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¿Cómo llevarte bien con tu familia política?
Te damos algunos tips para mejorar la relación con la familia polítíca


Por: Lucía Legorreta de Cervantes |



Cuando una persona toma la decisión de compartir su vida en pareja, no sólo lo hace con el ser amado. Quiérase o no, también la relación incluirá a la familia política.

Convivir con estos familiares es inevitable y, en gran medida, la buena o mala relación con ellos, determinará el rumbo de la pareja. Esto incluye el trato con suegros, suegras, cuñados e incluso tíos y tías.

A veces estos familiares pueden contribuir a terminar una relación en su afán por consolidarla, pero con los métodos equivocados.

Establecer, por ejemplo, esas famosas tradicionales reuniones “en casa de mis papás”, como si fueran una obligación ineludible, es bastante serio y atenta contra la flexibilidad y la espontaneidad de la relación de pareja. Pero, sobre todo, atenta contra la posibilidad de construir un modo de comunicación único e intransferible que le sirve a una pareja y nada más. Empiezan las tensiones, porque la hija o hijo político se siente obligado, más que inclinado a ir y, por lo tanto, no va a gusto.

Otras prácticas que desembocan en conflictos seguros son:
- Pedir prestado dinero.
- Demostrar a los suegros falta de apoyo por parte de la pareja (“él o ella no me entiende ni me apoya”).
- Cuando los suegros tratan de resolver los conflictos de la pareja.
- En la pareja, comparar a la esposa con la madre.
- Delegar a los suegros el papel de educadores de los hijos (es algo que está sucediendo mucho en México).
Comparto contigo algunas reglas que pueden ayudarte:
- Quiere a tus suegros, pero recuerda que no son tus padres. No los uses como confidentes hablándoles mal de tu marido o esposa, ni les llames para quejarte, llorar o reclamar cuando él o ella se porta mal. No es un niño o niña chiquita.
- Ten atenciones para con ellos y procura siempre recordar los cumpleaños y fechas importantes para felicitarlos o tener algún buen detalle.
- Si tu pareja está alejada de ellos, incentiva su reconciliación o acercamiento.
- No andes con chismes; la discreción es una virtud que no debes olvidar.
- No acuses a tu suegra con tu marido o con tu esposa. Si tienes alguna diferencia con ella, es mejor aclararla de manera diplomática.
- Comídete cuando vayas a casa de ellos. No se trata de que seas servil o te humilles, sino que ayudes y te solidarices en tareas sencillas como recoger la vajilla, lavar algún traste o poner la mesa.
- Si tienes hijos, jamás les hables mal de sus abuelos paternos o maternos.
- Nunca te pelees ni faltes el respeto a tu suegra o suegro. Recuerda que es la mamá o el papá de tu cónyuge y que también los quiere. Si la relación es insoportable, antes de perder el estilo, mejor aléjate.
- Las diferencias entre tu cónyuge y tú sólo competen a ustedes, no hagan escenitas frente a los familiares.




El padre, la madre y los hermanos de la pareja nunca van a dejar de serlo, y como tal hay que asumirlo. La realidad en nuestro país demuestra que uno de los principales motivos de consulta psicológica es precisamente los conflictos de pareja, y un aspecto que lo provoca es una mala relación con los familiares políticos.


El “estudio sobre el origen de los conflictos en la familia política” realizado en el 2011 por el Instituto de Investigación en Psicología Clínica y Social arrojó que en el caso de las mujeres la relación más conflictiva no es, como pudiera pensarse, con la suegra, sino con los cuñados. En cambio, en los varones la interacción más problemática sí es con la suegra, seguida por su padre político.


Debemos aceptar esta realidad, tener una relación sana con ellos es sinónimo de salud emocional, que seguramente robustecerá la vida en pareja.


Los roles adecuados serían los siguientes:


- Que los suegros respeten el espacio de la pareja.
- Mostrar independencia económica y emocional.
- Tener una vida afectiva satisfactoria.
- Que los suegros respeten las decisiones de pareja y resuelvan solos sus conflictos.
- Que la pareja asuma su rol de padres cuidando a sus hijos.




Recuerda: Al casarte con alguien, también lo haces con la familia. Por el bien de tu matrimonio y de tus hijos, busca unir y no separar, y estoy segura vivirán más tranquilos y felices.

 





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