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Novena a San Juan XXIII
Oraciones para cada día de la novena, la puedes hacer tantas veces desees, de manera especial los días previos a la festividad (2 al 10 de octubre)


Por: Padre Guillermo Esters | Fuente: www.parroquias.org



Primer día:

Juan XXIII elegido por Dios

A Jesús le decía su apóstol Natanael: “de Nazareth puede salir algo bueno”. El pueblo de Jesús era de mala fama, era pobre y no de los pueblos conocidos o de prestigio. Juan XXIII era del campo, de una familia que vivía de las cuatro vacas y del trabajo de sol a sol en la finca de un rico agricultor de su pueblito. Su familia era numerosa y realmente católica. Dios nos conduce por los caminos de la vida, San Pablo decía, “el Señor me abrió una puerta para que me diera cuenta de lo que tenía que hacer, dónde predicar el evangelio”. En la vida de todos nosotros hay puertas abiertas o cerradas, hay momentos oscuros, sendas estrechas y caminos fáciles de recorrer. En todas las situaciones de la vida, según nuestro Señor Jesucristo, está la mano y el cuidado del Padre con nosotros. Por eso el Señor nos dice que el Padre Dios tiene bien contados todos nuestros pelos, alimenta los pájaros del cielo y viste elegantemente las flores del campo. El joven Angelo, más tarde Juan XXIII, se acordaba siempre con mucho agrado de donde él era. Durante toda la vida el Papa mantuvo contacto con su familia y su campo porque sabía que Dios lo había conducido por estas vías. También nosostros somos de nuestro pueblo, de nuestro campo o de una ciudad de Puerto Rico. Así Dios ha conducido a Juan XXIII pero también a nosotros y lo hará en el futuro.

Propósito:

  1. Demos gracias a Dios por haber elegido a Juan XXIII; demos también gracias al Padre Eterno por nuestra vocación católica y cristiana y por lo que hemos o no hemos recibido, por nuestra familia y por nuestro lugar de nacimiento.
  1. Doy gracias al Señor con María, nuestra Madre y Protectora (Lc. 1,46-35)

Segundo día:



Católico desde el primer día.

El día 25 de noviembre de 1881, nació Angel Guiseppe Roncalli de una familia modesta que ya tenía 3 hijas. El mismo día, por la tarde, la mamá, acompañada por su esposo, llevó al recién nacido a la Iglesia para que se bautizara ese mismo día. Porque Dios era primero, el centro y el fin de su vida y así lo querían para su hijito. Por eso, se bautizó el primer día de su vida, el día de su nacmiento. En la familia aumentó el número de los que comían a 28, durante los años que Angelo pasó con sus familiares, ya que la familia estaba compuesta de los padres, abuelos, tíos y tías con sus respectivos hijos. Todos vivían bajo el mismo techo. En el día del bautismo no se notaba ninguna señal extraordinaria del bebé que hiciera pensar a alguien que este niño llegaría a ser el sucesor de San Pedro o algo grande. A todos nosotros nos ha pasado algo parecido. Somos de una familia católica y pronto después del nacimiento la gracia del bautismo nos convirtió en un hijo de Dios y miembro de la Iglesia Católica. Conociendo la realidad de nuestras familias sabemos que no todos tienen la dicha de ser de una familia bien ordenada y haber recibido una educación católica. San Juan XXIII debe ayudar especialmente a los que han sufrido por la desintegración de su familia, y por la falta de una educación católica.

Nuestra reflexión:

  1. ¿Cuándo fue el día de mi bautismo?
  1. La vida de todos nosotros es importante para la Iglesia y para la patria. Cristo te necesita para la salvación de nuestro pueblo. No se puede pensar una obra más grande que la salvación de los demás. Sigamos con nuestro apostolado donde sea.
  1. Recemos el tercer misterio glorioso: la “Venida del Espíritu Santo”.

Tercer día:

Juan XXIII y su familia.



