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La ley del aborto de Gallardón no aboca al aborto clandestino
El argumento más utilizado es:


Por: Lluis Llaquet | Fuente: http://www.forumlibertas.com/



El argumento más utilizado por aquellos que se oponen a la nueva ley del aborto impulsada por el Partido Popular defiende que, por mucho que se prohíba, las mujeres seguirán abortando de todas formas y que “muchas se verán abocadas a abortos en clínicas ilegales, con todos los peligros que ello conlleva”.

Lo cierto es que siempre ha habido abortos. No ha habido época en la historia o régimen político bajo el cual no se hayan dado prácticas abortivas, por muy conservador que este fuera. Y, previsiblemente, por mucho que se prohibiera, seguirían habiendo abortos, de una forma u otra.

Pero también es cierto que todo aquello que la ley permite, aumenta en número, y todo aquello que la ley prohíbe o dirime como ilegal, disminuye. Si, por ejemplo, el gobierno español legalizara la prostitución o la mariguana, sin duda, estas prácticas aumentarían en número. De igual forma que si se prohibiera el alcohol o el tabaco, se reduciría el consumo de estas drogas. Y, ¿por qué?

No solo porque todo lo ilegal es más difícil de conseguir que lo legal o porque racionalmente cualquier persona prefiere ahorrarse comportamientos que le impliquen pagar una multa o ingresar en prisión. Sino porque, en las sociedades secularizadas como la nuestra, cuando no hay una razón moral última basada en algo trascendente, el hombre encuentra en la ley y en las prohibiciones que esta establece la franja que divide lo bueno de lo malo. A falta del decálogo, bueno es el código penal. Pero, ¿realmente es así? ¿Hay alguna prueba empírica de ello?

Buen ejemplo es Polonia. Este país pasó de una ley que fácticamente permitía el aborto libre, a una muchísimo más restrictiva. Y con ello pasó de practicar 60.000 abortos en 1990 a solo 159 en 2002.



Es lógico que se redujeran las estadísticas de abortos legales tras prohibir la mayoría de los casos que antes se juzgaban como permisibles. Pero siguiendo el argumento proabortista, todos esos abortos de diferencia entre los 159 y los 60.000 deberían haber pasado a las prácticas abortivas clandestinas, “con el peligro que ello conlleva”. Pero la verdad es que no ocurrió así.

Cuando se practican abortos de forma clandestina, y en esto tienen razón los lobbies, se pone en peligro la salud de la madre. Con lo que, si en Polonia, todos esos abortos que en 2002 (y ahora) no estaban permitidos, se hubieran seguido produciendo, tendría que haber habido un mayor número de muertes derivadas de partos y embarazos, así como de ingresos de embarazadas por complicaciones de este tipo. Pues bien, no solo no aumentaron tales complicaciones, sino que disminuyeron. Así como los infanticidios y los embarazos en adolescentes. Con lo que se deduce que tales abortos no se trasladaron simplemente de la legalidad a la ilegalidad, sino que dejaron de producirse, al menos en un número considerable.

Con lo que, previsiblemente, la reforma de Gallardón no trasladará los abortos de la legalidad a la ilegalidad sino que los hará disminuir, al menos en un número considerable. Pues esta reforma no aboca a las mujeres al aborto clandestino sino a no aborto. A la vida al fin y al cabo.





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