Menu


Mi vida apostólica dentro de un seminario diocesano
En general, apoyo la pastoral con oportunidades de voluntariado, misiones y clases de reflexión teológica.


Por: Patricia Klein | Fuente: Semillas de Espiritualidad



Desde Agosto 2012 mi misión apostólica se Desarrolla en el Seminario Diocesano de la Arquidiócesis de Chicago. Tenemos unos 200 seminaristas de 30 diócesis de los EEUU pero también de África y de Europa. Es un seminario con una riqueza grande por su diversidad. Hay seminaristas hispanos, africanos, asiáticos y norteamericanos. Se enseñan dos años de preteología (filosofía) a los que ya tienen un bachillerato o una maestría en otro campo. Después tenemos cuatro años de teología. Muchos seminaristas vienen del “College Seminary” donde ya estudiaron cuatro años de filosofía antes de entrar al primer año de teología.

Formo parte del equipo de formadores. Actualmente somos 14 miembros:

12 sacerdotes, una hermana religiosa dominica y yo, consagrada del Regnum Christi. Mi título oficial es “decano asociado de la formación”

¿Y qué significa esto?

A través de los últimos cuatro años la misión ha evolucionado. En general, apoyo la pastoral con oportunidades de voluntariado, misiones y clases de reflexión teológica. Además, doy diálogos de formación humana y reporto al director vocacional de cada seminarista. Junto con el ViceRector de Formación llevo las sesiones de formación humana del primer año de teología. También estoy estudiando para obtener un certificado que se llama Doctorado de Ministerio para enriquecer la misión.



¿Y por qué querían los administradores una mujer consagrada y más específicamente una mujer consagrada del Regnum Christi?

Porque quieren que los seminaristas estén expuestos a la realidad diversa de la Iglesia Católica. Estoy aquí porque presento una de las muchas vocaciones que existen en la Iglesia. Lo que aporto a la formación de los seminaristas es en primer lugar mi consagración y mi ser mujer. Mi vida está totalmente dedicada a Dios, mi único amor es Jesucristo, soy célibe y soy feliz. No soy un ángel porque también me pueden ver a veces luchando para guardar la paz y la calma, caigo porque soy humana pero esto no me impide amar a Jesucristo y crecer en santidad al ritmo que Dios permita. Mi propia consagración les muestra que vale la pena de dar la vida por Cristo y por Su Iglesia, Su Pueblo amado. Una vida célibe es posible a pesar de las tentaciones y obstáculos que podemos encontrar. Todo se puede con Aquel quién nos conforta.

También soy mujer y me gusta ser mujer. Como futuros sacerdotes, nuestros seminaristas se van a encontrar trabajando con mujeres en las parroquias. Las mujeres, pensamos y nos expresamos diferente, muchas veces vemos y experimentamos las realidades, especialmente las relaciones humanas, muy diversamente de los hombres. Cuando trabajo con los seminaristas de cerca en el Apostolado de Justicia Social y de la Vida, nos damos a veces cuenta de esto.

Yo aprendo de ellos y ellos aprenden mi punto de vista. También aprenden trabajar bajo la autoridad de una mujer, que para algunos puede resultar más difícil que para otros.

Yo estoy muy contenta en este apostolado. Nuestros seminaristas tienen mucho entusiasmo, quieren amar a Dios y al pueblo de Dios con sinceridad. Es un honor poder servirles. Tenemos seminaristas de las edades de 22 a 61 años. Esto es una riqueza en sí. Disfruto mucho la energía y las bromas de los más jóvenes y me admiro de la humildad y apertura de los más maduros. Cada vez me sorprende la creatividad de los seminaristas en momentos de descanso y de fiesta comunitaria. Me rio mucho con ellos. ¡Son a veces bien locos! Pero los quiero mucho y los considero todos como hijos espirituales. De hecho, fueron ellos que me enseñaron lo que significa verdaderamente ser madre espiritual.



Aprecio muchísimo a mis colegas sacerdotes. No puedo tener mejores compañeros de trabajo. Me edifican y me estimulan a crecer en la santidad personal. ¡Cuando sea grande quiero ser como ellos! Cada uno es muy diferente y cada uno es una invitacióna crecer. Admiro como viven desde la Palabra toda su vida cotidiana. Vienen de la Palabra para regresar a ella. Me da hasta santa envidia. Hay mucha profundidad espiritual combinada con un espíritu de niño. También con ellos me rio mucho. Me consideran como hermana y para mí son como hermanos.

A través de los años hemos crecido en amistad y en mutuo respecto por nuestras respectivas vocaciones. Esto no quiere decir que a veces no les entiendo o que me molesto porque siento que no ven las cosas como yo los veo. Gracias a Dios, tengo la confianza de poder expresarlo y de saberme escuchada. Siento que aprecian mi presencia y mis aportaciones.

Veo claramente como mi ser Regnum Christi enriquece esta misión. Sabemos apreciar y disfrutar la internacionalidad que no siempre es fácil de vivir cuando muchas culturas viven bajo el mismo techo. Nuestro deseo de unidad dentro de la diversidad esun don y profundamente eclesial. Somos conscientes que el trabajo en equipo es bendecido por Dios, que no es fácil pero es fructífero cuando lo vivimos en caridad, honestidad, verdad y humildad. Nuestro amor por la Iglesia nos lleva a responder prontamente a las necesidades de la Iglesia en lo que podemos, nos importa encontrar soluciones adecuadas, nos importa porque nos sentimos hijas e hijos de la Iglesia Universal.

Somos misioneros de corazón, vemos a Cristo en los más necesitados y tenemos el don del entusiasmo para llevar otros a esta experiencia transformadora. Nuestra experiencia de los últimos años nos ha hecho ver el gran valor de la comunicación. Cuando todos sabemos a dónde queremos ir y como queremos llegar, se puede caminar más fácilmente juntos dejando al Espíritu Santo la última Palabra.

En el Movimiento he aprendido amar a Jesucristo, a rezar, a vivir una vida centrada en Él, a ser misionera, a no tener miedo a la verdad, a buscar el diálogo y a confiar en la Providencia de Dios. Todas estas lecciones de vida forman parte de mi misión con los seminaristas.

Les animo a ser honestos con ellos mismos, a vivir en verdad frente a Dios, a apreciar los dones de los demás, a crear comunidad y fraternidad entre sí, a conocer sus dones y debilidades, a no tener miedo a lanzarse, a ser misericordiosos con uno mismo y con los demás, a servir y dar de su tiempo a la comunidad y a los necesitados, a  disfrutar la vida con Cristo a su lado.

Finalmente, puedo resumir mi misión así: Tengo el honor de apoyar y participar en la gran misión de formar apóstoles, futuros sacerdotes para la Iglesia Católica, y lo hago a través de mi  consagración total a Dios y con el carisma que Dios nos regala para servir a nuestros hermanas y hermanos, hijas e hijos suyos. Thank you, Jesus!

 

1 Nací en Herford, Alemania y me consagré en el Regnum Christi el 5 de septiembre de 1996. Tengo un hermano legionario, el P. Thiemo Klein LC, y un papá que ama las misiones médicas en Quintana Roo. Mi mamá funge a veces como mi Directora Espiritual y mi hermana sobresale por su gran corazón siempre servicial. Estoy orgullosa de poder llamar la comunidad de Chicago mis hermanas. Estoy en mi quinto año de trabajar en el seminario.

 







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |