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Pensar bien antes de hablar
¿Qué sé? ¿Cómo lo sé? ¿Tengo seguridad de que las fuentes son verídicas?


Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net



Si alguien habla, expresa lo que antes ha pensado más o menos bien. Si habla mal, es porque no ha pensado bien, o porque no ha dedicado el tiempo suficiente para reflexionar sobre el asunto en cuestión.

Por desgracia, en un mundo donde corren noticias y rumores, donde muchos opinan y externan sus valoraciones, hay quienes hablan, escriben, comentan, de modo equivocado, porque no pensaron el tiempo requerido para hacerlo bien.

Es bueno, ante temas concretos, no juzgar según las “opiniones comunes”, ni según lo primero que se nos pasa por la cabeza, ni según lo que otros empiezan a decir con una seguridad sorprendente.

¿Un terrorista acaba de asesinar a varias personas? Antes de declararle loco, o fanático, veamos los datos y reflexionemos sobre los mismos. La simple noticia no basta.

¿Un político ha sido acusado de corrupción? Antes de lanzar críticas furibundas contra ese hombre o contra su partido, veamos quién formula la acusación, qué hacen los jueces, cómo se desarrollan los hechos.



¿Un familiar parece haber dilapidado parte de la herencia? No es correcto lanzarse contra él con críticas acerbas sin haber controlado antes la información.

La lista podría ser mucho más larga. Ante hechos lejanos, y también ante hechos cercanos, vale la pena detenerse un momento y pensar. ¿Qué sé? ¿Cómo lo sé? ¿Tengo seguridad de que las fuentes son verídicas? ¿No hay intereses en lanzar un dato falso o en ocultar otros verdaderos?

Siempre es provechoso un esfuerzo sereno y maduro por pensar bien antes de hablar. Así evitaremos juicios de los que luego hay que arrepentirse, y llegaremos a conclusiones más equilibradas, lo cual permite crear un ambiente más disponible a la búsqueda seria ante tantos temas que nos interesan.

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