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La Navidad explicada
La belleza de la Navidad descrita desde el punto de vista histórico y popular

Sorprende el hecho de que muchos padres han contado, y siguen contando a sus hijos, por estas fechas, la narración de los hechos que motivaron esta fiesta


Por: francisco@micumbre.com | Fuente: Escuela para padres Mi Cumbre



¿QUÉ ES LA NAVIDAD?  Probablemente, si hiciéramos una encuesta popular con esa pregunta, todo el mundo sabría qué contestar, en cualquier continente del mundo, aunque posiblemente no todas las constataciones serían las que consideramos correctas. Podríamos recopilar más o menos las siguientes respuestas:

          -Es una fiesta grande: cuando viene Santa Claus o el Papá Noel.

          -Cuando dan vacaciones en los colegios.

          -Cuando se pone la feria y los circos.

          -Cuando nos vamos a esquiar.



          -Cuando nos reunimos toda la familia para una buena comida.

          -Es cuando se celebra el nacimiento de Jesús en Belén.

Alguna de esas respuestas se podrá dar incluso en países que no tienen tradición cristiana (Japón, por ejemplo), pero que, por influencias occidentales, engalanan las calles y los comercios  y celebran la fiesta sin saber por qué.

 

Un paso adelante en la comprensión de la Navidad (N.) supone el hecho de que muchos padres han contado, y siguen contando a sus hijos, por esas fechas, la narración de los hechos que motivaron esta fiesta. Los narran por costumbre, como una bella rutina, acompañada de una serie de exposiciones belenísticas, preciosamente construidas, mediante las cuales los niños saben que  en un lugar nació una noche un niño en un humilde portal, recostado en un pesebre; que unos ángeles cantaban, mientras unos pastores venían a traerles regalos y que a lo lejos aparecían tres camellos con tres reyes, guiados por una estrella, que le llevan al niño oro, incienso y mirra, y que esos reyes siguen trayendo regalos todos los años a los niños que se han portado bien.



 

Esta explicación es ya casi la Navidad, aunque habría que decir algo más, que lo dejamos para el final; pero de momento con esa bella historia podemos “funcionar”…Las bellas historias, las narraciones, parábolas, cuentos, son siempre útiles.

 

No hace mucho tiempo, un cardenal de Los Angeles (USA), llamado Roger Mahoney, escribía: “Durante miles y miles de años, la gente ha contado historias cuando estaba asustada, sentía soledad o confusión; necesitaba juntarse para dar sentido a sus vidas y contarse historias de amor, o de guerra, de valentía, o de humor. Nos gusta contar o escuchar historias; los humanos somos así”.

 

Jesús  fue también narrador de historias, a las que llamaba parábolas. Jesús era oriental y hablaba para orientales, que tienen gran imaginación y para quienes una imagen retórica, una narración, sugiere mucho más que un concepto abstracto. Es un lenguaje que sirve para ser interpretado y da paso a que la inteligencia deduzca una verdad importante. Lo que conviene a nuestra civilización cristiana es no olvidar que esa bella narración no es un simple cuento de hadas, una “story” o un “tale”, como dicen los ingleses, sino una “History” (con hache), que ocurrió realmente en un lugar y tiempo determinados y con un fin muy concreto.

 

¿CUÁNDO OCURRIÓ? PRIMERO? : ¿En qué año? Este es un tema un poco debatido y, al mismo tiempo, divertido de considerar: Jesús nació y tras su vida, muerte y resurrección, los cristianos sólo se ocuparon de vivir tal como Él enseñó, y de extender su evangelio, y así pasaron muchos años (invasión de los romanos, persecuciones de los primeros emperadores romanos, conversión de Constantino, división del imperio romano, llegada de los pueblos bárbaros, etc.) cuyos años se iban contando oficialmente desde una fecha: la fundación de Roma, que era el año 1º, lo cual se indicaba en los documentos con las iniciales U.C. (“Urbis conditae”= fundación de la ciudad).