Los días de nuestra novena son de reflexión sobre la vida de Juan XXIII, de nuestra propia vida y del futuro de nosotros y de los demás. La familia campesina del futuro Papa era católica y todos los días rezaba el Santo Rosario por la noche. El tío Zaverio leía la Biblia y el periódico católico por la noche en voz alta porque la familia no tenía ni radio, ni televisor. Su tío funcionaba como catequista de la familia e informaba sobre lo que pasaba en el mundo leyendo el periódico de Bergamo. Además su papá y el tío le daban buenos consejos y uno de ellos era: “Hay tres modos de arruinarse; las mujeres, el juego y el trabajo”. “Mi padre escogió el trabajo, lo más pesado”. Con seis años mandaron al jovencito Angelo a la escuela de la Parroquia y porque progresaba bastante, de allí lo enviaron a la Parroquia vecina, donde el párroco enseñaba latín. Más tarde se hizo alumno del seminario menor de la Diócesis de Bargamo. La experiencia en su casa fue favorable para toda la vida y por eso escribió en el año 1932: “La educación que deja más profunda huella es siempre la que se recibe en su casa. Yo he olvidado muchas cosas, que he leído en los libros, pero recuerdo perfectamente lo que aprendí de mis padres y de mis mayores”.

En el hogar se aprende lo que es el valor de la familia, del matrimonio, lo que es una mujer, una madre, un papa, ser hijo y hermano. Es cierto que en su casa uno aprende a amar y a ser amado, comprender y ser comprendido, sentirse protegido y proteger, perdonar y ser perdonado, ser feliz, contento, seguro, misericordioso, obediente y sobre todo pertenecer o ser de una familia. El Papa Juan XXIII era de una verdadera familia. Durante toda su vida era agradecido a Dios por este regalo. Pidamos a Dios por las familias de Puerto Rico, por las parroquias y la Iglesia que sean familia de Dios, por Puerto Rico que sea una familia de Dios y de la Virgen.

Recemos hoy el rosario por esta intención: por las familias, para sientan siempre el espíritu de amistad y fraternidad, porque queremos regalar el ambiente favorable a nuestros hermanos en la fe para crecer en la gracia de Dios, de ser hijos y hermanos en el amor.

Cuarto día:

Las normas de su vida

Por su aspecto físico y por sus intenciones personales calificaba la cura de atención a las almas para ser cura rural, un hombre de oración, de misa, de devociones populares. Juan XXIII servía para eso y, como la historia probó, para mucho más. Su vida es una enseñanza para nosotros, es un testimonio, es un estímulo para la vida cristiana y la santificación. El era un gran hombre de Dios. No trataba de imponerse ni de imponer; oraba y perdonaba, por eso lo llamaban Juan el bueno. El se olvidaba de las ofensas. No se preocupaba de una vanidosa elegancia, ni trata de ganar simpatías. Era un hombre de diálogo profundo con Dios, en la oración y muy capaz de dialogar con los demás. La vida era un servicio, como su maestro Jesucristo que no había venido para ser servido, sino para servir, Juan XXIII había aprendido a someter el propio yo, a la voluntad de Dios y sus superiores. Fue un hombre firme y rígido en sus principios, pero flexible por su comprensión y caridad. Se decía que él nunca mentía. Su vida fue reconocida como un paso hacia el futuro. Era un revolucionario como los santos, los profetas y un hombre del evangelio del pobre, humilde y misericordioso. El decía que el alma del apostolado era el silencio y la contemplación, la interioridad, la pobreza, los medios consagrados, la sencillez de palabras y métodos. Practiquemos lo que el beato hacía; hablar con la vida, corregir con humildad.

¿Cuál es el mensaje de esta vida para nosotros?

  1. Busca tres características que quieres imitar, de la vida de Juan XXIII.
  1. Pide al San Juan XXIII la gracia de la perseverancia.

Quinto día:

Juan XXIII y su vocación,

Juan XXIII y nuestra vocación

Querido San Juan XXIII:

Ya conozco algunos momentos de tu vida. Sé que fuiste bautizado, un día ordenado sacerdote, más tarde Obispo, cardenal, nuncio, arzobispo de Venecia y por fin Papa de la Iglesia. Admiro tu generosidad. Dijiste que sí a la voluntad de Dios y sabías que Su voluntad es amor de El. Con tu obediencia te acercaste a nuestro Señor cuya vida era hacer la voluntad de su Padre Celestial. Fuiste como Abraham, saliste de tu tierra y llegaste ya anciano a Roma para ser Papa. Te pusiste el nombre de Juan por tu amor a Juan, el evangelista y a Juan Bautista, que era el precursor de Cristo. Me sorprende que nunca pusieras un pero, nunca abusaste de tu inteligencia para buscar un pretexto, una excusa barata. Tu amor a la Virgen María te hacía decir sí a una madre firme y humilde. En cambio yo soy muy distinto, busco escapes, pretextos. Tengo un doctorado de excusas, fácilmente me escondo, no escucho, no obedezco, no soy generoso como el Señor, con la Iglesia.

Tomaste en serio tu vocación cristiana, sacerdotal y papal, tu vocación a la santidad. Admiro tus renuncias a la mediocridad. Quiero imitar tu entrega de corazón, porque no buscaste ni prestigio, ni puestos elevados. Fuiste desde tu casa un muy obediente con amor, humildad, y audacia. Has sido un hombre ejemplar. Yo quiero ser de los tuyos, que llevan tu amor y compartir tu amor a la Iglesia, este amor que siento, como tú, por la Iglesia Universal.

Recemos los misterios de gozo para aprender en la escuela de Cristo y María a decir que sí.

Sexto día:

Juan XXIII en las rutas de la Providencia de Dios

Virgen María, Madre de la Providencia:

En Puerto Rico te invocamos así: Virgen de la Providencia, conocemos otros nombre que tu tienes. Todos estos nombres son pruebas de tu amor a la Iglesia, al mundo y a nosotros. Muchas gracias por ser nuestra Madre. Sé que en el Santuario de Schoesnstatt, en el marco de luz, hay una frase que me gusta mucho: “Un hijo de María nunca perecerá”. Juan XXIII era un hijo de María como Juan Pablo II quien tiene en su lema papal: “Soy todo tuyo”. La Madre de Dios es siempre instrumento de Dios, esposa del Espíritu Santo, Madre de Dios Hijo e hija de Dios Padre. Tú Señor, enseñaste a Juan XXIII en el rosario, a unir siempre el gozo, el dolor y la Gloria de la vida, como la Madre se unió a tu Persona. Ayúdanos querida Virgen de la Providencia a confiar en ti, a aceptar las inspiraciones del Espíritu Santo, la ruta de la fe en todas las conducciones de la Providencia. Virgen María, haznos luchar heróicamente contra las tentaciones de la carne. Danos valor para callar y mantener la calma ante las ofensas y peligros. Danos fuerza para guardar lo que no debemos revelar. Necesitamos tu apoyo para vivir como cristianos los momentos de la cruz. Querida Virgen y Madre, danos fortaleza para que todos los católicos seamos una familia de gigantes, no de enanos vacilantes y tímidos.

  1. Pido la bendición a la Virgen María y a San Juan XXIII para ser un instrumento de la Providencia para mi patria y más allá.

Séptimo día:

Elegido para ser Papa

Señor Jesús:

Tu regalaste a tu servidor Angelo Quiseppe Roncalli, el privilegio de ser Papa de nuestra Iglesia. Tú sabes que no era el favorito entre los candidatos al papado, pero Tú, Señor, lo elegiste. Para imitarte e imitar a dos de tus primeros colaboradores; Juan el Evangelista, tu discípulo preferido, y a tu precursor Juan Bautista, y por querer ponerse humildemente en la fila de 22 papas que ya habían llevado el nombre de Juan. Por eso, él escogió este nombre. El aceptó ser cabeza visible de tu Iglesia, Señor, sucesor de Pedro y de 262 Papas, entre ellos santos, mártires y hombres pecadores.

El Cardenal Roncalli aceptó el cargo del Papado, sabiendo que tenía que pastorear tus ovejas y fortalecer la fe de tu rebaño. El día de selección Señor, el Nuevo Papa dijo: “Inclino mi cabeza y doblo mi espalda ante el cáliz de la amargura y el sufrimiento de la cruz”. Señor, hasta el día de hoy yo recuerdo el momento en que escuché el nombre del Nuevo Papa, vi la figura de un anciano de 77 años, sucesor de un hombre carismático como Pío XII, y como el mismo Juan XXIII reconoció, que no era bien parecido ni elegante. Había sido toda su vida un cura rural y más tarde a través del Concilio del Vaticano Segundo, se hizo uno de los Papas más importantes de la historia. Gracias a ti Señor, porque los últimos serán los primeros y el que quiere ser primero sera el servidor de todos. Así el Papa Juan XXIII vivió los años de su ministerio papal, murió así y se perfeccionó. Ya es santo de nuestra Iglesia, padre espiritual que nos invita a la renovación de nuestra vida para ayudar así a tu Iglesia, a la patria y al mundo.

  1. Rezo la oración del Agelus por la Iglesia de Cristo.

Octavo día:

Juan XXIII y el Santo Espíritu de Dios:

Nuestro Señor Jesucristo nos prometió enviarte al mundo. Gracias Espíritu Santo, por haber engendrado en María a Jesús, por haber ungido a Jesús como Mesías en el día del bautismo, por haber fortalecido y llenado con tu presencia a los apóstoles en el cenáculo el día de Pentecostés y por haber estado presente en la Iglesia hasta el día de hoy. Muchas gracias por haber inspirado al Papa Juan XXIII a convocar el concilio y ayudar así a la Iglesia para un Nuevo Pentecostés. Los que habían pensado que Juan XXIII, por su edad y su sencillez, no podía hacer una gran cosa como Papa, se equivocaron. Todos quedaron sorprendidos. En realidad la Iglesia no es de los hombres, es de Dios , guiada por ti, Espíritu Santo y capacitada por ti para continuar la obra salvífica de Cristo para los hombres. Ayúdame a ser fiel a la Iglesia, a trabajar por ella con amor, fuerza, perseverancia y espíritu de entrega.

  1. Tratar de amar la palabra de Dios
  2. Rezar esta oración del Espíritu Santo.

Espíritu Santo, eres el alma de mi alma.
Te adoro humildemente.
Ilumíname, fortifícame, guíame, consuélame.
Y en cuanto corresponde al plan del eterno Padre
Dios revélame tus deseos. Dame a conocer
lo que el Amor eterno desea de mí.

Dame a conocer lo que debo realizar.
Dame a conocer lo que debo sufrir.
Dame a conocer lo que silencioso,
con modestia y en oración debo aceptar, cargar
y soportar. Sí, Espíritu Santo,
dame a conocer tu voluntad
y la voluntad del Padre.
Pues toda mi vida no quiere ser otra cosa,
que un continuado y perpetuo Sí
a los deseos y al querer del eterno Padre Dios.
Amén.

Noveno día:

La muerte de Juan XXIII

Querido San Juan XXIII:

En esta novena te hemos pedido, si fuera posible, vivir el evangelio de Cristo como tú. Cuando el médico te diagnosticó un tumor canceroso, dijiste; “No te preocupes por mí, porque mi equipaje está preparado y yo estoy dispuesto a partir”. Con tranquilidad hablaste a tus hermanos y hermanas diciendo, “soy feliz porque dentro de muy poco veré a nuestros Padres en el cielo.

Recen; “No te olvidaste del Concilio y dijiste: Quiera Dios que los Padres Conciliares puedan conocer la gran obra que han comenzado”. Así solía rezar, “yo ofrezco todos mis sufrimientos, para que todos sean uno, una sola entidad en Cristo”. Por eso dijiste al doctor: “No se esfuerce, lo entiendo, estoy preparado”. Especialmente gracias Santo Padre Juan XXIII que nos dijiste: “yo soy tu hermano”, pero no solamente de nosotros los católicos, de todos los cristianos, sino de todos los hombres. Dame la fuerza de ser un hermano de todos y convertir a Puerto Rico y el mundo entero en una patria, una tierra de hermanos en amor y paz. Amén.





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