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Un auténtico amigo sostiene, cura y prolonga la vida
La amistad, me atrevo a decir, es el destino final del hombre, porque Dios no nos llama siervos, sino amigos


Por: Daniel Prieto | Fuente: catholic-link



¿Qué es la amistad? La amistad, si es verdadera, es una relación que genera vida. ¿Qué es la vida? La vida es lo opuesto a la muerte, o mejor, es un impulso que permite desafiar a la muerte y, en el mejor de los casos, incluso vencerla. El amigo auténtico genera una tensión vital que sostiene, cura y prolonga la vida del compañero. Sí, la amistad es una cuestión de vida o muerte. Nos nutrimos, como las plantas, de la luz que nos donan nuestros amigos. Nuestra vida adquiere su personalidad a través de estas relaciones. Aún así, lo sabemos: no todos los amigos son capaces de ser fuentes de luz verdadera y no todos sacan lo mejor de nosotros. Dime con quién andas y te diré quien eres. Muchas amistades son falsas instrumentalizaciones que nos alienan y nos esclavizan.

Por otro lado, todo hombre desde que nace, muere. Cada año, cada mes, cada día, son parte de un despliegue entretejido de muerte, condenado al repliegue, a un apagarse inexorable, a un decantar hasta llegar a la vejez que desemboca como los ríos en el mar, que es el morir (como diría el poeta). Aun cuando tantas veces no lo confesamos, en el fondo intuimos la seriedad de este contraste, de este destino. Por un lado la gran fragilidad de la existencia, por otro nuestros anhelos de infinito que nos llevan a tejer tantas relaciones llenas de vida. Pero este tejido se desteje y se agujera, hasta que deshacerse por completo. Repitámoslo: la gran certeza que tenemos es que hemos de morir. Sin embargo, también una es la gran esperanza que tenemos, a saber, que deseamos fervientemente vivir. La amistad es la expresión, o la cristalización, más sublime de este deseo.

La amistad, me atrevo a decir, es el destino final del hombre, porque Dios no nos llama siervos, sino amigos (Jn 15,15). En el cielo, el amor esponsalicio pasará, porque seremos como los ángeles; no así el amor fraternal y filial que, en el fondo, son rostros del amor amical, este amor permanecerá para siempre. Ahora bien, quien en esta tierra llega a amar no solo a sus amigos, sino incluso a sus enemigos ha descubierto la fuente de la vida eterna … Dios llama a todos sus amigos y, como dice el dicho, «los amigos de mis amigos, mis amigos son». De hecho: «Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?» (1Jn 4,20). Nos engañamos, eso sí, aferrándonos a todo lo que puede vigorizar y amplificar nuestra proyección. Deseamos todo lo que nos puede ayudar a “ser” más, mas no pocas veces lo buscamos en una “hacer” más, que no siempre coinciden, ni son la misma cosa. Cuando así obramos, por más que abracemos con todas nuestras fuerzas la vida, se nos escapará como arena entre las manos. En el fondo, cada palabra, cada gesto, cada proyecto y actividad, sueño e ilusión, pueden ser tentativos buenos de dilatar ese deseo de permanencia, de trascendencia, en medio de la “apariencia de este mundo que pasa” como decía el apóstol Pablo (1 Cor 7,31), sin embargo, la autenticidad de estos tentativos se prueba, se purifica y se confirma a través del crisol del amor al prójimo. Esta es la garantía para saber que las nuestras, son obras de vida y no de muerte: si es que ellas nos lleven a establecer una relación de amistad profunda con Dios y con los demás.

Digámoslo otra vez, ¿qué es lo único que realmente permanece a fin de cuentas? Respondamos sin titubear: El amor amical que es fuente de vida. En ese sentido, mientras más profundas sean nuestras relaciones, más profunda será la comunicación de nuestras existencias, más resistente será el tejido vital del Cuerpo que conformaremos, y mayor la vida que de este brotará. Quien funda su amistad solo en lo virtual, establecerá una relación virtual, capaz de generar solo vida virtualmente… Lo virtual perecerá. Quien, por su parte, funda su amistad solo en lo tangible, carnal o “real”, establecerá una relación real, sí, capaz de generar vida real, también, sin embargo…. Lo real también perecerá.

Quien, en cambio, funda su amistad en lo espiritual, que insufla, sostiene y da sentido a lo virtual y a lo real, establecerá una relación espiritual, capaz de generar vida espiritual… esa que no perece, mas se prolonga hacia la vida eterna.







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