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Solo por Hoy.
Perdonar es imprescindible y pedir perdón necesario.


Por: María Luisa Martínez Robles | Fuente: Catholic.Net



Algo que he admirado siempre en las personas muy mayores es la alegría. Lo normal es que según nos vamos haciendo viejos seamos cada vez más tristes. No debería ser así. La vida nos ha enseñado que con ganas y empuje se consiguen grandes cosas. Los débiles utilizan la fuerza, los fuertes la inteligencia y la inteligencia no es más que la capacidad de adaptarse  a las circunstancias. Cuando somos mayores, si somos inteligentes nos debemos adaptar a la etapa que estamos viviendo. Si además tenemos la suerte de que esa vida es tranquila, con nuestras necesidades cubiertas y con una o varias personas que nos quieren ¿Por qué no vamos a estar alegres? Esa alegría debemos contagiarla. No es fácil cuando la enfermedad, la pérdida de un ser querido, las dificultades o la falta de trabajo te abruman. Paciencia es el mejor remedio.

 

Para eso debemos brindar nuestro apoyo a los nuestros…. Y a todos los que podamos. Si no lo hacemos, la soledad es inevitable, aunque estemos rodeados de gente. Cada día que pase tenemos que ser más comprensivos. Tenemos que ayudar a mejorar a los que queremos, unas veces con nuestra experiencia, otras con nuestro apoyo y siempre con nuestra comprensión. La falta de tiempo, de fuerzas o de dinero no es disculpa. Siempre habrá un momento aunque solo sea  para escuchar. Algo tan barato y tan valioso.

Perdonar es imprescindible y pedir perdón necesario. No somos perfectos, por eso debemos perdonar y olvidar. El rencor, acordarnos de todo lo que nos molesta en cada momento, no es sano. Estar esperando la oportunidad de devolver el agravio a la menor ocasión  crea tensiones que no conducen a nada bueno. Todos tenemos dificultades para ciertas actuaciones y facilidad para otras. Cada uno ayuda según   las aptitudes de cada uno , así los resultados serán mejores.

Compartir: El hecho de compartir hace referencia al disfrute en común de un recurso. Esa es la definición de compartir. Ese es el secreto de la convivencia. Antes no entendía la diferencia   entre actitud y aptitud. Las dos cosas se pueden mejorar y cambiar, pero no hay que confundirlas. He comprendido que se puede tener una buena actitud y peor aptitud. Entonces se mejorará rápidamente la aptitud. Pero por muy apto que seas para tantos problemas con que te encuentras en la vida si tienes una pésima actitud, difícilmente los superaras. No es un trabalenguas. Todos los días tienes que levantarte por la mañana con ganas, con empuje, procurando comportarte como si fuese el definitivo para obtener el éxito. Si lo haces así ya se encargarán las circunstancias de que en algún momento cometas algún error. Si ya empiezas pensando que no eres capaz de hacerlo lo mejor posible, seguro que será un fracaso.



Creo que debo adjuntar algo que leí hace mucho tiempo es el decálogo de la serenidad escrito por Juan XXIII

1.-Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.

2-Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto, cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mí mismo.

3-Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no solo en el otro mundo, sino en este también.

4-Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

5-Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura, recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

6-Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

7-Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer, y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.

8-Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

9-Sólo por hoy creeré firmemente (aunque las circunstancias demuestren lo contrario) que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.

10-Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.

JUAN XXIII

Solo lo pensaba hacer hoy, claro que se lo proponía todos los días. Lo explica mucho mejor que yo, por eso no creo necesario hacer más comentarios.

Muchas veces debemos renunciar a algo que nos gusta por los demás. Con creces se paga esa renuncia. En ocasiones nos preguntamos porque tenemos que pasar vicisitudes que otros no pasan,  para superar dificultades, para hacernos más fuertes, esa es la respuesta.







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