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Yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo
No es con la cadena de violencia como se resuelven los problemas, pero sí con una actitud comprometida y una oración confiada


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



San Romualdo
II Corintios 6, 1-10: “Damos pruebas de que somos servidores de Dios”
Salmo 97: “Aclamemos con júbilo al Señor”
San Mateo 5, 38-42: “Yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo”


Con frecuencia me llegan preguntas para señalarme que no siempre al que obra bien, le va bien. Es más, alguien me decía que parece que a los injustos y tramposos les va mejor. Entonces estaremos en la tentación de también nosotros caer en la trampa del maligno: la trampa de la venganza, la trampa de la prepotencia y la trampa de la corrupción, pues nadie defiende al justo.

 

En vez de darnos una respuesta, el Evangelio parece complicar aún más la situación. Jesús dice a sus discípulos que la ley de Moisés, que buscaba defender ante las agresiones, no se puede tomar como norma de vida. Es decir no se puede aplicar el “ojo por ojo y el diente por diente”, sino que el discípulo no debe hacer resistencia al hombre malo. Y suenan fuertes aquellas recomendaciones de Jesús: “Si alguno te golpea la mejilla derecha, preséntale también la izquierda”. ¿Es la propuesta de Jesús una invitación al pasivismo o la indiferencia frente a la injusticia? Leyendo literalemente y sin más contexto este pasaje nos podría llevar a una conclusión equivocada y a asumir posturas de conformismo o indiferencia frente a la injusticia, pero toda la Escritura nos ofrece las pistas del camino del verdadero discípulo. Lo primero es confiar en el Señor.

 



Con frecuencia nos propone la oración de confianza en el Señor y así nos enseña que el Señor no puede olvidar y tener oídos sordos frente a la injusticia: “Señor, oye mi voz, atiende a mis gemidos, haz caso de mis súplicas, rey y Dios mío”. Dios no olvida al inocente, sino escucha su clamor. Sería la primera gran lección. Pero además, siguiendo la historia, nos enseña cómo frente a las grandes injusticias de los poderosos, suscita profetas que arriesgando su vida, se oponen a las injusticias, no con venganzas personales, sino restaurando la justicia. Y el mismo Jesús, cuando recibió una bofetada, no se quedó pasivamente en silencio, sino que reclamó fuertemente la razón de esa injusticia. No es con la cadena de violencia como se resuelven los problemas, pero sí nos exige una actitud comprometida, una oración confiada, un discernimiento valiente ante el Señor y una clara opción por el pequeño e indefenso. ¿Qué estamos haciendo nosotros frente a toda la violencia e injusticias que  este mundo genera?

 





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