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Apacienta a mis corderos, apacienta a mis ovejas
Reflexión del evangelio de la misa del Viernes 2 de Junio de 2017

El amor de Jesús es mucho más exigente que simples palabras


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Santos Marcelino y Pedro


Hechos 25, 13-21: “Pablo asegura que está vivo un hombre llamado Jesús, que había muerto”
Salmo 102: “Bendigamos al Señor, que es el rey del universo. Aleluya”
San Juan 21, 15-19: “Apacienta a mis corderos, apacienta a mis ovejas”


Hay preguntas que sólo nos atrevemos a hacer a quien le tenemos mucha confianza. No andamos preguntando a todo mundo si nos quiere. Y si este amor implica más consecuencias nos lo pensamos en serio. Hay empresas que requieren un verdadero amor para poder encomendarlas. Hoy encontramos a Jesús preguntando a Pedro, después de la resurrección, si de verdad lo ama. No es difícil imaginar todo lo que Pedro recordaría con esta pregunta: sus impulsos atrevidos al tratar de convencer a su Señor de que escogiera otro camino diferente a la cruz, sus afirmaciones tajantes de que aunque todo mundo lo abandonara, él no lo dejaría, y sobre todo sus negaciones en aquellos momentos precisos de dificultad y abandono.

 

Por eso se toma su tiempo y sus precauciones para responder. Ha entendido que no es fácil afirmar el amor cuando se es tan débil. Ha comprendido que el amor de Jesús es mucho más exigente que simples palabras. Y ahora responde con humildad pero también con seguridad: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Ya no es la seguridad arrogante, sino la confianza en la amistad y comprensión del maestro. Sólo cuando ya se ha confiado a la amistad del Señor, éste le puede confiar: “Apacienta a mis ovejas”. La pregunta hoy se dirige a cada uno de nosotros. La dice Jesús desde su entrega en la cruz y desde el triunfo de su resurrección: “¿Me amas?”. Es pregunta personal y no admite condiciones ni tampoco evasiones. Es pregunta directa de quien sabemos que nos ama. ¿Qué le respondemos a Jesús? ¿Estamos seguros de que lo amamos?



 

Quizás tememos también nosotros equivocarnos y negarlo en los momentos más importantes de la vida. Quizás tememos no seguir sus mandamientos sino nuestros propios gustos. Con todas estas limitaciones debemos responder a Jesús cómo y cuánto es nuestro amor.  Con toda humildad y con toda verdad respondamos que nuestro amor es pequeño, pero que Él sabe que lo amamos. Reconozcamos nuestras limitaciones e imperfecciones, pero tengamos la seguridad de su amor: Él sí nos ama. Al dar nuestra respuesta también nos encomienda la misma tarea de Pedro: cuidar y apacentar, dar vida y dar la vida. ¿Qué le respondemos a Jesús?

 





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