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El espíritu de la letra y el Espíritu del amor
He basado toda Mi ley sobre el amor…

Cuando contemplas en el fondo de tu corazón lo que te digo, sacas un provecho mayor que si leyeras muchos libros.


Por: Mariano Ruiz Espejo | Fuente: Catholic.net



Sabemos por los evangelios que Jesucristo no escribió libros, pero sí que leía los rollos (que era la forma de conservación de los escritos sagrados en su tiempo en Israel) de los profetas, por ejemplo en la sinagoga de Nazaret leyendo al profeta Isaías (cf. Lucas 4, 16-22).


Los evangelios solo describen a Jesús escribiendo en la arena cuando le presentan cargos contra una mujer que había sido cogida en flagrante adulterio, y le exigían los acusadores una respuesta sobre lo que tenían que hacer con la mujer. Jesús, tras decir que “el que esté sin pecado que tire la primera piedra” pues estaban dispuestos a dilapidarla como mandaba la ley de Moisés. Tras ello, Jesús se sienta y traza unos signos en la arena con el dedo, trazos de los que no nos ha quedado ningún vestigio, no sabemos lo que escribió pero sí sabemos que amó mucho a esa mujer y a todos los acusadores salvando la vida de la primera y haciendo reflexionar a los acusadores quienes desistieron de sus intenciones homicidas (cf. Juan 8, 2-11).


Jesús envía a los apóstoles a predicar, no necesariamente a escribir libros. De hecho, los apóstoles predicaron y solo Juan y Mateo escribieron su evangelio tras unas décadas de haber estado con Jesús presente humanamente hasta sus 33 años y tras su resurrección.
San Pablo nos explica que nuestra capacidad viene de Dios, para ser ministros de una nueva alianza, no de la letra, sino del Espíritu (cf. 2ª Corintios 3, 5-6).


Santa Faustina, en su Diario, nos aporta también de sus experiencias y conversaciones con el Señor Jesús algunas cosas que también pueden ayudarnos a entender su voluntad, pues le dice Jesús:
Cuando contemplas en el fondo de tu corazón lo que te digo, sacas un provecho mayor que si leyeras muchos libros” (Diario, 584).


“Hija Mía, no vives para ti, sino para las almas. Escribe para el bien de ellas. Conoces Mi voluntad en cuanto a escribir, te la han confirmado muchas veces los confesores” (Diario, 895).




“Las almas elegidas que no poseen Mi espíritu, que viven según la letra, esta letra la han puesto por encima de Mi espíritu, por encima del espíritu del amor. He basado toda Mi ley sobre el amor

 





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