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Dios es nuestra salvación y nuestra gloria
Jesús nos enseña que Dios es el Dios de la vida, de la libertad, de la apertura


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Colosenses 1, 24-2,3: “Yo he llegado a ser ministro de la Iglesia, para anunciar el designio secreto que Dios ha mantenido oculto desde siglos”
Salmo61: “Dios es nuestra salvación y nuestra gloria”
San Lucas 6, 6-11: “Estaban acechando a Jesús para ver si curaba en sábado”

 

Una de las formas en que podemos profundizar el evangelio es asumiendo el rol o papel de cada uno de los personajes que aparecen en la escena. Hoy les propongo que tomemos el papel del hombre de la mano paralizada. No tenemos más datos para saber en qué consistía su enfermedad,  pero no es difícil que asumamos las dificultades que un hombre, sobre todo en una cultura donde todo tenía que ser a base de trabajo manual, tendría que enfrentar en su vida. Limitado en sus trabajos, limitado también en sus relaciones ya que toda enfermedad producía no sólo el dolor físico, sino también el rechazo moral y social de aquellas comunidades.

 

Y ahora que se le presenta la oportunidad para ser curado, es mirado con recelo por quienes deberían estar más atentos a la salud y bienestar de los pobres: los escribas y fariseos.



 

¿Qué sentiría aquel hombre cuando escucha que su petición y sus deseos se ven obstaculizados por razones “teológicas”? ¿Sería malo querer sanar y buscar su recuperación? Seguramente no lo podría entender. Después es colocado en medio de toda la gente por el mismo Jesús y se inicia una discusión que a él no le interesa mucho, acerca del sábado y de las cosas permitidas y prohibidas. Pero descubre en las palabras de Jesús una fuerza y una seguridad que pronto lo hacen sentirse protegido.

 

Cuando Cristo le pide que extienda su mano, él entiende que no sólo ha quedado curada de su mano, sino que ha empezado a entender de una nueva manera su relación con Dios y con los demás. Su mano tiesa y paralizada, era como un símbolo de sus alcances en la compresión de Dios y de los hermanos. ¿No estamos también nosotros paralizados y maniatados en nuestras aspiraciones? ¿No nos sentimos  atados por nuestro egoísmo y nuestras pasiones que nos impiden extender la mano hacia los hermanos? ¿No tenemos una visión miope de Dios como si nos atara con leyes y prescripciones? Jesús nos enseña que Dios es el Dios de la vida, de la libertad, de la apertura. Cuando lo descubrimos nos llenamos de felicidad y espontáneamente vamos abriendo también nuestros brazos hacia los más necesitados. Que este día Jesús nos haga percibir este maravilloso aspecto  de la misericordia de Dios.

 







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