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Paso de la Dolorosa
No debemos dejarnos deslumbrar por el folclore de las procesiones, sino por el sentido profundo de lo que representan

No es una mera tradición, sino una ocasión para acompañar a María en su sufrimiento por la Pasión de Jesús


Por: Redacción | Fuente: Revista Misión



No hay pueblo que en Semana Santa no saque en procesión un paso de la Dolorosa. No es una mera tradición, sino una ocasión para acompañar a María en su sufrimiento por la Pasión de Jesús. A pesar de la solemnidad de los pasos, “no debemos dejarnos deslumbrar por el folclore de las procesiones, sino por el sentido profundo de lo que representan”, explica Isabel Fernández, presidenta de la asociación cultural Nartex, que desentraña para Misión una de las tallas más emblemáticas de la Semana Santa de Sevilla, la Esperanza Macarena, que comparte los rasgos de las Dolorosas que este año saldrán por nuestras calles.

 

Palio.  Bajo palio van solo las imágenes de la Virgen, símbolo del “manto del Espíritu” que la cubrió tras la Anunciación.

 

Rostro. De ojos negros y ceño traspasado de dolor, cinco lágrimas recorren sus mejillas, símbolo de cinco de sus siete angustias: el anuncio de Simeón, el mandato de huir a Egipto, Jesús perdido en el Templo, el encuentro camino del Calvario, la muerte de Jesús, el descenso de la Cruz y su entierro en el sepulcro. Su boca entreabierta reza por los verdugos de su Hijo.



 

Manos. Las manos abiertas parecen temblar: no saben ya qué más entregar.

 

Dolorosa. María acompaña a su Hijo camino del Calvario y comparte su sufrimiento. Estas tallas tienen un gesto desgarrado, oscurecido por la pena y arrasado por las lágrimas. Suelen ir ataviadas como viudas y lucen en el pecho una espada o siete puñales.

 



Corona. La corona dorada, adornada con esmaltes y brillantes, pone de manifiesto que es Reina de Cielo y Tierra: triunfa sobre el pecado, como la nueva Eva.

 

Manto. Solo en días especiales la Macarena viste el manto negro de las Dolorosas. Lo habitual es que sea verde, color de la esperanza, por la esperanza en la resurrección de su Hijo.

 

Flores. Blancas, símbolo de la pureza de María, concebida sin pecado.

 

Varales. El palio de la Macarena está sujeto por doce varales de plata que representan a los doce apóstoles y están decorados con escenas de la vida de la Virgen. Otros pasos están sujetos por cuatro varales: los evangelistas.

 

Velas.  Una balaustrada de velas con decoración floral, realizadas cada año artesanalmente, ilumina el paso. La cera recuerda el llanto de la Virgen, y su luz, la llama de la fe viva en su corazón.

 

Mariquillas. La Macarena de Sevilla no luce los siete puñales originales, sino cinco flores de esmeraldas, regaladas por el torero El Gallo. Hacen referencia a su corazón transido de dolor, como profetizó Simeón en la presentación del Niño en el Templo: “A ti, una espada te traspasará el alma”.

 

La Macarena, que se encuentra en la iglesia de San Gil, es una de las imágenes más veneradas de Sevilla. Su devoción se extiende por toda España y se conocen copias en Europa, América y Asia. Data del siglo XVII, y aunque de autoría desconocida, se atribuye al entorno de Pedro Roldán. Realizada en madera de pino y ciprés, mide 1,75 m y es de las llamadas “de vestir”: solo están tallados el busto y los brazos. Su cofradía continúa su labor formativa, litúrgica y caritativa durante todo el año.





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