 

Pero varios siglos después de Cristo, el imperio romano se había desmoronado por la división entre oriente y occidente y la invasión de los bárbaros. Roma ya no era la cabeza de un imperio, y es entonces cuando un monje llamado Dionisio el Exiguo (por su baja estatura física pero de gran talla intelectual, porque escribía y compilaba decretos de los Papas y decisiones de Concilios), decidió cambiar el cómputo de los años, iniciándolo desde el año en que nació Cristo. Se basó para ello en el evangelio de Lucas (3, 23) en el que dice que al empezar su vida pública Jesús, tenía 30 años. Y en unos versículos antes (Lucas 3, 1) describe que ello ocurrió en el bautismo que recibió de manos de Juan el Bautista, en el Jordán, “en el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilatos gobernador de Judea, Herodes virrey de Galilea, etc.”

 

Confrontando tablas romanas de cronologías, Dionisio dedujo que el año 15 de Tiberio correspondía al año 783 U.C. (de la fundación de Roma). Restando los 30 que tenía Jesús en aquel momento, obtuvo que había nacido en el año 753 U.C., así pues, el año 754 U.C. debería llamarse el año 1º D.C. (después de Cristo). Por tanto, Dionisio, que había estado viviendo hasta entonces en el año 1.275 U.C., se encontró viviendo en el año 526 D.C. (o sea, en el siglo VI).

 

Este nuevo cómputo fue admitiéndose poco a poco por todas las naciones cristianas; al Reino de Valencia llegó tarde, en el año 1.358. Por supuesto que en algunas naciones donde dominan otras religiones, el cómputo de los años es muy diferente, pero para las relaciones internacionales actuales, se usa ese cómputo de años que originó Dionisio el Exiguo. Sin embargo, historiadores modernos descubrieron que Dionisio se había equivocado un poco. El evangelio de Mateo (2, 1) aporta un dato no visto por Dionisio: que “Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: -¿Dónde está ese rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella y venimos a rendirle homenaje. Al enterarse el rey Herodes se sobresaltó…” Según unas citas del escritor romano Flavio Josefo, el rey murió en un año que, traducido al cómputo cristiano, equivaldría al 4º antes de Cristo. Si sumamos dos más que vivió Herodes tras la llegada de los Magos, nos da un posible error de seis o siete años. Hubo quien propuso cambiar todas las fechas de la Historia, de forma que en los libros se escribiera que el descubrimiento de América no sería en el 1492 D.C., sino en el 1.499; y que, por ejemplo, la simpática fecha de la batalla de las Navas de Tolosa no sería 1212, sino 1219, etc. etc. Semejante barbaridad no valía la pena, y así lo único que pueden decir los historiadores es que Jesús nació en el año 7 antes de Cristo… 

 

Sabemos, pues, el año de la Navidad o nacimiento de Jesús. Pero ¿SABEMOS EL DÍA?. Esto es más difícil porque, desgraciadamente no se conserva un registro civil de la época… Hay un “carol” (que es como los ingleses llaman a los villancicos) que siempre me ha hecho gracia porque dice lo siguiente:

 

 “God rest you merry, gentlemen; let nothing you dismay, for Jesus Crhist, our savior, was born a Crismas day”.

 

Esto nos indica la objetivación de la palabra Navidad, o su equivalente en inglés, pues nos dice, traducido al español: “Dios os guarde alegres, caballeros; que nada os perturbe, porque Jesucristo, nuestro salvador, nació en un día de la Navidad”. Ese día es, desde hace muchos años, el 25 de diciembre.

 

Para los romanos, el día del nacimiento (y sus aniversarios) era el “dies natalis”. El día más importante para ellos era el “dies natalis solis invicti”, o sea, el día del nacimiento del sol y su divinidad (en los griegos era “Helios”), que tenía lugar el equinoccio de invierno, fecha de la victoria de la luz sobre la noche más larga del año, es decir, cuando empieza a alargar el día, que era el 25 de diciembre. Para los cristianos, (que no sabían el día exacto en que nació Jesús) la luz verdadera, la luz del mundo era Jesucristo, y pensaron que era una buena fecha para celebrar el nacimiento del que era más que el sol. Así pues, cristianizaron una fecha pagana, al contrario de lo que se intenta hacer ahora en algunos lugares: paganizar las fechas cristianas.

