Menu


Pasión por la semana Santa
Un recorrido por las principales reliquias de los últimos momentos de la vida de Jesús.

Cada Semana Santa se actualiza la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Un recorrido que también se puede realizar a través de las reliquias de la Pasión.


Por: Blanca Ruiz Antón | Fuente: Revista Misión



Cada Semana Santa se actualiza la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Un recorrido que también se puede realizar a través de las reliquias de la Pasión conservadas en España. Pero, ¿cómo saber cuáles son verdaderas?


El Grial no es leyenda


Según una tradición ampliamente acreditada, en torno al año 258 d.C., el Papa Sixto II encomendó a su diácono Lorenzo, de origen español, que ocultara el Cáliz que Jesús había utilizado en la Última Cena, para salvarlo de la persecución del emperador Valeriano. El Cáliz había pasado de un Papa a otro desde san Pedro, como indica el hecho de que el canon romano para celebrar la Eucaristía hable de “este cáliz” (y no otro) durante la consagración. Tras pasar por diferentes lugares, llegó a Valencia, donde sobrevivió a la guerra de la independencia y la guerra civil escondido en la casa de algunos fieles.


La reliquia es el vaso superior realizado en ágata, y datado en torno al año 50 a.C., con una factura sencilla pero preciosa, que da a entender un uso solemne, para banquetes o celebraciones de relevancia. Posteriormente se le añadieron las asas y una base a modo de relicario, pues “toda reliquia que ha pasado la Edad Media tiene su relicario de la época”, como explica Jorge Manuel Rodríguez-Almenar, presidente del Centro Español de Sindonología. Rodríguez-Almenar precisa que estudios recientes han revelado que el relicario de Valencia sigue unos patrones acordes al relato del Apocalipsis, y cuenta con la inscripción “Jesús, Dios”, en árabe y en hebreo, lo que determina que, al menos desde el siglo XI, este era considerado el Cáliz de Jesús.


Por rigor científico, insiste en que, como otros objetos históricos, “no se puede saber con total seguridad que estuvo en manos de Jesús, pero tampoco se puede descartar. Lo que sí es cierto es que existe una enorme tradición de que este es el Santo Cáliz que Jesús utilizó en la Última Cena”. Hace tan solo un año, el Vaticano dispuso que cada cinco años se celebrase en Valencia un Año Jubilar del Santo Cáliz, y aunque no se pronuncia –como en ningún caso relacionado con reliquias– sobre su veracidad, cuatro Papas recientes han hecho referencia a él: san Juan XXIII, san Juan Pablo II, el Papa Emérito Benedicto XVI y el Papa Francisco.



 

“El árbol de la Cruz está en Cantabria”


Juan Manuel Núñez es el superior, también llamado Padre Guardián, del monasterio de los Franciscanos en Santo Toribio de Liébana (Cantabria), en el que se custodia, desde hace más de 1.200 años, la mayor reliquia de la Cruz en que murió Jesús. Como explica el franciscano, “en el siglo V, Toribio de Astorga marchó a Tierra Santa como peregrino, se ordenó sacerdote y fue custodio de los Santos Lugares. Durante las invasiones persas, él y sus compañeros recogieron todo lo que pudieron para salvarlo y llevarlo a Roma. Y entre aquellas reliquias, estaba el brazo izquierdo de la Cruz de Jesús”.


Esa parte del madero había sido rescatada por santa Helena, la madre del emperador Constantino, en el siglo IV.Como había varias cruces en el monte Calvario y no sabían cuál correspondía a la de Cristo, llevaron a una persona enferma y, al ponerla en contacto con la Cruz de Jesús, sanó”, explica el padre Núñez. Curaciones que todavía hoy suceden en Santo Toribio de Liébana y de las que el franciscano ha sido testigo. “Con mis ojos –apunta– he visto cómo un hombre que se estaba quedando paralítico sanó, y cómo una chica endemoniada que se resistía con gritos a entrar en la capilla del Lignum Crucis, al tocarlo, quedó libre de esa influencia demoníaca. Lo más bonito es que estas cosas ocurren con una normalidad sorprendente: tocaron, se curaron y todo siguió como cualquier otro día”.


También son necesarias las comprobaciones de la ciencia y por eso, en 1958, el entonces Padre Guardián tomó un pequeño trozo para que se analizara en el Instituto de Investigaciones Científicas. Como señala el franciscano, “el Instituto lo recibió sin saber de dónde provenía la muestra, y a través del Carbono 14 concluyeron, entre otras cosas, que se trataba de madera de un ciprés oriental de hoja perenne, una especie que en España no existía y que abunda en Tierra Santa, con una datación superior a los 2.000 años”.



