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La madurez humana
La falta de madurez es causa de inestabilidad y frustración en la vida


Por: Caesar Atuire | Fuente: Toma la vida en tus manos



El gran edificio de la santidad siempre encontrará dificultades, a veces insoslayables, donde falta la formación humana. Es un hecho que la gracia de Dios es lo que más perfecciona al hombre. Pero la gracia no tiene sentido sin el hombre. Necesita un hombre maduro como tierra fecunda para que crezca la semilla. Sin esta base, la semilla de Dios cae en medio de abrojos.

Muchos proyectos de vida y programas espirituales buenos mueren porque falla el hombre. Se pretende ser sin poner los medios adecuados, cuando no se llega a la insensatez de aplicar los contrarios. ¡Cuántas veces después de un retiro, un momento de reflexión, se proponen unas metas que acaban muriendo en un cajón de cosas por hacer! ¡Cuántas personas han llegado a fracasos morales, económicos, familiares, sabiendo bien lo que debían hacer, pero sin haber puesto los medios necesarios para realizarlo! Todo esto se debe en gran parte a la inmadurez.

Además de ser el cementerio de buenos proyectos, la falta de madurez es causa de inestabilidad y frustración en la vida. Pues una persona que vive según las pasiones, según las impresiones del momento, no puede hacer una opción en la vida sin dejar de replanteársela, ponerla en duda, traicionarla, muchas veces, perdiendo así tiempo y energías en una serie de obras emprendidas y nunca terminadas. Es como aquel artista que destruía toda obra comenzada con la ilusión de hacer una mejor, siempre insatisfecho y sin lograr terminar ninguna.


La madurez humana y sus contrarios

Siendo tan importante la madurez humana, conviene precisar un poco lo que es, porque el concepto que uno tiene de ella determina mucho el modo de buscarla. La madurez no es una cualidad única, sino una virtud formada por muchos y variados aspectos. Es como una melodía, un tejido de notas, que juntas dan la armonía que produce en nosotros diversos sentimientos de alegría, de paz o de nostalgia al escucharla. No se puede reducir la melodía a una de las notas. Así la madurez se nos presenta como una gama de actitudes ante la vida. Recurramos a la descripción de sus manifestaciones para discernir el mejor modo de entenderla. Si vamos a describir la madurez, la pregunta ¿qué es la madurez? puede convertirse en ¿quién es el hombre maduro?

En el documento "Optatam totius", los Padres del Concilio Vaticano II lo describen con estas cualidades: estabilidad de espíritu; capacidad para tomar decisiones prudentes; y rectitud en el modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres (cf. 10).

Difícilmente se puede dar una mejor descripción de la madurez humana. Comprende todos los conceptos involucrados en el término "madurez". Sin embargo, si todavía parece genérica, podemos concretarla analizando algunas de la cualidades más destacadas de una persona madura. Pero primero, veamos una opinión que se suele dar acerca de lo que es la madurez humana.

Para algunos, la madurez consiste en llegar a una edad en la que se puede hacer todo lo se quiera, sin límite. Tal es el caso de aquella universidad de Londres que ofrece gratuitamente a los nuevos alumnos una copia de un libro llamado "All the questions I always wanted to ask, but was afraid to ask" ("Todas las preguntas que siempre quise hacer, pero tuve miedo de hacerlas"). Detrás de este título misterioso, se encuentran una serie de ayudas prácticas para el joven que está viviendo fuera de casa por primera vez, es decir, ya "maduro", sobre cómo moverse mejor en la vida. Entre otras cosas, el libro ofrece información de cómo usar y dónde encontrar contraceptivos, dónde se encuentran los clubes homosexuales, cómo conseguir dinero para el aborto y mucho más. En muchos países, a veces sucede que, llegada cierta edad, el joven es considerado automáticamente "maduro", lo cual implica el derecho a consumir bebidas alcohólicas y frecuentar ciertos lugares reservados para personas "maduras".

El error fundamental, podemos decir, en estos casos, es una concepción unilateral de la madurez. Quienes así piensan se preocupan más de lo que se puede hacer que del por qué hacerlo. Ser maduro es mucho más que poder realizar ciertos actos considerados maduros. En realidad, lo importante es que el joven que llega a esta edad sepa no solamente lo que puede hacer, sino por qué y en función de qué puede hacerlo.

El uso de las cosas tiene que estar determinado por un fin que el mismo hombre pone y no viceversa. El hombre no toma cualquier carretera por el mero hecho de tener un coche. Para saber qué carretera tomar, es preciso tener una idea de dónde quiere ir. Por eso, es necesario que el joven tenga un claro objetivo de lo que se pretende en la vida, lo cual determinará el uso de los medios que tiene.





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