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Cándido Castán, Francisco Esteban Lacal y 21 compañeros
Sin fecha de memoria litúrgica grupal (memorias individuales)

Mártires de España


Por: Varios | Fuente: MartiresDeParacuellos.com



Mártires de Madrid, España

Martirologio Romano (I): En Pozuelo de Alarcón, Madrid, España, beatos Juan Antonio Pérez Mayo, Francisco Polvorinos Gómez, Manuel Gutiérrez Martín, Cecilio Vega Domínguez, Juan Pedro Cotillo Fernández, Justo González Lorente, Pascual Aláez Medina, sacerdotes profesos de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, y Cándido Castán San José, laico, casado, muertos en tiempos de la Guerra Civil por defender el nombre de Cristo ( 24 de julio de 1936)

Martirologio Romano (II): En Paracuellos de Jarama, Madrid, España, beato José Vega Riaño, sacerdote profeso de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, muerto en tiempos de la Guerra Civil por venerar el nombre de Cristo ( 7 de noviembre de 1936).

Martirologio Romano (III): En Soto de Aldovea, Torrejón de Ardoz, Madrid, España, beato Serviliano Riaño Herrero, clérigo profeso de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, muerto en tiempos de la Guerra Civil por venerar el nombre de Cristo ( 7 de noviembre de 1936).

Martirologio Romnao (IV). En Paracuellos de Jarama, Madrid, España, beatos Francisco Esteban Lacal, Vicente Blanco Guadilla, Gregorio Escobar García, Ángel Francisco Bocos Hernández, Juan José Caballero Rodríguez, Justo Gil Pardo, Marcelino Sánchez Fernández, Publio Rodríguez Moslares, José Guerra Andrés, Eleuterio Prado Villaroel, Daniel Gómez Lucas, Justo Fernández González, Clemente Rodríguez Tejerina, sacerdotes, clérigos y religiosos, todos ellos miembros del Instituto de Misioneros Oblatos de María Inmaculada, muertos en época de la Guerra Civil por venerar el nombre de Cristo ( 28 de noviembre de 1936).

Fecha de beatificación: 17 de diciembre de 2011, durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI



Breve Reseña


Estalla en España la guerra civil. La comunidad de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada de Pozuelo es asaltada violentamente por los milicianos y hecha prisionera en su propia casa. Constaba de unos 40 miembros: sacerdotes, hermanos coadjutores y 32 estudiantes, todos religiosos profesos.

El superior y los profesores tomaron la resolución de permanecer en Pozuelo y velar por la vida comunitaria y religiosa, por encima de cualquier otra consideración....

Los dirigentes políticos y sindicales de Pozuelo no se han dormido: deciden poner la casa del pueblo en el convento, trasladándose a él la dirección del Frente Popular, y en los cuartos de los profesores se instalan ellos. El Presidente, Porras, lo hace en el del P. Superior. Guerrero, “El Patillas”, de Izquierda Republicana, en el del P. Monje.

Mientras tanto las milicias andan en el pueblo a la caza de los más significados hombres de derechas y jóvenes militantes en la Falange, o en los partidos del Bloque Nacional o la CEDA. De cuando en cuando, durante todo el día van trayendo a varios ciudadanos.

La suerte de los religiosos Oblatos de Pozuelo, estaba echada. La noche clara y calurosa de este día, marcaría en Madrid capital, el inicio de los fusilamientos en grupos o ‘sacas’ de hombres que por su condición religiosa, serian condenados y sentenciados a morir entregando sus almas a Dios, sin culpa o acción violenta alguna. Del resto de los trasladados a Madrid, serian más tarde capturados y encarcelados, saliendo en las sacas del mes de noviembre para ser fusilados en Paracuellos de Jarama y Torrejón.



