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Fué llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado
San Mateo 4,1-11. I Domingo de Cuaresma. Ciclo A.


Por: H. Hiram Galán LC | Fuente: www.missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Jesús, estoy cansado de esta absurda rutina que agobia mi tiempo. La búsqueda frenética de felicidad fuera de Ti, ha desgastado mis años. Ayúdame a reconocer que sólo en tu corazón descansará mi alma

Evangelio del día (para orientar tu meditación)



Del santo Evangelio según san Mateo 4,1-11

En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer, y al final, sintió hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: "Si tu eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes". Jesús Pero le respondió: Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: "Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden, y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna". Jesús le contestó: "También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".

Después lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras y me adoras". Pero Jesús le replicó: "Retírate, Satanás, porque está escrito: "Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo servirás".

Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles para servirle.



Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

En este pasaje se pueden ver las tres áreas en las que el enemigo del alma suele tentar al hombre y, sobre todo, nos enseña Jesús cuál debe ser nuestra respuesta ante estas tres dimensiones concupiscibles: Placer, poder, fideísmo.

Primero podemos decir que el hombre tiene necesidad de alimento, pero incluso teniendo esta necesidad es capaz de dominar sus instintos a través de la razón por un bien mayor. Por otro lado el deseo de poder es casi connatural en el hombre, va unido a sus primitivos instintos de dominación y supervivencia que buscan una seguridad humana... Y por el ultimo el fideísmo, que a través de un una fe falsa e irracional en algo o en alguien, busca calmar la voz de la conciencia que yace en lo profundo del corazón.

Evidentemente nuestro Señor Jesucristo quiso experimentar primero en su carne estas debilidades para mostrarnos que «Él ha vencido al mundo»; que en Él hemos sido sanados y tenemos la victoria. No importa cuál fuerte parezca el enemigo y sus tentaciones, Cristo es el Señor de la historia.

Tres tentaciones de Cristo. Tres tentaciones a las que el cristiano se enfrenta diariamente. Tres tentaciones que buscan degradar, destruir y sacar la alegría y la frescura del Evangelio. Que nos encierran en un círculo de destrucción y de pecado. Vale la pena que nos preguntemos: ¿Hasta dónde somos conscientes de estas tentaciones en nuestra persona, en nosotros mismos? ¿Hasta dónde nos hemos habituado a un estilo de vida que piensa que en la riqueza, en la vanidad y en el orgullo está la fuente y la fuerza de la vida? ¿Hasta dónde creemos que el cuidado del otro, nuestra preocupación y ocupación por el pan, el nombre y la dignidad de los demás son fuente de alegría y esperanza?.
(Homilía de S.S. Francisco, 14 de febrero de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Me desprenderé de alguna cosa material que aprecio, para beneficiar a otra persona y fortalecer mi voluntad.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

 





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