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María, ¿La Mujer más Poderosa del Mundo? (Parte 2)
Omnipotencia Suplicante, Abogada.


Por: Luis Béjar Fuentes | Fuente: Catholic.net



(Catholic.net, 22 de julio de 2016).- Ahora bien, en continuidad a la primera parte de este artículo, nos preguntamos, ¿por qué aquella sencilla mujer, María (Maryam), nacida en Nazaret, ¿ha llegado a ser “la Mujer más poderosa del mundo” después de 2,000 años de su paso por la tierra? Porque queda claro que no se trata de una exageración masiva ni de una exaltación infundada de algún grupo en particular, sino más bien de una realidad innegable, palpable y comprobable, tal y como ha sido magistral y gráficamente mostrado en el artículo de Moureen Orth. Los hechos extraordinarios de toda índole a los que se refiere, ratifican una y otra vez, que, a través de los siglos sigue presente y actuante, mostrando siempre su amor y preocupación por ti, por mí, por todos los hombres, independientemente de la religión -o no religión- que practiquen.

Pero, ¿Qué hay detrás de ese poder que sorprende a todo aquel que se acerca a ella con mente abierta y corazón dispuesto a penetrar en su misterio? Comparto contigo algunos de los elementos más significativos, retomando algunos mencionados con anterioridad, ahora en un nuevo contexto:

  • Sigue presente y actuante, en cumplimiento de la encomienda recibida de su Hijo agonizante; hecho histórico presenciado, principalmente por judíos y romanos,
  • Los cientos de veces que ha sido vista y escuchada por miles de creyentes y no creyentes, de cualquier edad, sexo y condición económica, en muchas partes del mundo (con especial predilección por niños de condición humilde), ratificando su presencia maternal y preocupación amorosa; notoriamente -como queda claro en la representación gráfica- en los dos últimos siglos,
  • Su presencia real y permanente está más allá de la realidad material, temporal y física; se trata más bien de una dimensión espiritual que se manifiesta con toda libertad cuando y como quiere, haciéndose visible al ojo humado, cuando así lo considera conveniente, y ha sido confirmada una y otra vez a través de cientos de milagros comprobados científicamente,
  •  Su poder extraordinario y su ejercicio siempre incide en los temas centrales de conversión, oración y penitencia, como condicionantes para que se dé la tan anhelada paz en nosotros, entre nosotros y en todo el mundo.

Y, ¿de dónde dimana dicho poder? ¿cuál es su origen y finalidad?

  • Es sorprendente encontrar lo que se ha llamado el “hilo conductor mariano” en la Biblia, ya que si nos remontamos al primer libro del Antiguo Testamento, el Génesis, encontramos aquella cita: “Enemistad pondré enemistad entre ti y la mujer y entre tu linaje y su linaje…” (Gn 3, 15); para luego descubrir, 8 siglos antes de Cristo, aquella frase del profeta Isaías: “He aquí que una virgen (mujer) está encinta y va a dar a luz un hijo…” (Is 7, 14) y posteriormente, a Miqueas quien profetizó: “Al tiempo en que dé a luz la (mujer) que ha de dar a luz” (Mi 5, 2),
  • Y en el Nuevo Testamento, las palabras de su hijo Jesús en las Bodas de Caná respondiendo a la súplica de su madre quien le dice: “Hijo, no tienen vino” (Jn 2, 3), le contesta: “Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí?, aun no ha llegado mi hora” (Jn, 2, 4), para encontrar de ella una respuesta en el silencio elocuente y en una “mirada penetrante”

– en palabras de san Juan Pablo II-: “hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5), arrancándole así el primer milagro de su vida pública; hasta llegar a las citadas palabras póstumas de Jesús agonizante: “Mujer, he ahí a tu hijo” (Jn 19, 27).

  • Recordemos, asimismo, lo que escribe de San Pablo -Saulo, en otro tiempo el perseguidor de la nueva doctrina- “al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” (Ga 4, 4); asimismo, a María la Madre de Jesús, se le encuentra presente en el cenáculo en donde “perseveraba unánime en la oración con algunas mujeres” (Hc 1:14) recibe al Espíritu Santo; y en el Apocalipsis

-último libro de la Biblia- encontramos tres menciones sobre la mujer, tradicionalmente aplicables a Ella: "Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas, y estando encinta, gritaba con los dolores de parto… Se paró el dragón delante de la mujer que estaba a punto de parir… La mujer huyó al desierto…” (12:1-6).