 

Tenemos datos históricos escritos sobre esa celebración, aunque probablemente se iniciaría antes, pues el documento escrito siempre se produce bastante después que el acontecimiento real. El primer dato es un calendario litúrgico del año 354 d.C. y durante ese siglo IV hay datos de otras celebraciones de la fiesta de Navidad en el occidente cristiano. En Oriente se solía celebrar la Navidad junto a la Epifanía o adoración de los Magos (que para occidente es el 6 de enero).

 

Uno de los documentos históricos más valiosos de aquella época, mundialmente apreciado, es el “Itinerario de la virgen Egeria a los Santos Lugares”, que se ha fechado del año 381 al 386. Hay 133 obras literarias comentando ese viaje, glosándolo, traduciéndolo por diversos autores de múltiples países. Se conserva un manuscrito que es copia del que Egeria escribió, y no está completo pues se perdió parte de él, concretamente el relato desde que parte de aquí hasta que llega, lo que era un viaje heroico que duró varios años. El resto es descripción de lo que esta monja, probablemente de Galicia, vio en Tierra Santa: iglesias y lugares que fueron después destruidos por los musulmanes, y después reconstruidos por los Cruzados, algunos descubiertos gracias a la descripción de Egeria. Cuenta cómo se celebraban las fiestas y los domingos, las oraciones que se hacían, las lecturas, los ornamentos. Narra la fiesta de la Epifanía y dice que “en Belén, durante ocho días completos, celebran también cada día esos mismos festejos (que antes ha descrito en Jerusalén), con gran alegría y solemnidad, por lo que acuden de todas partes gentes, no solo monjes, sino seglares, hombres y mujeres”.

 

Aquí, el occidente cristiano, la costumbre de la Misa por la noche se inicia con el Papa Sixto III en el año 432, y en Santa María la Mayor, de Roma (iglesia que luego fue reconstruida). Este Papa hizo construir en dicha iglesia una capilla que era una copia de la gruta de Belén, por lo que durante tiempo se llamó a esa iglesia “Santa María del Pesebre”.

 

CÓMO SE CELEBRA LA NAVIDAD.- La liturgia de las iglesias cristianas varía un poco de unas a otras. Nuestra Iglesia Católica celebra una Misa en la víspera o vigilia de Navidad; otra Misa por la noche, que llamamos “misa del gallo”; otra al amanecer, la llamada “misa de la aurora” y, por último, la Misa del día. No en todos los templos se celebran todas estas cuatro Misas, pero están en el Misal.

 

Alrededor de la liturgia oficial de la Iglesia, se han ido formando en el decurso de los siglos una serie de COSTUMBRES POPULARES originadas por la devoción de las gentes, que no por iniciativa de la jerarquía eclesiástica, pero admitidas por ella, que han contribuido a crear un ambiente alegre y festivo, tanto dentro de los templos, como en las casas particulares y hasta en las calles de las poblaciones. Ya en el siglo V se compusieron cánticos sobre la encarnación y el nacimiento de Jesús, muchos de ellos de origen popular anónimo, y también obra de compositores más o menos famosos.

 

En España los llamamos “villancicos”, aunque este nombre es adoptado de cantos populares de las villas, sobre temas variados (de amor, de humor, etc.) En inglés se llaman “carols”; en francés, “chansons de Noel”; en alemán, “weihnachtslieder” (pronunciar “vaij-najt-slider”); en italiano, “natale”; en valenciano, “nadalencs”, etc.

