proceso renovador que llega hasta nuestros días.

El cambio de actitud de la Iglesia fue muy significativo: se reconoció la libertad religiosa, se recompusieron las relaciones con judíos y musulmanes, se abrieron las puertas del ecumenismo, la proyección al exterior se caracterizó sobre todo por la «Alegría y Esperanza». El uso de las lenguas vernáculas en la liturgia permitió que cientos de millones de católicos entendieran por fin las lecturas de la Misa. El Concilio puso en primer plano la llamada universal de todos los bautizados a la santidad plena y a la responsabilidad evangelizadora. Se dio un mayor relieve al laicado. San Juan XXIII falleció en 1963, sin llegar a concluir el Concilio. Serían necesarios otros dos años de trabajo hasta 1965. Llevar a la práctica un Concilio gigantesco es un proceso lento, pero el mensaje renovador del Vaticano II sigue abriéndose paso.

Otra herencia de san Juan XXIII es, sin duda, la pasión por la paz. A los pocos días de haber comenzado el Concilio el 11 de octubre de 1962, la crisis de los misiles de Cuba puso al mundo al borde de una guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El Papa intervino en público y en privado ante los jefes de estado haciendo una llamada a la responsabilidad para evitar los horrores de una nueva guerra. Se solucionó el conflicto, y en la primavera siguiente san Juan XXIII presentaba al mundo la encíclica «Pacem in Terris», un hito en el protagonismo de los cristianos en la búsqueda de la paz.

El año 2012, al celebrarse el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, el papa Benedicto XVI convocó un Año de la Fe y recordaba unas palabras de san Juan Pablo II en su carta apostólica Novo Millennio Ineunte, en la que lo califica como “la gran gracia de la cual se ha beneficiado la Iglesia en el siglo XX” y como “la brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza” (n. 57). El mismo Benedicto XVI reafirmaba en otra ocasión, que “si lo leemos y acogemos guiados por una hermenéutica correcta, puede convertirse cada vez más en una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia”. A esta renovación nos invita el papa Francisco pidiéndonos ser una iglesia misionera, o “en salida”, fortalecida en su fe y lanzada a la evangelización, es decir, a fomentar la fe en esta hora de crisis de creencia para muchos.



+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa





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