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Orar es más escuchar que hablar
Contemplar es más ser mirado que mirar

Hay dos cosas que determinan la calidad de nuestra oración: la atención y la intención con que rezamos.


Por: P. Sebastián Rodríguez, LC | Fuente: elblogdelafe.com



Durante la vida es necesario ir conquistando etapas para ir cumpliendo nuestras metas y misión. Un bebé gatea y luego se lanza a dar sus primeros pasos para caminar. Un escolar va pasando de curso. El universitario pasa sus ramos. El deportista se pone metas y las va conquistando para mejorar. En los videojuegos se van pasando etapas. El músico se perfecciona de acuerdo a su práctica. Nuestra vida es un ir conquistando etapas para perfeccionarse y buscar ser lo que Dios quiere que seamos. En este devenir de etapas la vida de oración no se queda atrás y conocer estos pasos, por más sencillos que sean, es una ayuda para dialogar de mejor manera con Dios.

Leo J. Trese en su libro Dios necesita de ti, habla de que “hay dos cosas que determinan la calidad de nuestra oración: la atención y la intención con que rezamos”. Nos pueden invadir las distracciones, pero si luchamos por no aceptarlas ya estamos haciendo oración. También es importante la intención pues el medidor de la oración debe ser el amor. ¿Un enamorado, cuántas veces piensa en su pareja?, si pudiera todo el día y más. Así debe ser nuestra relación con Dios. Si le amamos deberíamos estar pensando en Él constantemente. Decía san Gregorio Nacianceno “es necesario acordarse de Dios más a menudo que de respirar”.

La primera etapa de la oración es querer rezar. Es fácil decir superficialmente “esto ya lo cumplo”, pero si profundizamos muchos no pasamos de esta etapa. La diversión, el trabajo, un partido de fútbol en la televisión, la telenovela, una invitación, lo que sea. Todo nos puede servir de pretexto para no ir a Misa el domingo o para no dedicar unos minutos de nuestro día para rezar. Dios pone en nosotros el deseo de orar y las fuerzas para hacerlo, pero antes está esperando que se lo pidamos: “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11,1).

La segunda etapa de la vida de oración es el abandonarse en Dios. Es aceptar a Dios y su manera de ser, su forma de hablar, sus silencios, sus tiempos, etc. Es importante purificar nuestra intención, acercarse humildemente, reconocerle como Creador y sólo así podremos abandonarnos en sus manos. Estas dos son etapas en que fácilmente se puede pasar de una a otra y eso no nos debe preocupar. Los que hacemos Ejercicios Espirituales sabemos que la palabra “ejercicios” corresponde a una acción, una lucha y eso es justamente la oración, hay que estar constantemente examinándose, esforzándose para ir profundizando en nuestro diálogo con Dios con el fin de adorarle, conocerle, ver qué quiere de nosotros y poder imitarle.


“Hay muchos caminos de oración. Unos siguen sólo uno, otros siguen todos. Hay momentos de una certeza viva: Cristo está presente, habla en nuestro interior. En otros momentos es él quien calla, un desconocido lejano. Para todos la oración, en sus infinitas variaciones, sigue siendo el paso a una vida que no viene de nosotros mismos, sino de otra parte”




Hermano Roger Schutz

 

La Iglesia muestra tres formas de hacer oración: la oración vocal, la meditación y la contemplación, pero como dice la frase anterior, podemos usar una de ellas, dos, las tres o todas a la vez.

La oración vocal es por medio de palabras y ayuda a la devoción y para momentos difíciles. Es rezar con oraciones hechas como el Padre Nuestro, el Ave María, usar los Salmos, u otras oraciones escritas. “Que nuestra oración se oiga no depende de la cantidad de palabras, sino del fervor de nuestras almas” (San Juan Crisóstomo).

La meditación es buscar hacer mío lo que medito. Es un acto de la inteligencia y de la voluntad. Esta oración comienza de un texto sagrado o una imagen y se trata de buscar en ellos lo que Dios me quiera revelar. Los textos sagrados no se deben leer como leemos un libro o el periódico, debemos reflexionar, elevar nuestro corazón a Dios y decirle que estamos abiertos a escucharle. Con la meditación se busca también el silencio para experimentar la cercanía de Dios y encontrar la paz en su presencia.



Por último, la oración de contemplación es una mirada de amor, un silencioso amor. Muchas veces para el amor no es necesario hablar, una mirada basta y eso es la contemplación. Es escuchar en nuestro interior la voz de Dios. Para esto hace falta tiempo, decisión y ante todo un corazón puro. Es la oración de la creatura que deja caer toda máscara, que cree en el amor y busca con el corazón a su Dios. “Orar es más escuchar que hablar. Contemplar es más ser mirado que mirar” (Carlo Carretto).

 





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