Es curioso observar cómo influye en estas canciones el carácter mediterráneo, alegre, espontáneo, imaginativo, que se refleja en unas letrillas llenas de buen humor e incluso, a juicio de algún nórdico, rayanas en la falta de respeto, pero que nacen del cariño familiar. Veamos algunos ejemplos:

 

-“San José al niño Jesús, un beso le dio en la cara/ y el niño Jesús le dijo: que me pinchas con las barbas”.  Hay muchos ejemplos de villancicos de este tipo. Alguno de ellos no se debería de cantar, por ejemplo: “En el portal de Belén, gitanillos han entrado, y al Niño que está en la cuna, los pañales le han robado”. Otros son más finos: “La Virgen se está peinando, entre cortina y cortina; sus cabellos son de oro, el peine de plata fina”.

En valenciano los hay muy graciosos también: son famosos aquí los del “Triptic nadalenc” de Blanquer: “Pastoret on vas”, “A Belém m´en vaig” y “Feume lenya que tinc fred”, así como aquel que canta. “Sant Jusep se fa vellet i no pot pujar la escala; matarem un corderet per a tota la semana”, etc.

 

Son famosos en Sevilla los “campanilleros”, grupos de niños que los días de Navidad van recorriendo bares y cafeterías cantando villancicos, ayudándose con instrumentos baratos: un cántaro golpeado con una zapatilla, una botella de anís rascada con una cuchara, unos hierros, una zambomba, etc.

 

Al contrario, en países más nórdicos, los cantos son más serios e incluso a veces, lecciones de teología. Hay muchos de ellos, solo mencionaré el famoso “Stille nacht” (noche silenciosa), “Es ist in ros entsprungen” (nos ha nacido una rosa de le vara de Jesé), ambos en alemán; o los ingleses: “The first Nowell” (la primera Navidad) o “Away in a manger” (Allá en un pesebre, sin una cuna por cama, el pequeño Señor, Jesús, su cabecita reposaba. Las estrellas del cielo miraban donde él yacía, y el pequeño Señor, Jesús, entre las pajas dormía). También “Once in royal David´s city”, etc.  La riqueza y variedad de canciones de Navidad es inmensa, y aparte de las más famosas, hay otra muchas creadas en plan casi anónimo: hay un colegio en Valencia que tiene editados unos discos con villancicos muy graciosos creados por las alumnas: Guadalaviar.

 

LOS PESEBRES, BELENES O NACIMIENTOS. También llamados “misterios” en Andalucía, son otra de las formas de celebrar la Navidad. El primero se creó en Greccio, villa italiana, por obra de San Francisco de Asís y sus frailes, que iniciaron la costumbre de representar el nacimiento de Jesús en la cueva de Belén, poniendo las figuras de la Virgen, San José, el Niño, y también una burrita y un buey, teniendo presente lo que dice Isaías al comienzo de su libro (1, 3): “Conoce el buey y el asno a su dueño, pero Israel no entiende; mi pueblo no tiene conocimiento” (es un lamento de Yavé). Esta costumbre se ha extendido por todo el mundo y, sobre todo en los países meridionales de Europa, Italia, España, Francia, se siguen poniendo “belenes” en las iglesias y en las casas. A veces hay hasta concursos para ver quien los hace mejor. Son famosos los de Milán, también los de Salcillo, en Murcia, y otros muchos.

 

Además de los montes, riachuelo, palmeras, etc. se ponen muchos pastores que llevan regalos al Niño Jesús, así como el ángel anunciador. En alguna comarca aparece alguna figura especial: me referiré sólo a un personaje típico de los belenes en Sicilia y en Francia, llamado el “maravillado” o el “Raví”. Está junto al portal con las manos vacías, brazos abiertos en plan de asombro. Según esa tradición, ese pastor está admirado, se siente feliz. Alguien le dice: ”Tú eres un holgazán, no has traído ningún regalo”, pero la Virgen intercede: “No hagas caso, Raví, porque tú estás puesto en la Tierra para maravillarte”. La Virgen nos dice, pues, que el mundo será maravilloso mientras existan personas capaces de maravillarse.

