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The Giver
Una sociedad sin amor

Construir una sociedad sin amor lleva a elaborar conceptos y sistemas de pensamiento que dañan al ser humano, lo desnaturalizan o lo esclavizan


Por: MONIQUE VILLEN | Fuente: http://www.regnumchristi.org/ Revista In-formarse No. 53



La película The Giver(2014) dirigida por Phillip Noyce, se basa en el libro de la escritora americana Lois Lowry que ganó en 1993 la Medalla Newbery de la Association for Library Service to Children y la Asociación de Bibliotecas de América. Lowry es conocida por escribir sobre temas difíciles para niños y adolescentes. En particular, The Giver (El dador de recuerdos)ha provocado una diversidad de reacciones en las escuelas de Estados Unidos. Algunas han adoptado su libro como parte del currículo obligatorio, como uno de los mejores libros de la literatura juvenil, mientras otras han prohibido el libro en el aula. La obra se convirtió años más tarde en una saga: Gathering blue (2000), Messenger (2004) y Son (2012).

 

La novela narra en tercera persona la vida de un chico llamado Jonás en una sociedad aparentemente utópica que ha eliminado casi todos los males: el dolor y el sufrimiento, el hambre, la guerra, la violencia, el odio, la envidia, la ira, la codicia... de forma casi literalmente química, por inyecciones diarias que anulan las emociones y los deseos inherentes al ser humano. «De las cenizas de una gran catástrofe conocida como la Ruina, surgieron esas comunidades para crear armonía a partir del desorden».Todo el mundo parece feliz en este entorno sin preocupaciones ya que el Estado dirigido por “los Ancianos” proporciona todo lo necesario para vivir. Elige el cónyuge, los hijos, la casa en la que viven y la carrera que persiguen. Sin embargo, cuando Jonás es seleccionado para ser el “Receptor de la Memoria”, la persona que almacena todos los recuerdos del pasado, se cuestiona sobre lo que realmente significa ser humano y se da cuenta que la medicación erradica la profundidad emocional de la vida humana y consecuentemente el amor. Es indicador, que en nombre de la igualdad, han diseñado un mundo en blanco y negro donde ya no existe el color, simbólica y literalmente hablando, un mundo monótono al igual que sus estaciones, sus paisajes y sus pasiones. Esta visión en blanco y negro revela la estrechez de mira, cuando no la ceguera, de estas personas que han sacrificado la mejor parte de su humanidad, la libertad y el amor, en favor de la seguridad y la comodidad.

 

El crecimiento gradual de la gama de colores ofrece una metáfora visual perfecta para mostrar el despertar de Jonás a medida que aprende más y más sobre lo que la vida solía ser y podría volver a ser. Cuanto más descubre del pasado, más está en desacuerdo con la naturaleza inorgánica y controlada de la vida que lleva. Construir una sociedad sin amor lleva a elaborar conceptos y sistemas de pensamiento que dañan al ser humano, lo desnaturalizan o lo esclavizan. Todo lo que el hombre crea fuera del amor al final se torna contra él y le lleva a la negación de sí mismo. Se ve claramente en esta distopía el poco valor que se concede a la vida y a la dignidad humana. Se practica sin cuestionarse el infanticidio y la eutanasia. El niño ya no nace en el seno de una familia, sino que es concebido artificialmente en un Centro de Crianza. ¡Viva la eugenesia! Al nacer, no tiene nombre, solamente un número pues no es persona hasta que se le entrega a una familia de adopción. Este sistema niega la necesidad del ser humano de ser acogido, amado y poder amar, para formarse plenamente como persona, en todas sus dimensiones. Si se suprime el amor, el hombre vive entonces una no-verdad, miente sobre sí mismo. Cuando Jonás lo entiende, tiene que tomar una decisión: mantener el statu quo o tratar de cambiar su mundo, en contra de la sociedad “perfecta” de los Ancianos. Dice san Agustín (sermón 33): «La esclavitud pertenece al temor; la libertad, al amor». Jonás acepta el riesgo de la libertad y elige en función del amor. «El significado de la libertad aparece con mayor claridad en relación con el amor. El acto supremo de la libertad es el amor».



