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Los hijos no te dejan hacer nada… nada que no sea ser mejor
Ser madre no es un limitante por el contrario ser madre significa iniciar la aventura más grande como mujer,


Por: Silvana Ramos | Fuente: catholic-link



 

Hace unos días llegó a mi Facebook el video. Es uno de esos que rápidamente se vuelven virales porque es fácil identificarse con la situación que presentan.

Cuando uno es mamá y ve algo así, se le enternece el corazón y automáticamente quiere compartirlo con el resto, en una suerte de reivindicar un rol que por sí mismo no necesitaría reivindicación alguna. Y es en esto que me quedé pensando luego de verlo. La reputación de la maternidad se ha venido a pique en los últimos años. Parece que ser mamá implicaría renunciar a los sueños propios, o peor, no tener más sueños, como si la maternidad en sí misma no constituyera un espacio de despliegue y realización personal.

Cuántas veces he escuchado decir: «No te cases tan pronto», «no tengas hijos antes de haber viajado por el mundo», «primero disfruta todo lo que puedas, después te casas y tienes hijos».  Y ahora que soy madre, no pocas veces esos pensamientos se me han colado cuando veo a alguien muy joven casarse o ser madre.

Poco a poco se han enquistado en nuestra mente una serie de ideas que nos van quitando las ganas de encontrarnos con un don que definitivamente cuesta, pero que es absolutamente maravilloso: la maternidad. Pareciera que el ser madre (y casarse) es algo tan nefasto que mejor hay que gastarse todos los cartuchos antes, para que “cuando nos encierren”, no arrepentirnos de nada.



¿Será que nuestras abuelas y madres lo pasaron tan mal con nosotros (sus hijos) que por eso nos recomiendan disfrutar de la vida antes de “echarse el nudo”? Me inclino por creer que por ese lado no va la cosa. Creo más bien que antes no habían las posibilidades y libertades que hay hoy en día para explorar profesiones y otras posibilidades de desarrollo personal además de la posibilidad de desarrollo natural e intrínseca de toda mujer en la maternidad.

También me inclino por pensar que a pesar del día de la Madre y de tantas canciones y tributos, la maternidad no es reconocida a tiempo. ¿Qué significa eso? Que mientras una ejecutiva en su trabajo recibe constantes felicitaciones, cartas de recomendación, aumento de sueldo y promociones. Las mamás que nos quedamos en casa sabemos que nuestra actividad es silenciosa y que esos reconocimientos vendrán, pero con el tiempo, o tal vez ni siquiera vengan… No es raro pues que de pronto la tristeza y el rencor muchas veces se apropien de nuestro corazón. Nos sentimos poco reconocidas y hasta relegadas, pareciera que nuestro trabajo vale poco y, ¿a quién culpamos? pues a la maternidad: «si estuviera soltera», «si no me hubiera casado tan joven», «quién me mandó…»

Es verdad que hay mamás muy exitosas también profesionalmente. Además hoy existen iniciativas muy buenas por reconocer el trabajo de las madres, pero aún hay un cierto camino por recorrer. Creo que la clave está en que las madres esperamos que, nuestros esposos, los padres de nuestros hijos, los hijos; y por qué no, también los abuelos, reconozcan nuestra labor y vean todo el sacrificio que hacemos.

Ser madre no es tarea fácil, más aún si se es madre sola. El apoyo del esposo, del padre, hace que la maternidad cobre el sentido que debe cobrar. Una maternidad sola es una injusticia para la madre y para el hijo y en este punto es importante que trabajemos juntos como comunidad. Ayudar a las parejas a entenderse mejor y apoyar a las madres que por distintas circunstancias enfrentan la maternidad de a uno es una labor que nos compete a todos desde donde nos encontremos.

Ser madre no es un limitante, no significa que la vida, la diversión, los viajes y la aventura terminaron, por el contrario ser madre significa iniciar la aventura más grande que como ser humano, como mujer, podrás iniciar. Pero es un aventura que necesita también de los demás.



 

«Toda persona humana debe la vida a una madre y casi siempre debe a ella mucho de la propia existencia sucesiva, de la formación humana y espiritual. Pero la madre, aún siendo muy exaltada desde el punto de vista simbólico – tantas poesías, tantas cosas bellas que se dicen poéticamente de la madre – es poco escuchada y poco ayudada en la vida cotidiana, poco considerada en su rol central en la sociedad» (Papa Francisco – Audiencia General 07 de enero de 2015).





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