 

EL ARBOL DE NAVIDAD. Suele ser un abeto, el famoso “tannenbaum”, en alemán. Es otra costumbre navideña, originaria de países nórdicos y que se ha extendido últimamente mucho por el nuestro. Hay casas en que ponen un árbol de navidad sólo, y otras en que ponen además un belén. Tiene raíces cristianas: en Alemania, en la Edad Media, los cristianos celebraban el 24 de diciembre, víspera de Navidad, la “fiesta de Adán y Eva” y con este motivo ponían un árbol del paraíso, en sus ramas colgaban rojas manzanas, en recuerdo de la famosa manzana que mordió Adán, y también velas encendidas que significaban la llegada de la luz de Cristo. Sobre el árbol ponían la estrella de Belén. Esta costumbre pasó en el siglo XVII a los países eslavos y más tarde, en el XIX, a Francia.

 

LOS REYES MAGOS. Es costumbre en España que el día 5 de enero, por la noche, víspera de la Epifanía, los Reyes Magos de Oriente llegan a todas partes dejando regalos a los niños que se han portado bien.

 

SANTA CLAUS.- Es una derivación, surgida en Holanda, del nombre de San Nicolás de Bari. Este santo, nacido en Asia menor, al sur de la actual Turquía, en el siglo IV, y del cual se desconocen muchos detalles de su vida, aunque se sabe que fue perseguido por Diocleciano, adquiere gran importancia siglos después, al redactarse una vida de santos en la que se recogen muchos milagros hechos por él. Sus restos fueron trasladados desde Turquía hasta Bari, Italia. Era un santo muy generoso y por ello en los Países Bajos, en Navidad y también el día 6 de diciembre, San Nicolás trae los regalos a los niños.  Una derivación de él es PAPA NOËL.

 

LAS “ESTRENAS”, el “aguinaldo” o propinas que se dan en Navidad por los padrinos a sus ahijados es otra costumbre derivada de los primeros cristianos de Roma, que a primeros de año daban unas propinas (dinero o dulces) a los hijos y a los criados, para “estrenar el año”.

 

Podemos pensar que con motivo de los Reyes Magos, de Santa Claus, de Papá Noel, de las estrenas, etc. los más beneficiados son los comerciantes, que además crean otras fiestas propicias para el gasto: San Valentín, en febrero; San José y el día del padre, en marzo; el día de la madre en Mayo, el día del abuelo en junio; en octubre, Sant Dionís, en noviembre, “todos santos” y “ya es Navidad en el Corte Inglés”…

 

En conclusión, la Navidad no debe ser solo una bella historia, un relato de algo que aconteció hace más de dos mil años…Debe ser algo presente, no solo porque el llamado “espíritu de la Navidad”, que ha dado lugar a preciosas películas, (recordemos “Qué bello es vivir”, o “Milagro en la calle 34”, “De ilusión también se vive”, el famoso “Cuento de Navidad “ de Dickens, etc.) ha de durar siempre, todo el año, sino porque nosotros, los que nos llamamos cristianos, hemos de tener muy presente que Jesús  nació aquel día y que vive hoy, que no se nos ha ido nunca y está siempre con nosotros, y nos enseña a ser generosos, cariñosos, pacíficos, caritativos, podríamos decir, felices.

Aquel acontecimiento que ocurrió en un humilde portal de Belén, ha marcado la vida de los hombres. Nuestra civilización occidental ha sido influida por las enseñanzas del evangelio, y por el respeto a la dignidad y a la libertad de la persona, ha dado lugar a regímenes democráticos, a pensamientos filosóficos y políticos avanzados, a empresas económicas pioneras, a un patrimonio artístico inmenso en todas las manifestaciones del Arte, en aras de la iniciativa privada, fuente de creatividad.

 

El llamado “humanismo cristiano” que ha inspirado el ideario de muchos políticos, que han seguido también la doctrina social de la Iglesia, dio lugar al nacimiento de Europa, y como extensión, la civilización del Nuevo Mundo.

 

Este artículo lo ha escrito un querido amigo para una de sus conferencias. Me ha pedido que mantenga su anonimato, pero si Vd. tiene alguna pregunta o comentario, se lo haré llegar. Me pueden pedir las referencias bibliográficas que ha consultado para hacerlo.

francisco@micumbre.com





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