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La Eucaristía es Banquete de unidad
Libro "La Eucaristía"

En este Banquete nos unimos todos, participando de un mismo Cuerpo y de una misma Sangre.


Por: P Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic.net





Entremos en el “sancta sanctorum” de la eucaristía. La eucaristía encierra estos aspectos:
 

  • Primero: La eucaristía, es banquete que muestra la unidad de la Iglesia y en la Iglesia.
     
  • Segundo: La eucaristía es el Sacrificio de Cristo en la Cruz para salvarnos. Sacrificio renovado y actualizado en nuestros altares. Sacrificio que da la vida.
     
  • Tercero: La eucaristía mira también hacia el futuro, hacia el cielo, ya que es prenda de la gloria final.
     
  • Cuarto: La eucaristía nos une personalmente con Cristo, nos hace entrar en comunión con Cristo de una manera íntima, pero real.
     
  • Quinto: La eucaristía requiere fe, pues es el misterio de fe por excelencia. Por eso, nos pregunta Cristo: “¿También vosotros queréis iros?


    Veamos el primer aspecto: ¡La Eucaristía es el banquete que muestra la unidad de la Iglesia y en la Iglesia!

    Lo primero que llama la atención cuando participamos de la santa misa es su carácter de banquete. Observemos a nuestro alrededor.
     
  • Vestimenta del sacerdote, según el período litúrgico.
  • Manteles limpios y tendidos sobre el altar.
  • Flores variadas que perfuman el recinto sagrado.
  • Velas sobre el altar que invitan a la cena.
  • Pan y vino compartidos, convertidos en Cuerpo y Sangre de Cristo.
  • Alegres cantos.
  • Saludos y abrazos de paz y fraternidad.

    Este banquete está ordenado a la unidad de la Iglesia. Tanto el pan, elaborado con muchos granos de trigo, como el vino, exprimido de muchos racimos, constituyen también un símbolo de la íntima unidad que la eucaristía realiza entre nosotros, que somos muchos.

    Asimismo, la gota de agua que el sacerdote mezcla con el vino es expresión del pueblo cristiano que se sumerge en Cristo. Por tanto, ya en el plano de los signos que vemos en cada misa: banquete, pan, vino, gota de agua, cantos... se muestra la eucaristía como sacramento de unidad de la iglesia. Ahora entendemos por qué el Papa Juan Pablo II en su encíclica sobre la eucaristía titula el capitulo II: “La Eucaristía edifica la Iglesia”, y el capitulo IV: “Eucaristía y comunión eclesial”

    La eucaristía es banquete que realiza la unidad de la Iglesia. El que recibe la eucaristía, el que comulga, manifiesta que está unido con Cristo. Y como Cristo es la Cabeza, y su cuerpo es la iglesia, y no puede separarse Cabeza y Cuerpo... de aquí se deduce que quien comulga a Cristo Cabeza también se une y se incorpora a su Cuerpo, que es la Iglesia.

    Por eso decimos que la eucaristía es el sacramento de la unidad de la iglesia. Comulgando a Cristo, nos unimos a la iglesia, que es su Cuerpo místico. La eucaristía es lo más excelso, lo más hermoso, lo más valioso.

    Esto hace que, aunque somos muchos, en la eucaristía somos uno en Cristo. Si bien es Cristo quien penetra en nosotros, también es cierto que por la eucaristía penetramos nosotros en Cristo. Y, ¡lo más admirable!, dentro de Cristo, donde la división no tiene cabida, nos encontramos con nuestros hermanos, que en Cristo formamos un solo cuerpo, que es la iglesia.

    La eucaristía es banquete, donde recibimos el cuerpo resucitado y glorificado de Cristo. Y al entrar el Cuerpo glorificado de Cristo en nuestra carne mortal, la va espiritualizando, santificando, purificando y llenándola de inmortalidad. La vida nueva que recibimos y que se aumenta en cada comunión es ya el inicio y germen de la vida eterna.

    Todos nosotros, por naturaleza, estamos divididos en personas bien diferentes individuales y separadas, pero al alimentarnos en este banquete eucarístico de una sola carne –la de Cristo- nos mancomunamos en un solo Cuerpo, el de Cristo.

    Por la eucaristía comulgamos a Cristo, recibimos su humanidad y su divinidad. Y por la eucaristía en cierta manera nos unimos todos. Participando de un mismo Cuerpo y de una misma Sangre, llegamos a ser de un mismo Cuerpo y de una misma Sangre, miembros los unos de los otros. ¡Es algo muy sublime todo esto que estoy diciendo, pero es verdad!

    Ahora entendemos mejor lo que dijo el papa en su encíclica: “La eucaristía edifica la Iglesia”.

    Esta Comunión nos une, no sólo con quienes están hoy aquí con nosotros, compartiendo esta eucaristía, sino con todos los cristianos de todos los tiempos, apóstoles, mártires, santos de todas las épocas que ya están con Dios celebrando la liturgia celestial.

    Por eso, si queremos ser completos, debemos decir que esa unión tan estrecha con la comunión se extiende también a los santos del cielo. Sí, en cada misa, que es banquete, se une cielo y tierra.
    Todo esto que hemos dicho nos compromete a una cosa: a vivir la unión, la caridad y la armonía entre nosotros. Las faltas de caridad atentan contra la eucaristía. Ahora entendemos por qué si no tenemos caridad, si no vivimos la caridad, si no vivimos la unión perfecta en el matrimonio... no podemos ni debemos comulgar.

    Oh, gran misterio el de la eucaristía. Gracias, Señor, por tu eucaristía.



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  • P. Antonio Rivero LC










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