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Ser testigo de la verdad
Juan 5, 33-36. III Viernes de Adviento. Ciclo A. Hago aquello el Padre me ha concedido realizar


Por: H. Cristian Gutiérrez LC | Fuente: www.missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Creo en Ti, Señor. Creo que eres mi Dios y mi todo. Confío en Ti y sé que nunca me defraudarás. Te amo porque no puedo hacer nada menos que ello. Aumenta y fortalece en mí estas tres virtudes para que así pueda descubrirte siempre en todos los momentos y circunstancias de mi vida. Gracias, Señor, por todos los beneficios que me das. Pongo en tus manos mi vida, mis intenciones y todo lo que llevo en mi corazón. Madre mía, ayúdame a preparar un buen lugar en mi corazón a Jesús que viene en camino.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)



Del santo Evangelio según san Juan 5, 33-36

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Ustedes enviaron mensajeros a Juan el Bautista y él dio testimonio de la verdad. No es que yo quiera apoyarme en el testimonio de un hombre. Si digo esto, es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron alegrarse un instante con su luz.

Pero yo tengo un testimonio mejor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar y que son las que yo hago, dan testimonio de mí y me acreditan como enviado del Padre”. 

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.



En este pasaje me hablas de dar testimonio de la verdad con obras, obras concretas. Más que el testimonio que Juan dio de Ti, tus obras eran la prueba más clara de ser el enviado de Dios. Así también me invitas hoy a ser testigo de la verdad.

Para ser testigo de algo es necesario primero estar seguro de lo que se quiere testimoniar, haberlo vivido, presenciado, experimentado. Dame la gracia, Señor, de conocerte y  experimentarte cada día más y más, para así poder ser un testigo creíble en el mundo de hoy.

Ser testigo de la verdad se puede traducir en mi vida a vivir mis compromisos de cristiano como sé que los tengo que vivir. El cristianismo más que estar escrito en libros, artículos y sumas debe estar escrito en mi vida, en mis acciones de caridad, de benedicencia, de perdón, de misericordia. Ser cristiano conlleva necesariamente ser testigo de Ti: verdad que no pasa, que da sentido a todo, que sustenta mi existencia y mi conocimiento. 

Yo, siendo cristiano, estoy llamado a ser lámpara que ilumina el camino de los extraviados, de los confundidos, de los desorientados. Mi vida debe ser alarma que despierte interrogantes en los demás. Interrogantes que lleven a la búsqueda y respuesta de la verdad que eres Tú mismo.

Ayúdame, Señor, a experimentarte profundamente, a ser un testimonio encarnado de la verdad y a ser antorcha que brille en mi entorno por el buen ejemplo de vida cristiana auténtica.

«Gracias a este camino, siempre guiado por la Palabra de Dios, cada cristiano puede transformarse en testigo de Jesús resucitado. Y su testimonio es mucho más creíble cuanto más transparenta un modo de vivir evangélico, gozoso, valiente, humilde, pacífico, misericordioso. En cambio, si el cristiano se deja llevar por las comodidades, por las vanidades, por el egoísmo, si se convierte en sordo y ciego ante la pregunta sobre la “resurrección” de tantos hermanos, ¿cómo podrá comunicar a Jesús vivo, como podrá comunicar la potencia liberadora de Jesús vivo y su ternura infinita?»
(Homilía de S.S. Francisco, 19 de abril de 2015).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Iniciaré con fervor el rezo de la novena de preparación para Navidad.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!       

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

 





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