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Los médicos querían desconectarle, pero su padre se atrincheró armado en el hospital hasta que el hijo despertó
Padre se aferra a la vida de su hijo ante la decisión de desconectarlo tras haberle diagnosticado muerte cerebral.


Por: Fernando de Navascués | Fuente: http://www.agenciacatolica.org/



En Estados Unidos ya nos han acostumbrado a ver personas que entran armados y toman a la fuerza una escuela, una universidad, un centro comercial o, como en este caso, un hospital. O más bien la habitación en la que pasaba sus últimos momentos de vida el hijo de George Pickering. Extraño, pero en principio no nos sorprende.

La historia sucedió hace poco en un hospital de Houston, Texas. A George Pickering, Jr., los médicos le habían diagnosticado muerte cerebral, no había nada que hacer para salvar su vida y tenían claro que mantenerle entubado no valía la pena, era un gasto de dinero, un dispendio. La hora de desconexión estaba fijada, y la madre y el hermano de George lo habían autorizado. Sin embargo, su padre, que se opuso desde el primer momento con una obstinación que los médicos no entendían y casi despreciaban, se opuso cuanto pudo con total de poder mantener con vida a su hijo.

Los galenos lo tenían claro: es el típico padre que no acepta la muerte de su hijo: -seguro que un buen psicólogo podrá después ayudar a este hombre a recuperar la sensatez y aceptar el duelo-, debieron pensar.

No obstante, George Pickering no estaba dispuesto a aceptar lo que le venía a su hijo. Sólo y enfrentado a su familia, nadie le matará, al menos mientras él viviera y pudiera evitarlo. Fue a casa, y bien armado, tomó posesión de la habitación del hospital en donde se encontraba el joven.

Lo que allí vivió pocos lo sabrán, y este padre no lo olvidará nunca: fueron momentos de dolor y de desgarro, envuelto en la aventura de salvar a su hijo aunque para ello tuviera que morir a cambio. Una especie de pasión revivida en el siglo XXI.



Padre e hijo estuvieron solos durante un tiempo, al menos mientras la dirección del hospital alarmada y atemorizada llamaba a los SWAT (fuerzas de seguridad) para que deshicieran el desaguisado, detuvieran al hombre, vivo o muerto, y para que lo médicos pudieran continuar con su misión de acortar la vida a George Jr.

¿Qué ha trascendido de todo esto? Al menos dos cosas. La primera que quien dio fuerzas para que su padre luchara fue el propio hijo. ¿Cómo? Pickering asegura que el chico le apretó la mano varias veces durante el tiempo en el que estuvo atrincherado en su habitación. Y en segundo lugar que, tras convencerle el otro hijo para que depusiera su actitud y permitiera la entrada en la habitación a los SWAT que traían sus propios médicos, éstos confirmaron que efectivamente George Jr. no estaba en muerte cerebral, establecía contacto visual y seguía sus órdenes.

Como es razonable, tras entregarse a las autoridades, George fue acusado de asalto agravado con arma mortal. Pero sabemos que su hijo se encuentra recuperándose y fuera de peligro, y que hoy los dos están juntos. “Se rompió una ley, pero fue rota por todas las razones correctas, fue por amor, por puro amor”, asegura.





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