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María Stevani, los médicos no daban esperanzas de que sobreviviera
Milagro que ocurrión en 1909 y que fue el aprobado para la beatificación que se efectuó el 14 de abril de 2002


Por: Xavier Villalta A. | Fuente: Catholic.net



Esta historia se refiere a una enfermedad abdominal sufrida por María Stevani, nacida el 4 de julio de 1893 e hija del Dr. Camilo Stevani, quien el 17 de octubre de 1909 comenzó a presentar trastornos abdominales que se intensificaron rápidamente.

La sintomatología incluía dolores de cabeza, falta de apetito, lengua saburral (lengua recubierta por una capa de color blanco-parduzco o amarillento), dolor de espalda, vómitos biliosos, fiebre que aumentaba en cortos períodos de tiempo hasta llegar a los 40ºC  (104ºF).

La diagnosticaron de fiebre tifoidea abdominal.  La paciente no toleraba ingerir alimentos, tenía ulceraciones en la garganta.  El historial médico registra presencia de estomatitis aftosa (úlcera superficial, pequeña, redondeada, blanquecina y con borde rojo bien delimitado, presentes en el mucosa bucal) que luego se gangrenaron. La enfermedad fue empeorando gradualmente a lo largo del mes de noviembre.

Su padre pidió a otros médicos analizaran el caso, de acuerdo con ellos era un “caso perdido”.

El vómito era incesante, la fiebre cada vez más violenta, provocando un delirio casi continuo y un estado prácticamente comatoso. También se presentó meningitis, lo que le provocaba fuertes dolores en la columna vertebral.



Se acudió al Dr. Felice Senna, Médico en jefe del Hospital Mayor de Elogio, quien confirmó el diagnóstico

El P. Alessandro Bianchi visitó a la paciente hacia finales de diciembre, la vio jadeante y moribunda, los médicos reiteraban que no había esperanza, los tratamientos tan sólo eran paliativos para aliviar el dolor en cuanto fuera posible.

Ante esta situación el P. Bianchi le dio la absolución sacramental, encauzó hacer oración pidiendo la intercesión del Siervo de Dios Ludovico Pavoni y dejó una reliquia bajo la almohada de la enferma.  Casi inmediatamente la fiebre bajó unos cuantos grados y la paciente entró en un profundo sueño.

A la mañana siguiente los vómitos y el dolor abdominal habían cesado, la joven estaba lúcida y con hambre, la recuperación fue rápida pero gradual, para la Navidad de ese año pudo comer pan dulce y turrón y para el 1 de enero almorzó con sus padres.

La convalecencia duró alrededor de 15 días.  Una vez dada de alta acudió a la iglesia del P. Bianchi para confesarse y comulgar.



María no tuvo más estragos frutos de la enfermedad que había sufrido, fue profesora y se casó.

En mayo de 1926 la visitaron dos expertos médicos, los doctores Felice Cappelo y Pedro Bertoli, quienes indicaron que el estado de salud de la paciente era buena con total ausencia de secuelas y de signos de recaída.

Los médicos expresaron que dada la gravedad de la enfermedad y la duración que tuvo, su rápida mejoría, la total curación con ausencia total de tratamientos médicos y la ausencia de secuelas hacían que la curación fuera inexplicable científicamente.

Lo aquí escrito hace referencia de los diversos testimonios dados durante el proceso canónico efectuado de 1925 a 1926.

 





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