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Video: El hombre Salvador
Una historia excepcional para explicar la gran diferencia entre el cristianismo y las demás religiones


Por: Sebastian Campos | Fuente: catholic-link



Hay mucho papel escrito intentando explicar qué es el cristianismo e intentando darnos orientaciones para que, los que somos cristianos, vivamos eso que decimos creer de forma correcta, coherente y fiel. Pero este mundo híper conectado no solo afecta lo que ocurre en las redes sociales e Internet, sino que traspasa las barreras de la fe. Mucho de “otras espiritualidades” se permea entre nuestras ropas empapando nuestra fe, nuestra forma de comprender quién es Dios, y modificando la forma en la que nos relacionamos con Él.

Este video nos regala muchos elementos simbólicos, de los cuales puedes hacer cimientos para preparar un comentario o reflexión en tu comunidad o grupo. La historia no es solo una representación metafórica, sino que (aunque parezca exagerado) es lo que Jesús ha hecho y hace por nosotros todos los días de nuestra vida.


Una de las formas de meditación, reflexión y oración que se proponen en los Ejercicios Espirituales ignacianos, es que cada vez que medites un texto bíblico, lo leas varias veces, y en cada una de las leídas, te pongas en el lugar de alguno de los personajes, que participes de la historia, que reacciones, que respondas, que seas parte de los diálogos; solo de esa forma podrás interpretar y vivir de mejor forma el mensaje y describir lo que Dios quiere decirte. Con el video vamos a hacer eso. Seremos todo.

Comencemos por el “hombre que ha caído en el hoyo”, sin duda podemos decir que es la humanidad completa, el hombre como género humano, quien en su pecado se ha dirigido a un camino sin regreso, del cual no puede salir por sí solo y que la única forma de escapar es con la ayuda de otro, de un salvador.

Pero ahondemos un poco más, tú eres ese hombre que ha caído en un hoyo, no necesariamente un hoyo de pecado e inmundicia del cual no hay escapatoria (aunque seguro es el hoyo en el que varios frecuentamos caer). Muchas veces es un hoyo de rutina religiosa, un hoyo de desencanto y tristeza, un hoyo de pesimismo y desesperanza, un hoyo de soledad y desconsuelo; incluso pudiera ser una persona, un otro en el cual “hemos caído” y nos tiene atrapados, nos ahoga, nos roba la libertad. Sin duda de esos hoyos no puedes salir solo. Quizás llevas mucho tiempo ahí. Tiempo suficiente como para meditar todas las posibles salidas y vías de escape, sin lograr éxito en la tarea. Tiempo para sentirte defraudado de los demás y de ti mismo. Todos somos ese hombre que ha caído en el hoyo.



“El hoyo” mismo, esa situación que acabamos de describir, es un personaje que pareciera actuar, y de hecho, no es del todo malo. No da chances de mirar a la superficie, y aunque empinado y estrecho, constantemente ofrece luces de esperanza, mantiene viva una fe cansada, que sigue esperando que algo ocurra. Nuestra situación (el hoyo en que hemos caído), negativo por definición, es una oportunidad, pues quien no ha quedado atrapado no necesita ser rescatado. En la Vigilia Pascual cantaríamos: «Oh feliz culpa que mereció tan gran redentor».

Los que se acercan a ayudar de hecho son mucho más parecidos a nosotros de lo que quisiéramos. Ya lo decía Santiago en su carta al criticar a los primeros cristianos cuando expresaban su fe sin obras, diciendole al prójimo: «Vayan en paz, calientense y coman” sin proveerles algo de alimento y calor» (cf Santiago 2, 16). Teóricamente irrefutable. Orar, hacer sacrificios, obrar bien, mantenerse alejado del mal… Consejos que todos hemos predicado y se nos han predicado, los que en esencia, son realmente una forma de salir del agujero que nos tiene atrapados… pero falta un elemento fundamental: y es que los méritos propios, por sí solos, no salvan a nadie.

El “hombre salvador” nos hace pensar automáticamente en Jesús y estoy seguro que ni siquiera hace falta ser cristianos para caer en cuenta de la metáfora. Pero no es un simple salvador, no es un rescatista heróico o un superhéroe que luego de su tarea posa para la selfie y desaparece. Aquí la diferencia radical entre Nuestro Salvador y las propuestas de salvación que anteriormente recibió el hombre que había caído y más aún, aquí la diferencia entre el cristianismo y las otras formas de fe.

Nuestro Salvador se involucra, no solo lanza la cuerda sino que se expone Él mismo a las incomodidades de caer en el hoyo, pero más todavía: carga con el peso del hombre y le rescata, no solo le ofrece una alternativa o una solución, sino que Él mismo es la solución y hace todo el trabajo. No hay mérito alguno del hombre caído, solo el hecho de haber dicho que sí quería ser libre y salir del hoyo en el que se encontraba. Esto hace que el salvador se involucre con el salvado, no solo es un lindo mensaje y palabras que hacen sentido, sino que establece una relación. Esa es la clave del cristianismo: que estando en un hoyo del cual no podemos salir solos, establecemos una relación con quien nos salva. Ser cristiano no solo es creer en Cristo, sino establecer una relación con él.

Antes de terminar y siguiendo la dinámica de ponernos en el lugar de cada uno de los personajes, seamos nosotros también ese hombre salvador, que teniendo la posibilidad de salvar a otro, mira hacia abajo, y respetando su libertad, se compromete, ofrece ayuda y se desgasta. Ser cristianos no solo es vivir la experiencia de la salvación, sino que es ser imitadores de Cristo, llevando su salvación a todos aquellos hombres que han caído en un hoyo.



 





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