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Feminidad y masculinidad.
Los extremismos en sexualidad ya no sirven.


Por: Javier Ordovàs | Fuente: Catholic.net



Los extremismos en sexualidad ya no sirven.

La sociedad moderna necesitaba una puesta al día en enfoque de aspectos dependientes de la sexualidad como la igualdad de derechos de la mujer y el respeto a la homosexualidad.

Para el progreso de la mujer ya no hace falta el feminismo.

Los movimientos feministas beligerantes han jugado un papel importante y se justificaron por la recalcitrante cultura machista. Una vez implantada universalmente la cultura de la igualdad derechos entre el hombre y la mujer, el feminismo beligerante ha perdido su justificación. Hasta en los países no avanzados, de cultura todavía machista, la igualdad de derechos es un proceso imparable. Por ejemplo,  para combatir el feminicidio ya no es preciso el extremismo feminista, basta con aplicar debidamente las legislaciones y el aplastante apoyo popular, no necesariamente feminista.

Establecer una sociedad feminista sería tan erróneo como la sociedad milenaria machista que hemos padecido. Muchas mujeres, ya completamente incorporadas a la sociedad, no se sienten representadas por los movimientos feministas; les parece indignante, por ejemplo,  que se establezca una cuota de mujeres dentro de los partidos políticos o en los puestos de poder; cuando ya hay igualdad de derechos, lo “femenino” es ganarse esos puesto en la justa pugna democrática y no que se lo “regalen”.



Muchas mujeres no están de acuerdo en que el aborto sea una conquista de la mujer. Basta con ver el enorme crecimiento de sitios pro vida en las redes sociales. Tampoco comparten que haya que “profesionalizar” la prostitución, sino configurar una sociedad en la que ninguna mujer tenga que prostituirse para sobrevivir. La mayoría de las mujeres, sin pertenecer a movimientos feministas, están completamente en contra de la “ablación femenina” realizada en muchos países atrasados, y no admiten la cultura islámica de “sometimiento” de la mujer. Tampoco las mujeres  necesitan inscribirse en un grupo feminista para estar en contra del comercio sexual de personas.

Incorporar la cultura femenina a los centros de poder y decisión  enriquece a la humanidad que, sin ella,  queda incompleta, sin perspectiva visual, tuerta.  De la misma forma que la persona necesita dos ojos para una visión correcta, la humanidad necesita el cerebro femenino y masculino para tener una perspectiva correcta y no una visión chata.

Homofobia: de la tolerancia a la intransigencia

Desde mucho antes de que se hiciera público el debate social acerca de la homosexualidad, los psiquiatras ya la habían definido como “disforia sexual”, es decir, disfuncionalidad, falta de correspondencia entre la constitución fisiológica de una persona y su atracción afectivo-sexual; un trastorno de identidad sexual. Disfunción que afecta a un pequeño porcentaje de la población y más frecuente en el proceso de maduración de la niñez-adolescencia, superable, en la mayoría de los casos, de forma más o menos traumática.

Como una manifestación más de la inculta cultura machista, los homosexuales han sufrido históricamente humillaciones. Claramente, eso es inadmisible y atenta a los derechos elementales de las personas. Han jugado un papel importante y valiente los movimientos a favor de los derechos de este grupo social. Pero, una vez recogido en la legislación de países e instituciones internacionales, el proceso de implantación está marcado y el respeto a los homosexuales se va implantando, de forma más o menos lenta, en las sociedades.



A la reclamación de los derechos de los homosexuales se han añadido los otros pequeños grupos sexualmente desconsiderados para agruparse en el colectivo gay, o de los LGTB, que han tenido la habilidad comunicativa de apoderarse de muchos medios de comunicación y centros de poder nacionales e internacionales. Siendo un grupo social numéricamente pequeño han organizado un verdadero lobby de presión política e ideológica a todos los niveles. Los grupos políticos, faltos de ideas e, incapaces por su propia corrupción, de resolver las desigualdades sociales y económicas, enarbolan tanto la bandera lgtb, como la abortista, para lucir una falsa imagen de “progresismo”.

También van apareciendo homosexuales que no comparte la “ideología gay” y se muestran muy contrarios de la estrategia “fanática” que estos grupos han adoptado.

La llamada cultura de género como paraguas de los extremismos en sexualidad.

La ideología de género pretende imponernos que las diferencias hombre-mujer son una pura estructura sociocultural que no obedecen a origen biológico sino artificial. Es cierto que a lo largo de la historia las manifestaciones de lo femenino y masculino han ido evolucionando y adaptándose a la cultura y costumbres o modas de cada época. Pero eso es cierto solamente en lo accidental, que se refiere a gustos o modas cambiantes. En lo esencial, la distinción hombre-mujer, es de origen natural, biológico, aunque solo fuera para la procreación y supervivencia de la especie humana. Esa distinción biológica genera la distinción sicológica, mental.

La biología nos enseña que las hormonas determinantes de la monosexualización del feto (testosterona y estrógenos) son las responsables de identificar al nuevo ser y dotarlo de una estructura cerebral masculina o femenina.  Sobre esa diferenciación esencial entre la feminidad y masculinidad pueden añadirse todas las estructuras culturales que cada época considere pero, la distinción esencial permanece.

La cultura de género nos llevaría a una concepción confusa del matrimonio y a la familia como algo inútil. Todo ello a través del “adoctrinamiento” de los niños en los colegios y en la televisión, contra la voluntad de sus padres.

Esta “pelea” entre machismo, feminismo y homosexualidad nos está obligando a redescubrir la feminidad y masculinidad como elementos constitutivos de la persona. Necesitamos realizar de forma consciente la alianza natural, “estratégica”, entre la cultura masculina y la femenina, sustituir el enfrentamiento por una alianza de media humanidad con la otra media.

Por ejemplo, si alguien nos solicita definir “juventud”  y “vejez”, podemos hacerlo pero, sería un esfuerzo superfluo. Las ideologías extremistas de sexualidad nos obligan a definir algo tan natural y tan obvio como la feminidad y la masculinidad. Dejamos esa tediosa tarea académica para psicólogos y antropólogos.

Para el ciudadano “de a pie” nos basta lo que dice el diccionario de la Real Academia Española:
Femenino

1. adj. Perteneciente o relativo a la mujer. La categoría femenina del torneo.
2. adj. Propio de la mujer. Un gesto femenino.
3. adj. Que posee características atribuidas a la mujer. Su abuela fue una mujermuy femenina.
4. adj. Dicho de un ser: Dotado de órganos para ser fecundado.
5. adj. Perteneciente o relativo al ser femenino. Célula femenina.

Masculino:
1. adj. Perteneciente o relativo al varón. La categoría masculina del torneo.
2. adj. Propio del varón. Unas manos masculinas.
3. adj. Que posee características atribuidas al varón. Presume de ser muy masculino.
4. adj. Dicho de un ser: Dotado de órganos para fecundar.
5. adj. Perteneciente o relativo al ser masculino. Célula masculina.

Feminidad:
1. f. Cualidad de femenino.
2. f. Med. Estado anormal del varón en que aparecen uno o varios caracteres sexuales femeninos.

Masculinidad:
1. f. Cualidad de masculino.

 





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