Menu


Milagros del cielo, una visión católica
Es conveniente hablar de unos pocos puntos que los católicos deberíamos tener presente para no confundirnos al verla


Por: Xavier Villalta | Fuente: Catholic.net



Ya hace algunas semanas se estrenó en las salas de cine la película Milagros del Cielo, una muy buena película basada en hechos reales y con muchos puntos a favor de la fe cristiana, pero siendo una película con perspectiva cristiana no católica, he creído conveniente hablar de unos pocos puntos que los católicos deberíamos tener presente para no confundirnos.

Un punto, que aunque lo trataré en pocas líneas no carece de importancia, es el de la algarabía en las jornadas dominicales en el templo al que acuden los protagonistas, vemos como, a falta de una verdadera espiritualidad, el pastor intenta llenar el vacio con un espectáculo musical y con su propio show cómico, vemos claramente como la asamblea no va a sus reuniones para encontrar a Dios, sino para pasarlo bien, es una alternativa más al entretenimiento dominical familiar.

Un verdadero pastor debe guiar a su rebaño al redil de su único y verdadero Señor, cualquier sucedáneo dejará huellas en el alma de los asistentes, como le ocurre a la madre, cuando tiene que enfrentar el dolor que sufre su hija, vacio que la lleva incluso, a la pérdida de la fe.

Si ha esto sumamos la visión subjetiva de la fe, como algo tan sólo sentimental, sin nada espiritual que la alimente, (como por ejemplo el fortalecimiento de la esperanza, el contacto íntimo con Jesús en la comunión, el alivio espiritual que logramos cuando Dios nos perdona los pecados gracias al sacramento de la confesión), comprendemos mejor el por que una fe sin sustento real es tan débil como para romperse ante cualquier problema que se nos pueda presentar.

Por último analizaremos el sentido del sufrimiento, punto en el que el pastor en la película no tuvo respuesta y al que la Iglesia Católica si sabe como atender; para el tema copiaré a continuación lo que Mons. Robert Barron dijo (al comentar la película):



Un tema frecuente en el tema de la existencia de Dios, como lo puede corroborar cualquier apologista, es el sufrimiento de los inocentes.

La angustiosa pregunta del ejército de no creyentes es: ¿cómo un Dios todo amoroso y todopoderoso permite que sufran aquellos que simplemente no merecen tal dolor?, estos críticos sostienen que la desproporción entre el mal y el beneficio que este podría dar, simplemente descarta cualquier mérito que pueda tener una fe religiosa.

Un apologista hábil y experimentado responderá que no existe una única e inequívoca "respuesta" al tema planteado y que dejara, a quien presenta la duda, a un paso de admitir su error. El mejor enfoque es caminar lentamente alrededor del tema, a la manera de los fenomenólogos, iluminando ahora este aspecto y luego este otro.

Es precisamente este método el que utiliza esta película, pero en este análisis me gustaría simplemente explorar algunos de los aspectos del problema del sufrimiento -teodicea, para usar su título formal- que se iluminan en el curso de esta película.

En primer lugar, los milagros son raros. La misma etimología de la palabra lo indica -mirari (para ser sorprendido)-. Los milagros no ocurren todos los días, porque si lo hicieran, no "maravillarían" ni causarían sorpresa al toparnos con uno.



En segundo lugar, Dios habitualmente se complace en trabajar a través de causas secundarias. Para dar sólo un ejemplo de la película, el especialista de Boston, el Dr. Nurko, es retratado como un hombre que no sólo es médicamente calificado, sino profundamente compasiva también. El bien incomparable que hace por decenas de niños se debe interpretar como una expresión del cuidado amoroso de Dios, como el vehículo a través del cual Dios opera.

¿Por qué Dios no actúa directamente? Tomás de Aquino respondió que la causa suprema tiene el placer de involucrarnos en su causalidad, que nos da, por así decirlo, la alegría y el privilegio de compartir su trabajo.

Una tercera lección es que los creyentes en el Dios de la Biblia no deben esperar ser libres del dolor, todo lo contrario. En la actualidad son muchos los lectores de la Biblia que parecen pensar que el amor de Dios es incompatible con el sufrimiento, cuando es fácil ver que cada figura importante en las Escrituras (Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés, Josué, Samuel, David, Salomón, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Pedro, Santiago y Juan) pasan por períodos de enorme sufrimiento. Y esta perplejidad sólo se profundiza cuando recordamos que la persona central en la Biblia se nos muestra normalmente clavado en una cruz y en la agonía de la muerte. Lo que queda claro en el curso de la película "Milagros del cielo" no es que la agonía de la familia Beam no tiene sentido, sino más bien que de esa manera tienen participación en la agonía salvífica de Cristo.

Una cuarta y última perspectiva es que el sufrimiento tiende a dar lugar al amor. Frecuentemente a lo largo de la película, la gente realiza actos de bondad para Annabelle y su familia, precisamente debido a que la terrible experiencia de la niña ha despertado la compasión en ellos.

En una palabra, el dolor de la niña tenía un efecto salvador en quienes la rodean; que es, para usar lenguaje bíblico, el sufrir por el otro (Col 1,24). Como Charles Williams señaló, la co-inherencia -estar con y para los demás- es la dinámica básica de la vida cristiana. Nuestros triunfos y alegrías nunca son completamente nuestros, son para el bien de los demás. Lo mismo es verdad en nuestras tragedias.

¿Esta película podrá "resolver" el problema del sufrimiento del inocente? Obviamente no. Pero, ¿arroja luz de una manera creativa sobre los aspectos fundamentales del tema? Al menos lo intenta.

La opinión de Mons. Barron fue publicada originalmente en Catholic News Agency
Traducida y adaptada para Catholic.net por Xavier Villalta

 





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!