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Lectio Divina del Domingo 27 de agosto de 2017
Domingo XXI del Tiempo Ordinario


Por: Hno. Ricardo Grzona, frp | Fuente: FundaciónPane.org



Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

Amén

TEXTO BÍBLICO: Mateo 16, 13-20

16,13: Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe, preguntó a los discípulos:
-¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
16,14: Ellos contestaron:
-Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, que es Elías; otros, Jeremías o algún otro profeta.
16,15: Él les dice:
-Y ustedes, ¿quién dicen que soy?
16,16: Simón Pedro respondió:
-Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
16,17: Jesús le dijo:
-¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo! 16,18: Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra construiré mi Iglesia, y el imperio de la muerte no la vencerá.
16,19: A ti te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo; lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.
16,20: Entonces les ordenó que no dijeran a nadie que él era el Mesías.



BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

San Mateo propone este texto que es símbolo de nuestra catolicidad. La propuesta de recordar que Jesús es el Señor; Jesús es el Cristo; Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo, es vital para la Iglesia. Jesús no es un profeta más, ni un místico, ni un maestro como los demás en Israel. Aunque leemos muy rápido el texto, debe haberse desarrollado en un ambiente de serenidad y todo debe haber pasado en un buen tiempo.

Tal vez es bueno recordar la situación histórica - socio - política en la que se encontraban en ese momento en el pueblo de Israel. Estaban siendo ocupados por el Imperio Romano, que con gran violencia se había adueñado de la región y había impuesto sus leyes y todos debían pagar impuestos a la potencia extranjera. Ellos esperaban un rey al estilo David que uniéndolos saliera a defender el territorio y con gran fuerza los liberara para que fueran ellos la gran potencia. Pero Jesús no iba a tener ese estilo de liderazgo.



Partiendo de esta situación, Jesús ha reunido a sus discípulos, y lanza una nueva e importante pregunta: ¿Quién dice la gente que soy yo? (o en este texto usando un título mesiánico “el Hijo del Hombre”). Los discípulos han estado en misiones, y ahora Jesús reunido con ellos quiere recabar información sobre lo que se dice sobre Él mismo. Ellos comentan lo que la gente anda diciendo por ahí: “es Juan el Bautista, Elías, Jeremías o algún otro de los profetas” (es curioso cómo identifican a estos personajes de la historia como que hubieran vuelto a la vida). Esto significaba ya mucho. Jesús tenía una gran misión podría igualarse a cualquiera de los grandes personajes en el recuerdo de Israel. El pueblo ya se había dado cuenta de algo diferente. Por eso mismo comentaban estas cosas.

Pero Jesús devuelve la pregunta ahora a sus discípulos ¿Y ustedes quien dicen que soy yo? Antes había usado la expresión de “hijo del hombre” (que proviene de la profecía de Daniel 7, 13-14, pero en el Nuevo Testamento se menciona ochenta y ocho veces este título de Jesús). Sin embargo la pregunta a los discípulos está ligada a otra expresión, tal vez más directa “Yo Soy”. Habla más directamente sobre su doble naturaleza Humana y Divina. En las dos preguntas encontramos esto.

Simón Pedro sale inmediatamente diciendo “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”. Es una declaración que no pudo habérsela inventado ni rastreado Pedro por sí mismo. Es el Padre del cielo quien se lo ha puesto en los labios. Es la primera vez que públicamente se habla de la verdadera identidad de Jesús. Él es el Mesías, el Hijo del Dios vivo. Es una declaración de fe. Una manera nueva de entender a Jesús. Esta declaración y confirmación de Pedro, lo hace ahora responsable de guiar a la comunidad de discípulos, seguidores de Jesús. Sobre Pedro se construye la Iglesia y las puertas del infierno (que es el imperio de la muerte) no tendrán poder sobre ella. También le dice que por esta declaración tendrá las llaves del Reino de los cielos y sus decisiones en la tierra serán tomadas en cuenta en el cielo (lo que ates en la tierra será atado en el cielo y lo que desates en la tierra será desatado en los cielos).

El mesianismo de Jesús difiere radicalmente del sentir y pensar humano. La gente no estaba preparada, por eso Jesús pide que no lo digan a las personas. Ni siquiera Pedro está preparado para el anuncio de la Pasión del Señor (que sigue inmediatamente a este texto). Pero aún la debilidad humana de Pedro Jesús no le quita la misión que le ha confiado de ser la “roca”, es decir el fundamento y referencia obligada de los seguidores del Mesías.