 

El falso mito del bosque


La devoción al Lignum Crucis se ha mantenido a través de los siglos, y fue especialmente intensa durante el siglo XVI, época en que los peregrinos del Camino de Santiago se desviaban para llegar al monasterio y abrazar la Cruz. “En esa época, los monjes aprovecharon un relicario en forma de cruz, hueco por dentro, para partir el trozo en dos y ponerlo en forma de cruz. Las astillas que sobraron al introducirlo en el relicario fueron distribuidas por conventos y monasterios de todo el mundo”. Y aunque una falsa leyenda arguye que si se juntasen todas las reliquias de la Cruz de Cristo formarían un bosque, la realidad es distinta: las cruces que empleaban los romanos eran enormes para poder clavar a una persona en ellas hasta su muerte, de forma que “si en Santo Toribio tenemos el mayor pedazo que hay en el mundo, seguido por los que se conservan en el Vaticano y en Jerusalén, por muchos trocitos que haya repartidos por el mundo no llegamos a juntar ni la zona en la que Jesús fue clavado de manos”, explica Núñez.

 

El mismo crucificado


El Centro Español de Sindonología (CES) es un referente internacional en el estudio de las reliquias atribuidas a Cristo que sean contrastables científicamente. Su presidente, Jorge Manuel Rodríguez-Almenar, explica que  “creer o no en la autenticidad de estas reliquias no es necesario para la fe, pero son ‘pruebas de credibilidad’, y por eso es importante distinguir las verdaderas de las que no lo son”.


Según asegura, “la Sábana Santa de Turín es una reliquia sorprendente, porque tiene una imagen que no se puede explicar. Cuenta con una serie de manchas de sangre humana del grupo AB, y una impronta, que vista como fotografía en negativo, permite apreciar un cadáver”. En las últimas décadas se ha tratado de explicar cómo se marcó esa huella, pero el procedimiento científico exige que cualquier teoría consiga reproducirlo de forma exacta, con los medios de la época, y hasta ahora no ha sido posible.


Rodríguez-Almenar precisa que en la Sábana Santa o Síndone, “hay dos tipos de marcas distintas: las de la sangre y las del cuerpo. La sangre llegó primero a la tela, tocándola, y después algo ocurrió que dejó la huella del cadáver –sobreimpresionada–, lo que supone un caso único. El fallecido tiene huellas de una persona muerta en vertical, marcas de flagelación y heridas en la cabeza, detalles impropios de un crucificado que no fuera Jesucristo”.

 

Un Sudario imposible de falsificar


Según la tradición, el Sudario que se venera en la catedral de Oviedo fue el mismo que sujetó la cabeza de Jesús al ser descendido de la Cruz por José de Arimatea. En él solo se aprecian manchas oscuras. Se ha estudiado ampliamente desde 1989 y numerosos científicos, con los más modernos instrumentos de investigación, han demostrado que la tela está manchada de sangre del grupo AB, la misma que la Síndone, y que en esas manchas quedó adherido polen de una planta de la Palestina del siglo I, utilizada en los enterramientos.  “Al estudiar las heridas más importantes, se han encontrado signos de que es la cabeza de una persona muerta en vertical, con pelo largo, barba y bigote. Hemos reconstruido en 3D las posiciones en las que estuvo el Sudario y encajan todos los elementos, por lo que puede corresponder a una tela colocada en la cabeza de un crucificado, con una corona de espinas y con encharcamiento pulmonar, el tipo de muerte de Cristo”.


Según precisa, “lo más impresionante es que si el Sudario fuese colocado con las heridas en relieve sobre la Sábana Santa, encajarían los cortes en los mismos sitios”. “Es sorprendente encontrar dos telas con trayectorias históricas diferentes, con las mismas deformaciones del rostro, y una marca del relieve que dibuja las mismas manchas de sangre. Hasta el siglo XXI esto no se ha podido estudiar. Ahora la ciencia nos dice que hay tantas coincidencias entre ambas telas que no pueden ser casuales”.  

 

El Santo Cáliz de Valencia


“Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: ‘Bebed todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados’ ”. (Mt. 26, 27)

 

Lignum Crucis de Santo Toribio de Liébana


“Tomaron a Jesús, y Él, cargando con la Cruz, salió al sitio llamado ‘de la Calavera’ […] donde lo crucificaron”. (Jn 19, 17)

 

Sudario de Oviedo y Sábana Santa de Turín


“Llegó Simón Pedro y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó”. (Jn 20,6)





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |