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Entre el egoísmo y el amor
Tenemos la libertad para elegir entre el bien y el mal.


Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.Net



La libertad está abierta. Con ella establecemos opciones, escogemos entre el bien o el mal.

Sin opciones no habría libertad: seríamos esclavos. En cada momento estaríamos determinados a una única posibilidad de elección.

En cambio, la experiencia continua de opciones y la apertura de nuestra mente y de nuestro corazón explican que tenemos libertad.

Gracias a la libertad, en cada momento escogemos entre el egoísmo o el amor, entre lo que separa o lo que une.

La opción es egoísta cuando el centro está solo en nosotros y los demás quedan reducidos a satélites a nuestro servicio.



La opción será de amor cuando el centro esté en Dios y en los demás, y así nuestro yo quede situado en un lugar secundario.

La historia humana y la realidad presente ponen ante nuestros ojos miles de gestos de egoísmo y otros miles de gestos de amor.

Los egoístas dañan, cierran, dividen, destruyen, provocan lágrimas. Al final, quien vivió para sí mismo descubre su fracaso y llora por su miseria moral.

Los enamorados curan, abren, unen, construyen, llevan a la verdadera alegría. No sin trabajos, porque amar cuesta. Pero siempre con esperanza: vale la pena morir por el amor.

Seguimos en camino, entre el egoísmo y el amor. La libertad decide en cada momento hacia dónde vamos. Los aciertos y los errores se suceden.



Gracias a Dios, cada nuevo instante nos permite corregir errores o consolidar el buen camino. Entonces el egoísmo queda derrotado, y el mundo se enciende con la llama maravillosa de un amor que salta hasta la vida eterna...





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