Reconstruimos el texto:

  1. ¿Cómo comienza el texto, a dónde llegó con sus discípulos?
  2. Jesús hace una primera pregunta a ellos ¿Recuerdas cuál fue esa pregunta?
  3. ¿Qué respondieron ellos de lo que habían oído por allí?
  4. Entonces ¿qué les preguntó por segunda vez Jesús? ¿Con qué términos lo hizo la primera vez y con qué términos se refirió a sí mismo en la segunda vez?
  5. ¿Quién tomó la Palabra y le dijo a Jesús que era el Mesías, el Hijo de Dios vivo?
  6. ¿Cómo respondió Jesús? ¿Quién le había revelado esto?
  7. Jesús le encomienda ahora ser cabeza de sus seguidores. ¿Cómo fueron las palabras que le dirigió a Pedro? ¿Qué pasaría entonces con la Iglesia?
  8. ¿Qué significan las llaves del Reino de los cielos?
  9. ¿Cómo culmina este texto?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

  1. ¿Con qué frecuencia me reúno con Jesús, como su discípulo misionero?
  2. ¿Recurro a la Oración con la Palabra de Dios, dejo que Jesús me instruya?
  3. Si nosotros hoy hiciéramos la misma pregunta que hizo Jesús ¿Qué opina hoy la gente sobre Jesús? Recuerda que está la influencia de los canales de televisión que viven permanentemente hablando con graves distorsiones sobre Jesús y la Biblia… ¿Qué dirán?
  4. Ahora Jesús se dirige directamente a mí para preguntarme por mi nombre ¿Quién dices tú que yo soy? ¿Qué respondes ante esta pregunta?
  5. ¿Quién es Jesús en mi vida? Por favor, no des las frases del catecismo, ahora debes pensar en el lugar que le das tú a Jesús.
  6. Si reconozco que Jesús es el Señor, el Mesías, el Hijo del Dios que está vivo ¿hasta qué punto yo lo sigo, me encuentro con Él en la oración y los sacramentos?
  7. Reconocer a Jesús, es también aceptar la misión que Él me encomienda en la Iglesia. ¿Soy consciente que no puedo ser un cristiano aislado y anónimo sino que soy parte de una comunidad llamada Iglesia?
  8. ¿Entiendo que no se puede separar a la Iglesia de Jesús, el Cristo, el Mesías? Mi encuentro con el Señor debe ser como miembro de la Iglesia.
  9. ¿Pido a Dios por el sucesor de Pedro y los Apóstoles? ¿Sigo sus enseñanzas?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor:

Gracias Señor por tu Palabra Salvadora.
Gracias porque me invitas permanentemente a encontrarme contigo, en la oración.
Hoy quiero escucharte, quiero darme cuenta que en mi vida tú estás a la puerta llamándome para preguntarme, para insistir sobre mi vida.
Mi vida tiene sentido sólo si te reconozco a Ti, que eres el Señor de la Historia. Verdadero Hombre, pero verdadero Dios que vino a este mundo a salvarme.
Señor que te conozca y te reconozca en mi vida. Señor que también me conozca a mí mismo y mis limitaciones que sólo Tú puedes llenar.
Gracias por ofrecerme la Iglesia, que es la prolongación de tus mismos discípulos y misioneros. Es en la Iglesia donde sigues obrando. Que reconozca que una relación contigo pero sin la Iglesia es como un avión que le falta un ala y no puede volar.
Señor, dame la gracia de amar a tu Iglesia y a todos los cristianos que son tus seguidores. Que con ellos comparta la vida con mayúscula, que me una en los sacramentos.
Señor, sólo la Iglesia tiene el poder sobre el mal, y su consecuencia la muerte. Que tome conciencia de esto y pueda ser un misionero tuyo y de tu Iglesia.

Hacemos un momento de silencio para responder al Señor y demos gracias porque nos llena de alegría.

Añadimos nuestras intenciones de oración.

Amen.

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Como interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

«Y ustedes, ¿Quién dicen que soy?»
(Versículos 15b)

Y de esta forma nos ponemos en contemplación, repitiendo y agradeciendo a Jesús que venga.

5.- ACCIÓN: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo, hacer un repaso lento de esta lectura tan importante del Evangelio, responder bien profundamente a las preguntas de Jesús. El hecho de haber aceptado y recibido a Jesús como el Mesías, debe notarse de alguna manera. ¿Cómo demostrar que sí reconozco a Jesús? ¿En qué me diferencio del resto de las personas? Toma una actitud diferente y una acción que pueda demostrar esto. Tal vez sea oportuno realizar alguna actividad que tenga que ver con la Iglesia, al tratarse del tema. Involucrarse en algo de la Iglesia y ser coherente con la pertenencia eclesial.

En el grupo, hagan entre todos una encuesta en lugares públicos y pregúntenle a la gente en las calles ¿Quién es Jesús para Ud? y recopilen las informaciones, léanlas en el grupo y vean cuán cercanos están a la Iglesia las respuestas. Como responsabilidad, ante esto, poder realizar alguna actividad pública para manifestar a Jesús el Mesías y a la Iglesia como continuadora de administrar la salvación. Sin olvidar una acción grupal a personas que lo necesitan.

 

Fundación Ramón PanéCristonautas

 





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