Jonás experimenta el amor en carne propia a través de los recuerdos del pasado que le proporciona el dador. Esa experiencia del amor cambia su vida.

Jonás titubeó.

? Pero sí que me ha gustado ese recuerdo. Comprendo que sea su favorito. No he captado el nombre de la sensación entera, esa sensación que era tan fuerte en la habitación.

? Amor −dijo el Dador.

Jonás la repitió.



? Amor.

Eran una palabra y un concepto nuevos para él.

Es interesante notar que en casi todas las distopías, por ejemplo Un Mundo Feliz(Huxley), 1984 (Orwell) o Fahrenheit 451(Bradbury), lo primero que se ataca o se destruye es la familia pues es el lugar especial donde se aprende a amar y se es amado por sí mismo. En The Giverla familia también es desvirtuada pero gracias a los recuerdos de familias tradicionales, de matrimonios y familias felices del pasado, Jonás se atreve a preguntar a sus padres adoptivos si sienten amor por él:

? ¡Jonás! ¡Que tú salgas con eso! ¡Precisión de lenguaje, por favor!

? ¿Qué quieres decir? −Preguntó Jonás.

? Tu padre quiere decir que has usado una palabra muy generalizada, tan vacía de contenido que ya casi no se usa −explicó cuidadosamente su madre.

Jonás les miró sin pestañear. ¿Vacía de contenido? Jamás en su vida había sentido nada tan lleno de contenido como aquel recuerdo.

? Y ni que decir tiene que nuestra Comunidad no puede funcionar como es debido si no hablamos con precisión. Podrías preguntar: “¿Estáis a gusto conmigo?”. La respuesta es: “Sí” −dijo su madre.

? O −sugirió su padre−: “¿Estáis orgullosos de lo que hago?”. Y la respuesta es un “Sí” sin reservas.

? ¿Comprendes por qué es insatisfactorio emplear una palabra como “amor”? −preguntó Mamá.

La palabra «amar» ya no tiene sentido en esas comunidades, se remplaza por «sentir» o «hacer». Las relaciones familiares “políticamente correctas” permanecen pacíficas, estables y ordenadas pero no nacen del afecto y del amor. Han sido «aseptizadas»por la medicación impuesta por el Estado que suprime la atracción recíproca y el deseo de unión en el matrimonio, así como la alegría de convivir, comunicarse entre hermanos y ser creativos. No es casualidad que hayan desaparecido el arte, la música, la literatura... y la religión.

Jonás comienza a comprender la trascendencia del amor, y cuando se libera de la medicación, gusta ya de la unión afectiva con las personas que ama. Se deja guiar por ese nuevo impulso y esa nueva luz a través del dador, la única persona capaz de amar en esa sociedad esclavizada. Éste expresa a final de la película: «Si tan solo pudieras ver la posibilidad del amor. Con el amor viene la fe. Y con eso viene la esperanza». El dador es la primera persona que le dice: «te amo», y Jonás experimenta por vez primera el amor de un padre. No solamente se lo dice con palabras, sino que se lo demuestra con los hechos. Le regala los mejores recuerdos de la humanidad sabiendo que los pierde para siempre, pues una vez entregados ya no pueden regresar, y lo cuida como un hijo.

 

? ¿Cuál es el que a usted más le gusta? −preguntó al Dador−. No es necesario que me lo dé todavía −se apresuró a añadir−. Sólo se lo pregunto porque me hará ilusión esperarlo: antes o después lo tendré que recibir.

 

El Dador sonrió.

?Túmbate −dijo−. Te lo doy encantado.

Jonás sintió la alegría desde el primer instante. A veces le costaba un rato orientarse, saber a qué estaba. Pero esa vez entró directamente en la felicidad que impregnaba el recuerdo.

