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La rutina asesina
Al amor... hay que trabajarlo.


Por: Francisco Peralta Dávalos | Fuente: Catholic.net



Para muchos, las peores enfermedades son las asintomáticas, en las que no se presentan síntomas ni signos evidentes que demuestren enfermedad y van acabando con la vida de manera silenciosa, sigilosa, hasta que de repente en algún momento inesperado la persona fallece o se informa que se encuentra en una fase terminal y con poco tiempo de vida. Así es la rutina en las relaciones, silenciosa… asesina.


La rutina resulta tan perjudicial a la relación ya que pareciera ser una especie  de antítesis del enamoramiento y mucho más del amor. El enamoramiento es casi una montaña rusa de emociones donde predomina una sensación de felicidad y bienestar, la rutina es plana, gris, no suele llevar muchas emociones consigo. El amor es una decisión, que se toma de manera consiente por medio de la voluntad, de permanecer al lado de una persona porque quiero el bien para ella, la rutina se antoja más bien un “sigo a tu lado porque así me he acostumbrado”.


El mayor riesgo de la rutina no es que sea repetitiva, incluso hay cosas para las que se requiere cierta repetición y son positivas; en la disciplina y para desarrollar virtudes por ejemplo, pero en este caso se busca algo bueno de manera intencional. La rutina es peligrosa al haber monotonía, cuando solo se vuelve una repetición sistemática de tareas o actividades que parecieran no tener ningún sentido trascendental y que no nos llevarnos a ninguna parte en concreto. Pero el mayor de los riesgos de la rutina es no darnos cuenta que hemos caído en ella.


Será importante que la pareja tenga un nivel de autoconocimiento importante para saber identificar cuando están entrando en una dinámica rutinaria perjudicial. Siempre habrá actividades que tendremos que realizar cotidianamente, como el cumplir tareas o deberes laborales, personales, domésticos o familiares, pero ese es el reto, el no caer en la rutina en un mundo que tiende a lo rutinario.


El matrimonio, una vez que sea capaz de reconocer que se está enfrascando en la “logística” del día a día tendrá que poner los medios para renovarse y hacer cosas distintas, cosas novedosas que rompan la rutina y contribuyan a tener momentos de comunicación de mayor calidad, de compartir espacios y tiempo como pareja. Curiosamente, para la mayoría de las parejas este “romper” o “salir de la rutina” no requiere de cosas sorprendentes o extraordinarias, sino más ordinarias de lo que nos imaginamos. Por ejemplo, el ir al cine, tener una cena, una plática en algún lugar agradable o un pequeño viaje en la mayoría de las ocasiones es suficiente, esto dependerá de las características de cada pareja para que ésta se vea beneficiada.




Puede resultar complicado el imaginar cómo no caer en la rutina con una persona con la que vivimos y pasamos prácticamente los 365 días del año; esa es parte de la responsabilidad que tenemos al comprometernos con nuestra pareja. Al amor hay que trabajarlo.

 





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