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Esa esperanza que nos guía
Los hombres de todos los tiempos descubren, al mirar a Cristo, una esperanza que nos guía.


Por: P.Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Catholic.net



La historia humana sigue su camino, entre avances y retrocesos, bonanzas y tempestades, alegrías y tristezas.

En esa historia, hay momentos de una oscuridad terrible, que impiden ver el conjunto y que provocan angustia, miedo, zozobra.

Basta con pensar en tantas guerras fratricidas, en crisis económicas asfixiantes, en dictaduras que oprimen a millones de inocentes, en abortos convertidos en rutina...

Esos momentos de oscuridad, sin embargo, no son todo. Existen hechos y personas que han abierto puertas a la esperanza.

Una joven de Nazaret, que se llamaba María, permitió que el Hijo del Padre entrase en nuestra historia. Desde entonces hay Luz, hay Vida, hay Verdad, hay Amor.



Los hombres de todos los tiempos descubren, al mirar a Cristo, una esperanza que nos guía. La muerte ha sido vencida. El pecado ha sido derrotado.

Siguen en pie, es cierto, fuerzas terribles y corazones endurecidos que provocan nuevas lágrimas y que generan injusticias incontables.

Pero la victoria del Cordero es definitiva. Los discípulos hacen suyo el canto de la Pascua, porque saben que los enemigos han sido derrotados por quien es "Señor de Señores y Rey de Reyes" (Ap 17,14).

Desde la certeza de la Victoria de Cristo, Muerto y Resucitado, reemprendemos el camino cada día. De este modo, la esperanza impulsa a actuar, mientras dejamos los resultados en las manos del Señor.

"Así, por un lado, de nuestro obrar brota esperanza para nosotros y para los demás; pero al mismo tiempo, lo que nos da ánimos y orienta nuestra actividad, tanto en los momentos buenos como en los malos, es la gran esperanza fundada en las promesas de Dios" (Benedicto XVI, "Spe salvi" n. 35).



Dios es el Señor de la historia. No sabemos por qué derroteros se orientarán las decisiones humanas. Pero estamos seguros de que el bien triunfará, porque Cristo, el Hijo del Padre e Hijo de María, es nuestra esperanza y vive para siempre.





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