Con la experiencia de ese amor paternal, es capaz a su vez de dar amor y de susurrar por primera vez «te amo» al oído de su hermanito Gabriel. De la paternidad a la filiación y de la filiación a la fraternidad, Jonás, siguiendo el ejemplo del dador, entrega sus más preciados recuerdos a Gabriel. El amor verdadero se convierte en donación, identificación, entrega y diálogo, y le impulsa a salir de sí mismo para buscar el bien de las personas que ama: el dador (amor paternal y filial), Gabriel (amor fraternal) y Fiona (amor esponsal). Su recorrido se podría resumir con estas frases del muchacho Santiago en su conversación con el Sol en El Alquimista de Paulo Coelho:

 

Es lo que hacen los Alquimistas. Muestran que, cuando buscamos ser mejores de lo que somos, todo a nuestro alrededor se vuelve mejor también [...]. Ahí es donde entra la fuerza del Amor, porque cuando amamos, siempre deseamos ser mejores de lo que somos.

 

Jonás usa la manzana (imagen que sutilmente pone en duda la felicidad de ese falso paraíso) para eludir la inyección que borra toda emoción y deseo. En el engañoso Jardín del Edén, entrega la manzana a Fiona para que siga su ejemplo y rechace lo que no responde a la verdad del hombre, lo que aniquila el valor único y personal de la existencia: «Fiona, necesito que hagas esto. Necesito que sientas lo que sé». El color rojo de la manzana no es casual. Podría ser verde o amarillo, pero el rojo es el color de la pasión y del amor. De hecho es el primer color que percibe Jonás cuando deja la medicación y comienza a cuestionar el control opresivo del gobierno. Fiona a su vez empieza a ponerse en contacto con toda su humanidad y a verse integralmente a sí misma, condición indispensable para amar porque un amor plenamente humano y total debe abarcar la persona en todos sus niveles: sentimientos y voluntad, cuerpo y espíritu, etc. También ha sido preparada de alguna forma para responder al amor con amor. En muchas ocasiones, se ve como desea el bien de los demás, como se preocupa por ellos, como da lo mejor de ella misma. Cuando se reúnen los tres compañeros de colegio, Jonás, Fiona y Asher, y este último pregunta: «¿quiénes somos?», Fiona responde: «somos amigos». La amistad es un tipo de amor. Se percibe igualmente que Fiona tiene un corazón muy grande, muy maternal cuando se ocupa de los bebés del Centro de Crianza. Estas cualidades le ayudan a vencer sus dudas y apoyar a Jonás, arriesgando su vida, así como Jonás pone su vida en peligro salvando a Gabriel. La beata Madre Teresa de Calcuta solía decir: «ama hasta que duela y cuando te duela entenderás lo que es el amor». Al contrario de los Ancianos que quieren evitar el sufrimiento a costa del amor, el dador, Jonas y Fiona aceptan que el amor auténtico implica sacrificio. Ahora que Jonás y Fiona han descubierto lo que es el verdadero amor no conciben su vida sin él. Les cuesta aceptar que les hayan robado la parte más bella de su humanidad, lo que hace que la vida valga realmente la pena. «Hay mucho más» había dicho el Dador. Es cierto, y por fin Jonás y Fiona lo están viviendo. Ya decía el papa Benedicto:

 

«La energía principal que mueve al alma humana es el amor. La naturaleza humana, en su esencia más profunda, consiste en amar. En definitiva, a cada ser humano se le encomienda una sola tarea: aprender a querer, a amar de modo sincero, auténtico y gratuito»

 

Esta visión antropológica positiva del ser humano, basada en la Revelación, se opone totalmente a la visión pesimista de los Ancianos que no creen que el hombre sea capaz de actuar de una manera justa y acertada. Es cierto que el corazón del hombre, herido por el pecado, tiende al egoísmo, pero la fe nos dice que el amor es más fuerte y que vale la pena apostar por él. «Por la mañana hazme saber de tu gran amor, porque en ti he puesto mi confianza» (salmo 143, 8).

 

 





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