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Gruta de la Redención
En Iowa, Estados Unidos se encuentra la gruta mariana más grrande del Mundo.


Fuente: GaudiumPress



Cerca de 100 mil personas al año visitan la Ermita de la Gruta de la Redención, la gruta mariana más grande del mundo hecha por el hombre en West Bend, Iowa, Estados Unidos. Este inusual monumento es el cumplimiento de una promesa a la Santísima Virgen hecha por un seminarista, después sacerdote, y es tenido por la más grande colección de gemas y piedras preciosas en una sola ubicación.

Una promesa a la Santísima Virgen dio origen a un particular Santuario mariano. Imagen: fotograma del recorrido virtual de la Gruta de la Redención publicado en westbendgrotto.com

La labor de construcción inició en 1912, cuando el P. Paul Matthias Dobberstein hizo realidad su deseo de agradecer con un notable monumento a la Santísima Virgen su curación de neumonía en estado crítico mientras era seminarista, pudiendo ser ordenado en 1897. Como había prometido a la Madre de Dios un Santuario en su honor, no dudó en trabajar durante 42 años para elaborar una gruta con torres, arcos, escaleras y salones en los que se representan los misterios de la Santísima Trinidad, los Diez Mandamientos, escenas de la vida de Cristo y el Vía Crucis.

La gruta ocupa toda una manzana de la población y las piedras empleadas para su construcción fueron recolectadas por el sacerdote durante más de una década. La particular labor fue difícil debido a que el estado de Iowa no cuenta con yacimientos de piedras preciosas o semipreciosas, de forma que el presbítero tuvo que traerlas desde lugares como Hot Springs, Arkansas, o las Colinas Negras de Dakota del Sur. La gruta exhibe gemas, corales, fósiles y madera petrificada.

El P. Dobberstein falleció en 1954, pero su legado continúa hoy en día su misión a través de esta particular obra de arte sacro: "comunicar en roca silenciosa hecha espiritualmente elocuente la historia de la caída del hombre y su redención por Cristo, el Salvador del mundo". La gruta fue declarada Santuario diocesano por el Obispo de Sioux City, Mons. R. Walker Nickless, el 01 de agosto de 2015.







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