"A eso de las 3.30 de la madrugada del 24 de julio, Arturo Porras –Teniente de Alcalde del pueblo de Pozuelo--, y los miembros del Comité que preside se presentan en el comedor y ordenan que salgamos al pasillo. Todos nos hemos enterado del interrogatorio que ha sufrido Pascual Aláez, pero ignoramos los nombres que ha facilitado. Por esta razón estoy convencido que me llamarán en primer lugar y me dirijo hacia la puerta de salida, colocándome el primero al lado derecho; cuando todos formamos en dos filas, Porras, en el centro del pasillo, a la altura de las escalera, indica que los que nombre salgan al jardín y suban a los automóviles que en él se encuentran. En efecto, los que estamos junto a la puerta de salida observamos dos coches negros; reconozco el Chevrolet de la baronesa Sra. de Allende, nuestra vecina, a la que se lo han requisado. El otro me pareció un Hispano-suiza.

Porras ordena: Juan Antonio Pérez, Pascual Aláez, Manuel Gutiérrez, Juan Pedro Cotillo, Francisco Polvorinos, Cecilio Vega, Justo González, y Cándido Cástan”. (A. Jambrina. Memorias)

Junto a estos siete Oblatos, también salió D.Cándido Castán San José. Ex-concejal, empleado de la Compañía del Norte, antiguo jefe de la Comunión Tradicionalista, y del sindicato de esa afiliación de ferrocarriles, pero sobre todo, católico ferviente y practicante. Él se encontraba detenido en unas de las habitaciones de la planta baja del seminario, junto con más personas. Siendo buscado y requerido por Porras, diciéndole: “Tu pa lante”.

Todos salieron para no volver nunca más. En la madrugada de ese día, fueron fusilados junto a las tapias del Cementerio de Aravaca o en su explanada, teniendo la fortuna de que el sacerdote J. Antonio Pérez, les diera antes de morir, la absolución a todos ellos. Después de la guerra, en 1939, con motivo de algunas exhumaciones y obras en las propias fosas, la Viuda y algunos familiares de Don Cándido Castán, reconocieron a su esposo.

Tras el asesinato de los 8 primeros Siervos de Dios, el resto de los Misioneros Oblatos permanecieron presos en el convento y dedicaban sus horas de espera a rezar y a prepararse a bien morir.

Parece que el alcalde de Pozuelo comunicó a Madrid el riesgo que corrían los religiosos y ese mismo día 24 de julio, a las dos de la tarde, llegó un camión de Guardias de Asalto con orden de llevarlos a la Dirección General de Seguridad.

Los milicianos, al ver que los religiosos escapaban de sus manos, gritaban desde una terraza y expresaban su rabia con insultos y blasfemias.

Al día siguiente los Oblatos encerrados en la Dirección General de Seguridad, inesperadamente, quedaron en libertad. Por sugerencia del Superior P. Francisco Esteban Lacal, se dispersaron en pequeños grupos para buscar refugio en casas particulares. Pero en el mes de octubre fueron buscados y detenidos nuevamente y llevados a la cárcel Modelo. Allí soportaron un lento martirio de hambre, frío, terror y amenazas, hasta que llegó el final sangriento para quince de ellos.

El 7 de noviembre fue fusilado en Paracuellos de Jarama el P. José Vega Riaño, 32 años, sacerdote y formador del Seminario. Ese mismo día en Soto de Aldovea fue fusilado el joven Serviliano Riaño Herrero, 20 años.

Veinte días después llegaría el turno de la muerte a otros trece religiosos. El procedimiento fue el mismo para todos. No hubo acusación, ni juicio, ni defensa. Sólo proclamación de los nombres de trece a través de potentes altavoces:

Francisco Esteban Lacal, era el Superior Provincial; Vicente Blanco Guadilla, Gregorio Escobar García, Justo Gil Pardo, Juan José Caballero Rodríguez, Publio Rodríguez Moslares, José Guerra Andrés, Daniel Gómez Lucas, Justo Fernández González, Clemente Rodríguez Tejerían, Ángel Francisco Bocos Hernández, Eleuterio Prado Villarroel y Marcelino Sánchez Fernández. Se sabe que el 28 de noviembre de 1936 fueron sacados de la cárcel, conducidos a Paracuellos de Jarama y allí ejecutados.

 

 





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