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Cristo, no se impone, sale al encuentro
San Lucas 24,13-35. III Domingo de Pascua.


Por: H. Cristian Gutiérrez LC | Fuente: www.missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, vengo ante Ti para pedirte que toques mi corazón. Enséñame a orar como enseñaste a tus discípulos. Dame la gracia de creer en Ti, de esperar en tu gracia y de amarte cada día más. Reconozco, Señor, mis pecados y te pido perdón por ellos. Mira mi deseo de seguirte con fidelidad y dame la gracia de ser un instrumento dócil en tus manos al servicio de tu Iglesia.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)



Del santo Evangelio según san Lucas 24,13-35

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?".

Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?". Él les preguntó: "¿Qué cosa?". Ellos les respondieron: "Lo de Jesús el Nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron".

Entonces Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?". Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.



Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!".

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón". Entonces ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Hoy me puedo quedar con dos ideas de este pasaje que me ayuden en la oración. La primera es contemplar cómo los dos discípulos de Emaús pretenden continuar su vida como si nada hubiera pasado. Ellos piensan que todo ha terminado el Viernes Santo en la cruz y ahora se marchan como si nada. Te habían visto, escuchado y tocado. Tal vez habían comido y caminado a tu lado. ¿Y ahora? Ahora se marchan de nuevo a su casa a volver a sus quehaceres y tratar de olvidar lo pasado.

Puede pasar también en mi vida, Jesús, que después de haberte conocido y seguido pretenda seguir igual. Esto no es posible. Tú has cambiado mi vida, incluso aunque no me dé cuenta de ello. La vida no es la misma antes y después de conocerte. No es indiferente conocerte o no conocerte. La vida contigo es distinta, tiene sentido y valor. Ellos pretenden regresar porque piensan que estás muerto. Sin embargo, estás vivo y entonces no se puede volver atrás.

La segunda idea es lo valioso que puede ser contarte mi vida, mis ilusiones, mis dificultades. Tú llegas a los caminantes, como un forastero. No te impones, no les callas y corriges con reprimendas. No. Te acercas y les preguntas, les respondes, les hablas, les explicas. Ellos te cuentan su historia y Tú los escuchas, aunque ya les conocías y sabías quiénes eran. Puede ser muy enriquecedor contarte mi propia historia y escuchar cómo me hablas a través de ella. Después que ellos te han compartido su experiencia y desilusión es cuando les orientas y les ayudas a comprender mejor lo sucedido.

A veces hay sucesos de mi vida que tal vez no entienda o me causen desilusión, pesimismo o terror. Hoy quieres escucharlos y darme un consejo para, así, continuar caminando y llenar mi vida de paz, de serenidad y de alegría. Quieres que mi corazón arda mientras me hablas.

"Necesitamos hermanos y hermanas expertos en los caminos de Dios, para poder hacer lo que hizo Jesús con los discípulos de Emaús: acompañarlos en el camino de la vida y en el momento de la desorientación y encender de nuevo en ellos la fe y la esperanza mediante la Palabra y la Eucaristía. Esta es la delicada y comprometida tarea de un acompañante."
(Homilía de S.S. Francisco, 28 de enero de 2017).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Haré un acto de servicio en mi hogar como simple gesto para demostrar mi afecto a los que viven conmigo.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

 





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