  • Y, finalmente, retomando el tema de los 2,000 ‘avistamientos’ y centrándonos en el denominado Acontecimiento Guadalupano -la primera de las apariciones aprobadas por la Iglesia- originado a partir de las apariciones a san Juan Diego en 1531, habrá que recordar las palabras que Ella le dijo al tío Juan Bernardino, quien estando en el lecho de muerte, fue curado milagrosamente por ella, la mujer que se autonombró: “la perfecta Virgen Santa María de Guadalupe” (NM 208), mientras estampaba su imagen  ante los ojos llenos de lágrimas, del incrédulo obispo Fray Juan de Zumárraga y varios testigos más. Imagen que permanece inexplicablemente sin desaparecer a pesar del tiempo, intemperie y los ataques directos, en “…mi casita sagrada” en “donde lo mostraré, lo ensalzaré al ponerlo de manifiesto: lo daré a las gentes en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación: porque yo en verdad soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno, y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mi clamen, los que me busquen, los que confíen en mí” (NM 26-31).

Para ti y para mi queda ahora mucho más claro ese ‘hilo conductor mariano’ que une a la mujer del Génesis, con la ¡“mujer vestida de sol” del Apocalipsis y Santa María de Guadalupe del Tepeyacac: viva, presente y actuante!

Pero nos seguimos preguntando, ¿qué hizo Ella para llegar a ser tan poderosa? Pongo a tu consideración algunos elementos determinantes:

  • Se consagró y actuó en consecuencia al servicio del “…hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, él será grande y será llamado Hijo del Altísimo” (Lc 1, 32),
  • Vivió en silencio y ocultamiento en un pequeño poblado a los ojos del mundo que la rodeaba, siendo ella la única testigo del acontecimiento que cambiaría la historia de la humanidad, en ‘antes’ y ‘después’ del nacimiento de su hijo,
  • Oraba y sigue orando en perfecta unión y fe total en Aquel en quien creía, siendo “llena de gracia por obra del Espíritu Santo”,
  • Guardaba y meditaba todas estas cosas en su corazón” (Lc 2,19), mismas que seguramente transmitió con toda fidelidad especialmente a Juan y a Lucas -sería muy bueno releer con más cuidado y escuchándola repetir el Magnificat (Lc 1, 46-55) y el Benedictus (Lc 1, 68-79)-,
  • Su obediencia y aceptación incondicional e inmediata de lo que le era transmitido, mencionando especialmente aquello de que “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón? y la respuesta después de haber sido despejada la duda “…hágase en mí según tu palabra” (Lc 34-38),
  • Su aceptación callada y humilde del dolor que la acompañó toda su vida, siempre ‘in crescendo’ del que recordamos su ‘vía crucis’ espiritual:
  • No revelar el misterio de su concepción ante la duda explicable de su esposo quien después de notar su embarazo pensaba abandonarla en silencio, y esperar que fuese el mismo Dios que se lo revelara a José mediante sueños (Mt 1, 19- 20),
  • El escuchar del anciano Simeón aquella profecía durante la presentación de Jesús en el templo, “y a ti misma una espada de dolor atravesará tu alma…” (Lc 2, 35),
  • El obedecer de inmediato a José su esposo y salir huyendo a Egipto, porque “Herodes quería matar al niño” (Mt 2, 13) y permanecer en el exilo por años hasta la muerte de aquel, la que le fue revelada nuevamente a José mediante sueños,
  • El dolor compartido con José, cuando inexplicable e intencionalmente se les perdió en el templo por 3 días, a los 12 años, preguntando angustiada al encuentro: “Hijo ¿por qué nos has hecho esto?, Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando” (Lc 2, 48),
  • El formar parte del grupo de las mujeres que lo acompañaron durante los 3 años de vida pública de su hijo y viviendo en carne propia el rechazo -primero velado y después abierto- hasta convertirse en odio que lo llevó al patíbulo,
  • El escuchar de su hijo Jesús, en vida, aquello de que “el Hijo del Hombre va a padecer mucho y será rechazado (Lc 9, 22), también la invitación de que “el que quiera ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt 16, 24)

-invitación que Ella ciertamente entendió en toda su profundidad, mientras que sus discípulos no entendían de qué les estaba hablando (¡y no creo que nosotros a 20 siglos!),

  • El tomar la decisión de acompañarlo rumbo al ‘Gólgota’ y caminar con él escuchando toda clase de improperios, lo cual recordamos y meditamos en la tercera estación de la vía dolorosa,
  • El presenciar que su hijo fuese humillado, desnudado y clavado en la cruz, permaneciendo al pie de la cruz durante tres horas,
  • Escuchar las siete palabras antes de morir, siendo la 3ª la que ya he mencionado con anterioridad: “Mujer, he ahí a tu hijo”, como testamento póstumo para todos nosotros,
  • El recibir el cuerpo de su hijo, muerto, cumpliendo en toda su crudeza y realidad aquella profecía del anciano Simeón -que había recibido 33 años antes de este momento- a la que me referí con anterioridad, y
  • El esperar durante 3 días contra toda esperanza -expuesta a la tentación de la desesperación- la resurrección de su hijo Jesús, tal y como la había profetizado.

Sí, esto es en pocas palabras lo que Ella hizo, vivió, sufrió y aceptó con todas sus consecuencias, para llegar a ser la Mujer más poderosa a los ojos del mundo, a través de los hechos extraordinarios reportados, pero que, a partir de un análisis más profundo y a la luz de la fe -avivada por Ella misma- nos permite concluir que:

  • Su poder no tiene nada que ver con los valores del mundo: dinero, placer, riqueza,
  • Su poder no es autónomo sino recibido de Dios Padre -creador de todo lo visible e invisible- en quien creemos las religiones monoteístas; siendo el cristianismo, el judaísmo y el islamismo las 3 principales,
  • Su poder está supeditado, compartido y estrechamente unido a su Hijo, en quien Ella creyó y concibió en su seno virginal por obra del Espíritu Santo, siendo el principal motivo de su rechazo y crucifixión, el haberse proclamado “Hijo de Dios”, de su misma naturaleza,
  • Su presencia real, permanente y actuante en muchos países a través de los siglos hasta nuestros días, muestra su innegable existencia, y que
  • Lo utiliza no para dominar y destruir, sino para servir y buscarnos con amor y maternal preocupación, a partir de su primera intervención en las referidas Bodas de Caná.

Queda claro que su caridad es universal y su maternidad espiritual, alcanza a todos y cada uno de los que formamos parte de la raza humana, independientemente del credo (o no credo) religioso, ya que cada ser humano tenemos una dignidad propia, un cuerpo y un alma, imagen de quien nos creara.



Es así que queda manifiesta sin lugar a dudas, corroborada una y otra vez, su Omnipotencia Suplicante y su invitación permanente, a que invoquemos a su hijo Jesucristo, para que venga a todas las naciones la tan anhelada paz y armonía global, misma que de acuerdo al mensaje que le diera a Ida Peerdeman el 31 de mayo de 1954, vendrá sólo después de la proclamación del 5º dogma como la Señora de todos los Pueblos, que se dará un 31 de mayo, ya que en sus palabras queda asentado: “Yo he escogido este día; en este día la Señora obtendrá su coronación”… condicionada a que “Tienen que pedir al Santo Padre este dogma”… “tres conceptos -Corredentora, Mediadora y Abogada- en un solo gesto… un solo concepto”, el cual El Santo Padre lo aprobará, pero lo tienen que ayudar. Comprendan bien esto”. (Énfasis mío).

[Para aquellos que no estén enterados, les menciono los 4 dogmas marianos proclamados solemnemente con anterioridad por la iglesia Católica, los que son en orden cronológico: la Maternidad Divina (431); la Virginidad Perpetua (649), la Inmaculada Concepción (1854) y la Asunción a los Cielos (1950)].

Ahora a 62 años de ese mensaje, vuelvo a entregarte la oración corregida y aprobada el 31 de mayo del 2002 por el obispo local, Mons. Jozef Marianus Punt, con el imprimatur de decenas de obispos y, recientemente, por la Congregación de la Doctrina de la Fe, ¡aceptando el título de La Señora de todos los Pueblos, Abogada!

Señor Jesucristo,

Hijo del Padre,

manda ahora tu Espíritu

sobre la tierra.

Haz que el Espíritu Santo

habite en el corazón de todos los pueblos,

para que sean preservados de la corrupción,

de las calamidades y de la guerra.

Que la Señora de Todos los Pueblos,

la Santísima Virgen María,

sea nuestra Abogada.

Amén.

 

María, ¿La Mujer más Poderosa del Mundo? (Parte 1)

 





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