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Evangelizar: cuando ser bueno no basta
Hay quienes son muy santos para anunciar con palabras a Jesucristo, así que ellos lo hacen sencillamente “con el testimonio”.


Por: Steven Neira | Fuente: Capsulas de Verdad



Es de costumbre que cuando uno asiste a un sacramento que corre el riesgo de convertirse en compromiso social (matrimonio, confirmación, primera comunión o bautizo), siempre se encontrará con un grupo de personas que pareciera que jamás habían ido antes a misa: mastican chicle, se arrodillan en los momentos equivocados, nunca comulgan y en el rito de la paz se van hasta la banca del final para saludar a los sobrinos y a la abuela que llegaron tarde, son los llamados católicos light, y aunque de ellos he escrito bastante, quisiera decir que muchos católicos que parecen ser más adultos en la fe, se asemejan a éstos, por el simple hecho de que, aunque viven los sacramentos con regularidad y tienen cierta vida de oración, no evangelizan. Es decir, se han contentado con una fe individual que no sale de la puerta de su casa, y que a veces incluso, de la puerta de su cuarto.

“Acomodarse” no es cristiano

Sé que estamos en la era de lo políticamente correcto en donde están prohibidas – bajo pena de censura – las verdades absolutas, y en ello como primer blanco el Evangelio y sus máximas. Sin embargo, la enseñanza del Señor de lo ridículo que es encender una luz para luego esconderla debajo de un mueble sigue en total vigencia, y así, sentirse cómodo con ir a misa los domingos y confesarse de vez en cuando, equivale a tomar con la fe la misma actitud que toman los católicos light antes mencionados durante la misa. La fe es un don que se nos ha dado con el estricto mandato de compartirla. Sobre este anuncio, el papa Pablo VI nos decía:

“(…) por mandato del Señor, con vistas a que los hombres se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. Representa la belleza de la Revelación. Lleva consigo una sabiduría que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por sí mismo la fe, una fe que tiene su fundamento en la potencia de Dios. Es la Verdad. Merece que el apóstol le dedique todo su tiempo, todas sus energías y que, si es necesario, le consagre su propia vida”.

Que no admite indiferencia ni sincretismos indica que ni puede quedarse uno sentado en el sillón sin salir a evangelizar, ni puede tampoco agarrar como herramienta de escape la infaltable: “lo importante es que todas las religiones llevan a Dios” cada vez que un no católico arremete contra la Iglesia o contra la doctrina de Cristo. Pablo VI no duda en decir claramente que es la Verdad y no una verdad, y conste que la mayúscula la ha puesto él y no yo. Es verdad que es mucho más fácil quedarnos en nuestra zona de confort, pero no es sensato ostentar el nombre de “cristiano” sin anunciar a Cristo.



La excusa del testimonio

Así como hay quienes en Viernes Santo no ayunan de comida, porque son muy listos para ello, así que ellos prefieren ayunar de “no hacer daño al prójimo” – así lo dicen con orgullo, y a uno lo dejan como quedado en el tiempo –, como si fuese esa una necesidad básica de la que uno debe abstenerse sólo en tiempo de Cuaresma. Pues así también, hay quienes son muy santos para anunciar con palabras a Jesucristo, así que ellos lo hacen sencillamente “con el testimonio”. Sucede que esto les evita formarse en la fe, después de todo, ¿cuánta doctrina debe uno saber para no mentir, no robar, no matar y ser honesto en la vida? De esto me darán la razón en que hay muchos no creyentes dando un mejor testimonio que algunos cristianos con respecto a la moral cristiana. Y es que, el testimonio es fundamental. Hay una frase muy hermosa que se la atribuyen a san Francisco de Asís que reza así: “Predica el Evangelio en todo momento, y si es necesario, usa las palabras”. ¿Adivinen qué? Ha llegado ese momento en la historia en que usar las palabras se ha vuelto necesario.

Del año 1200 a la actualidad ha pasado ya un buen tiempo, y el pobrecillo de Asís tuvo que enfrentar en su momento con las pompas y el lujo de una Iglesia que estaba sumida en comodidades y atestada de herejías, pero jamás tuvo que lidiar con la tía Adventista que en cada reunión familiar empieza una letanía de citas bíblicas del Antiguo Testamento para recriminar a todos de porqué nadie debe comer cerdo, o el primo evangélico que da la prédica anual en las navidades de lo idólatras que somos por las imágenes de la Virgen que hay en la sala. Estamos en tiempos posteriores a la Revolución protestante, de donde han nacido miles de sectas, en medio de una sociedad profundamente relativista. El testimonio seguirá arrastrando, pero hoy más que nunca es también necesario convencer con las palabras. Después de todo, los Apóstoles no buscaban las grandes plazas para pasearse por ellas esperando que la gente mágicamente se enterara de la Buena Nueva, sino que buscaban el lugar más visible para anunciarles el Evangelio con palabras, y por supuesto, eventualmente con el testimonio, pero con las palabras.

Sinceramente admiro la manera en que los protestantes hacen proselitismo de sus doctrinas. No les importa el lugar ni el momento, son expertos en generar malos ratos cuando sea. Admiro su convicción aunque no su imprudencia. Y talvez sea eso lo que a muchos católicos con complejo de inferioridad les falta: complejo que se ha ido desarrollando por falta de formación, pero eso ya es otro tema. Nadie les exige que tomen un curso intensivo de la Inquisición, de las riquezas del Vaticano, de la Papisa Juana (es mito porsiacaso) o de cualquier otra leyenda negra o hecho histórico distorsionado. Tan solo basta con que se hagan un plan personal de formación, que tendrá siempre como libros base la Biblia y el Catecismo.

Hasta aquí el sermón de este simple laico, que tiene como único aviso parroquial, que se dejen sorprender por el amor de Jesucristo, para que luego respondan con valentía a la exigencia de ese amor. Que el estudio, la oración y la vida cristiana en general, no es otra cosa que responder a ese amor. De eso se trata todo…



 





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