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Amenazas al inicio de la vida humana El embrión humano en su fase preimplantatoria – 1ª Parte
La naturaleza biológica del fruto de la concepción humana (cigoto) ofrece los datos más interesantes para confirmar su naturaleza humana


Por: Dra. Pilar Calva Mercado | Fuente: http://www.yoinfluyo.com/



Los seres humanos tenemos nuestro material de herencia presente en el DNA (genoma humano) organizado en 46 cromosomas  (número diploide) que están en el núcleo de cada una de nuestras células del cuerpo. Sólo los gametos, tanto el óvulo como el espermatozoide, contienen 23 cromosomas (número haploide).

El primer evento en la formación de un individuo es precisamente el encuentro y la fusión de dos células altamente especializadas: el óvulo y el espermatozoide; esto se conoce como concepción, fecundación o fertilización. Desde el momento de la fecundación se producen cambios exclusivos y específicos. Entre ellos, el genoma es completado a 46 cromosomas, correspondiente a la especie humana, y como veremos más adelante, constituyendo un nuevo genoma, único e irrepetible.

Bioquímicamente, este proceso es complejo, hay cierta señal que guía el paso de los espermatozoides hacia la trompa en donde sucede la ovulación. Solamente un espermatozoide atravesará la membrana citoplásmica del óvulo, volviéndose en ese momento impermeable; únicamente penetra la cabeza del espermatozoide, que es donde está contenido el material de herencia. La singamia consiste en la unión de ambos pronucleos, masculino y femenino.

En cuanto la cabeza de un espermatozoide penetra en el citoplasma de un óvulo, comienza una cadena de actividades. Dos sistemas, el del óvulo y el del espermatozoide, dejan de funcionar en forma individual, y constituyen un nuevo sistema (genoma) que comienza a operar como una ‘unidad’ llamada cigoto o embrión unicelular. Una vez ocurrida la concepción, se observa un proceso que no se detendrá hasta la muerte del individuo.

Evidencias genéticas del estatuto humano del embrión



El genoma humano es el complejo total de genes, una estructura fundamental de desarrollo y de herencia, es esencial ya que tiene una función determinante en el desarrollo de los seres humanos individuales y en la transmisión de la vida. El genoma humano nos hace ser individuos humanos y no pertenecer a la especie humana y al mismo manifiesta la individualidad que nos hace únicos e irrepetibles.

El genoma humano, que deriva de la fusión del espermatozoide y el óvulo, es un conjunto particular de estructuras que tienen una función determinante y cuando es expresado da como resultado un cuerpo humano distinto al de la madre. El cigoto es el primer estadio de un organismo animal como lo definen los textos de embriología y genética.

Así, la naturaleza biológica del fruto de la concepción humana (cigoto) ofrece los datos más interesantes para confirmar su naturaleza humana y son los siguientes:

1. La individualidad genética del cigoto

Desde el momento mismo de la concepción inicia la existencia de una nueva vida específicamente humana dotada de un código genético único e irrepetible, no idéntico ni al de la madre ni al del padre. Este genoma humano controla y fija irreversiblemente su desarrollo sucesivo. De esta primera célula o cigoto, no podrá resultar sino un hombre, y precisamente ese hombre.



2. La continuidad de su desarrollo

Durante el desarrollo progresivo del cigoto, desde la primera célula que se divide y se organiza sin cesar hacia su plenitud, habrá sin duda etapas importantes, como la implantación y las transformaciones profundas debidas a la formación de los tejidos fundamentales. Todo se realiza en el tiempo según un proceso continuo e ininterrumpido fijado por el programa inicial (genoma humano).

No es posible, con rigor científico, establecer en la unidad de este desarrollo gradual un umbral a partir del cual, aquello que no es todavía humano, se volviese humano. La ciencia nos conduce a afirmar que si ello no fuese humano desde el inicio de su vida individual en la concepción, no se volvería jamás.

3. La autonomía de la vida prenatal

El embrión, y solamente él, es quien con un mensaje químico estimula el funcionamiento del cuerpo lúteo del ovario y suspende el ciclo menstrual de la madre. Esto sucede en un minúsculo embrión que al sexto o séptimo día de vida sólo mide 1.5 mm de largo y ya está en condiciones de decidir su propio destino.

El proceso de formación del embrión es autónomo, no obstante la íntima relación que se instaura entre el cuerpo de la madre y el hijo.

El cigoto, o nuevo ser humano, al cabo de seis días de fecundado, se implanta en el útero de su madre en etapa de blastocisto. Existe el criterio erróneo de nombrarle, en las primeras etapas de desarrollo del embrión, “pre-embrión”, sosteniendo que en dichas etapas no hay aún vida humana. Pero una vez que el ovocito es fecundado y comienza la vida del cigoto ha comenzado una nueva vida humana y todo lo que atente contra ella, termina con la vida de un ser humano.





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