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Alabemos a Dios de todo corazón
Reflexión del evangelio de la misa del Miércoles 20 de Septiembre de 2017.

Jesús nos propone una actitud más positiva y sana: dar a cada momento y a cada lugar su valor.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Santos Andrés Kim Taegon, Pablo Chong Hasang y compañeros mártires

1 Timoteo 3, 14-16: “Realmente es grande el misterio del amor de Dios”

Salmo 110: “Alabemos a Dios de todo corazón”

San Lucas 7, 31-35: Tocamos la flauta y no bailaron, cantamos canciones tristes y no lloraron”

 



Si la comparación que hace Jesús de aquella generación sólo fuera con los niños, tendrían alguna disculpa a causa de su inocencia o de su sencillez. Pero esa comparación llega con demasiada frecuencia a ser posible entre nosotros que nos decimos adultos y maduros, nunca estamos conformes con lo que tenemos: ni con nuestro cuerpo, ni con el clima, ni con la situación.

Somos gordos, preferiríamos estar delgados, si muy altos nos sentimos ridículos, si chaparros, manifestamos nuestros complejos. Si hace calor ya estamos renegando pero si el frío nos hace tiritar, vienen nuestras quejas. ¿Por qué no estamos conformes con lo que tenemos? Y no es que Jesús nos proponga una actitud conformista o apática. No, su queja va contra aquellos que todo critican y nada hacen. ¿Algo que ver con nosotros? ¿Vería alguna de nuestras familias o de nuestras comunidades? Hay algunos que nos dedicamos a encontrar el pelo en la sopa de todas las cosas. No hay cosa que nos parezca bien, a todo le encontramos un pero.  Y Jesús nos propone una actitud más positiva y sana: dar a cada momento y a cada lugar su valor. O como decía alguien, en nuestros términos, encontrarle el lado positivo a la vida.

 

Así aquella generación tendría que haber descubierto la justicia y la conversión predicada por el Bautista, y la misericordia y la bondad encarnadas en Jesús que se acerca a los pecadores. Hoy también, que para muchos es tiempo de crisis, tendremos que encontrar los valores de estos tiempos y el regalo que nos hace Dios para vivir estos momentos, con sus retos, es cierto, pero también con sus grandes logros y esperanzas. ¿La familia ha cambiado? Es cierto, pero nos da la oportunidad de ser más francos y sinceros, de buscar nuevos caminos y de hacernos conjuntamente más responsables. ¿La Iglesia ya no es igual, se le descubren muchas fallas? Es verdad, pero nos exige un compromiso mayor y una fe más madura y no vivir solamente conforme a la mayoría. ¿Se pone en duda la posibilidad de vivir conforme nos lo pide Jesús y se duda de la construcción de su reino? Sí, pero podemos manifestarnos más genuinamente como sus discípulos.

 



Si dejamos de quejarnos, si dejamos de criticar y nos dedicamos a buscar la verdad, a construir la justicia, a seguir a Jesús, seguramente encontraremos aquí y ahora la verdadera felicidad.

 





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