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De Camino al Templo con las Palmas, ¿lo entiendes?
¿Cómo voy a vivir la Semana Santa?


Por: P. Dennis Doren, LC | Fuente: Catholic.Net



Con la fiesta de hoy entramos de lleno a la Semana Santa, Semana para la cual nos hemos estado preparando durante cuarenta días. Esta preparación ha consistido en la conversión de nuestra vida, ordenar la misma, yendo a las raíces, y así volver a Dios; no pensar más como todos piensan, sino como Dios piensa, es decir, hacer que los criterios de Dios formen parte de nuestra vida. Nos hemos preparado para acompañar a Jesucristo rezando el Vía Crucis, contemplándole en el crucifijo, haciendo pequeños sacrificios y ofreciendo todo por las almas.

¿Cuánto no le hemos costado a Cristo?, ¿ya tenemos más conciencia de lo que ha sufrido por nosotros, por ti, por mí?, ¿hemos tratado de aprender el camino que nos toca recorrer junto a Cristo.

Porque Cristo ahí tenía presente a todos los hombres del pasado, del presente y del futuro. ¿Yo he tenido una participación de la Cruz de Cristo?, ¿he colaborado en su crucifixión?, ¿lo he consolado con mi cercanía y mis propios sufrimientos?

Hemos asistido a la resurrección de Lázaro, muchos quieren ir a ver a Jesús, se respira un ambiente especial, parece que ya ha llegado el Mesías al constatar todo lo que veían hacer en Jesús.

Qué gran peligro nos asecha, como le asecha a todo hombre, de solo recordar, de teatralizar este evento; yo no quiero estar aquí para hacer un mero recuerdo, yo estoy aquí, sí, para revivir el Domingo de Ramos.



Primero, yo les invito, y me invito, a quitarnos nuestra vestimenta y ponernos la túnica, las sandalias, convivir con el polvo, trasladarnos a Jerusalén y vivir con ellos la algarabía de la fiesta. Pero es necesario hacer un traspaso afectivo, físico, un traspaso del corazón, para por lo menos entender un poco lo que estamos celebrando.

 ¿Cómo estoy preparado para esta fiesta?, ¿cómo me he venido preparando?, ¿a quién estoy representando? Aquí, delante de mí, veo y siento una Jerusalén, una Jerusalén occidentalizada, pero a los ojos de Dios no dejamos de ser Su Jerusalén, y hoy Él entra nuevamente a Ella, porque está dispuesto a renovar su entrega y su amor. Ante esta realidad nos encontramos con diferentes tipos de protagonistas, los conscientes, los que realmente acompañan a Cristo con conocimiento de causa:

Los curados, los leprosos, lo ciegos, los paralíticos, tal vez algunos de los presentes se encuentra en esa categoría, hoy en Jerusalén, por eso ovacionamos a Cristo, por eso le queremos proclamar Rey, pues ha significado algo en algún momento de nuestra vida; se hizo presente curándome alguna enfermedad, trayendo consuelo y esperanza.

 Los indiferentes, los superficiales, que están ahí porque tienen que estar, que siempre han ido en esta época, y la tradición casi, casi les obliga, pero nunca han profundizado en su sentido y en su significado, por eso están ahí, pero más que protagonistas, están como espectadores, no están dispuestos a ensuciarse las manos por la causa, pues no la han comprendido. Por otra parte están los superficiales, los que han comenzado a correr y a gritar, ¡bendito el que viene en nombre del Señor!, y están emocionados, porque tienen complejo de borreguismo, porque los otros lo han hecho, porque han visto a uno hacerlo y ellos han comenzado una realidad tan dramática, pero tan real en nuestro mundo de hoy. ¿Cuántos actuamos así?, ¿cuántos vivimos así?, ¿cuántos pensamos así? Jamás hemos sido capaces de penetrar, ni siquiera de preguntar, un porqué; lo hacemos porque lo hacemos, porque muchos lo hacen.

Los traidores, los infiltrados, los que saben perfectamente y están dispuestos a matar a Cristo, a hacerlo desaparecer, porque es un obstáculo para sus propios fines y objetivos, y piensan que este es el momento, lo tenemos en nuestras manos, ha tratado de escabullirse, pero ahora ya tenemos todo planeado. Y tal vez gritan y lo alaban, y levantan las palmas, pero en su interior, no concuerdan con Cristo, con su modo de actuar; nos gustaría más revolucionario, más político, más agitador, que se adapte a nuestra manera humana de ver la realidad, verdaderamente Él y nosotros no podemos estar juntos; otra realidad que hoy constatamos en la Jerusalén occidentalizada y actual...Cuántos en su corazón cerrado por el odio, por la envidia, por la injusticia, por el rencor, por el materialismo y mundanismo que tal vez ha entrado en nuestras vidas. Sí, tal vez hoy es el día en que se define la suerte de ese hombre.



Los que han convivido con Jesús, sus apóstoles, sí se suman con ilusión, con ánimo. Piensan: ¿si le va así a Nuestro Maestro, entonces cómo nos irá a nosotros?  Adiós fatigas, tener que conseguir el alimento; adiós sudores, ahora viene la gloria; hemos hecho la mejor opción, ellos están felices, pero solo hay una mera gloria humana, pasajera, poco fiel, también superficial, pero con el corazón abierto.

Y por último, los que han hecho la verdadera experiencia, han predispuesto su corazón y su inteligencia  para descubrir el sentido de lo que va aconteciendo. María, San Juan, María Magdalena, aquellas mujeres y hombres que también le acompañaron en la Cruz. La experiencia del amor ha sido más fuerte, esta experiencia les ha abierto los ojos y les ha preparado para lo que vendrá. Estar al pie de la Cruz, STABAT UXSTA CRUCEM. Los fieles, los que no se amedrentan, ¿cuántos de los que estamos aquí formamos parte de este grupo?, todos, todos, tenemos que ser todos.

Esta reflexión nos invita a pensar: ¿Y cómo voy a vivir esta Semana Santa que comienza?, ¿para qué lado iré?, ¿cuál será mi postura?, ¿correré, lo venderé por 30 monedas, estaré con Él al pie de la Cruz, pasaré en frente de Él y le escupiré, me burlaré y seguiré mi camino?, ¿o tal vez sí lo veré pero no me dirá nada y pasaré de largo?





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