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3 claves para evangelizar en internet
¿Cómo hacerlo en un mundo cada vez más conectado? 3 tips


Por: H. Edgar Henríquez, LC | Fuente: elblogdelafe.com



El tiempo pasa y los medios cambian. La Iglesia como “madre” y “maestra” busca siempre insertarse en la realidad social y cultural de los hombres para llevar el mensaje de Cristo.

Pero, ¿cómo hacerlo en un mundo cada vez más conectado? Crear revistas o boletines ya no es tan eficaz como antes, la gente ya no lee estas cosas y a las parroquias les es difícil pagar los costos elevados de tal obra. Las conferencias son mejor presenciales, aunque hacer una transmisión en vivo sería ideal para que otros puedan compartirlo a distancia. En fin, el mundo ha cambiado y con ello la forma de comunicar. Digo la forma porque no cambia la comunicación, siempre hay un emisor, un mensaje y un receptor. Siguiendo esta lógica quiero proponerles 3 puntos a tener en cuenta a la hora de evangelizar las redes y #HacerLío.


1. Cristo está en el centro

Nuestro mundo nos invita constantemente a una emancipación en todos los niveles bajo el slogan “sé lo que quieras ser”, la cual parece no tener límites. “Sé algo en la vida”, “haz algo importante”, “deja huella”, “que te recuerden” son típicas frases al respecto. El peligro real para un cristiano es enfocarse más en uno mismo que en el mensaje de Jesús. Entonces ya no es anunciar solamente el mensaje de la Buena Nueva, ahora también es anunciarme y publicitarme un poco a mí mismo para obtener seguidores y/o reconocimiento. ¡Cuidado! El Papa Francisco también ha hecho hincapié en esto, y lo recordó en 2014 en su homilía matutina en Santa Marta: “Un cristiano no se anuncia a sí mismo, anuncia a otro, le prepara el camino a otro: al Señor” (24/06/14).

Por ello no hay que perder el enfoque, que es Cristo. Cristo es el centro del mensaje, Él es el mensaje mismo, y nosotros somos simples instrumentos. Sería bueno repetir de vez en cuando, a modo de jaculatoria, el versículo que dice: «Somos siervos inútiles; hicimos lo que teníamos que hacer» (Lucas 17:10). Quien ha sido testigo de un milagro va de inmediato a contarlo, como aquel ciego que luego de ser sanado por Jesús fue corriendo a contárselo a todo el mundo. Que Jesús sea el centro de nuestro apostolado, de nuestra labor evangelizadora, de los videos, de las reflexiones, de las meditaciones, etc. ¡Que sea el centro de nuestra vida!



    «Es necesario que Él crezca y yo disminuya» (Juan 3:30)

    «Pero nada me importa en la vida, ni es para mí estimable, con tal de llevar a buen término mi carrera y el ministerio que he recibido de Jesús, el Señor: dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios» (Hechos 20:24)

2. Ser un testigo que da un testimonio

En un mundo que nos propone “leaders”, “spiritual coaches” y un sinfín de otras posibilidades para abrirnos a la realidad trascendente del hombre, ¿cómo se presenta el cristiano? ¿Como un “coach”, como un “leader”? El cristiano se presenta como un “testimonio de la luz”, así lo diría en su tiempo Juan el Bautista, cuya conciencia de ser anunciador del Mesías era evidente. Y la sabiduría Bíblica nos lo aclara: «No era él la luz, sino testigo de la luz».

El hombre o la mujer que se atreve a anunciar a Cristo debe hacerlo en primera persona, contando un testimonio personal de Jesús, una experiencia de la cual es testigo. Testimonio es anuncio de otro, es compartir algo en que creo, es contarle al mundo una verdad. Testigo es aquél que ve y oye, que está presente en el momento importante, que ha experimentado en carne propia aquello que testimonia.



    «Vino un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan. Éste vino como testigo para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por él. No era él la luz, sino testigo de la luz» (Juan 1:6–8)

    «Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de la vida… eso les anunciamos» (1 Juan 1:1.3)

3. Un mensaje sencillo y profundo

El mensaje de Jesús es claro, sencillo, profundo, penetrante. El Evangelio ya es hermoso por sí solo, no necesita que lo maquillemos más [idea de Juan Manuel Cotelo]. Es una belleza natural que debemos saber descubrir y anunciar. Por otra parte podrías pensar en “aligerar” el mensaje para no suene tan fuerte, o quizá hacerlo más “divertido” para que llegue a más personas. ¡Cuidado! El criterio es fácil de recordar: Sencillez y Profundidad. He visto en mis pocos años de religioso a personas muy buenas que han intentado comunicar a Jesús de una forma “divertida” o a veces “light”, pero que en realidad han logrado comunicarse excelentemente a ellos mismos y no a Jesús. Cuando el espectador ve el contenido de evangelización y se queda más con la persona que con el mensaje, entonces estamos haciendo algo mal.

Yo diría, siguiendo las palabras del Evangelio, que «los que pertenecen a este mundo son más sagaces con su propia gente que los que pertenecen a la luz» (Lucas 16:8), por ello debemos hacer todo lo posible para llegar a los lugares donde Cristo aún no está presente. Debemos “ser astutos como serpientes y sencillos como palomas” (Mateo:16). Pero que en el intento de creatividad sigamos siempre unidos a la vid, porque sólo así nuestro trabajo dará fruto, y fruto abundante.

No es tarea fácil, al contrario, a veces se hará complicado comunicar a Jesús, pero ¡ánimo! ¡no tengas miedo! Jesús te repite con fuerza una y otra vez estas palabras:

    «Les he dicho todo esto, para que puedan encontrar la paz en su unión conmigo. En el mundo encontrarán dificultades y tendrán que sufrir, pero tengan ánimo, yo he vencido al mundo» (Juan 16:33)

Para finalizar les dejo estas palabras de la Primera Carta de San Pablo a los cristinos de Corinto, donde resumen muy bien la idea central de este post.

    «Porque si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, pues es un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no evangelizara! Si lo hiciera por propia iniciativa, tendría recompensa; pero si lo hago por mandato, cumplo una misión encomendada. ¿Cuál es entonces mi recompensa? Predicar el Evangelio entregándolo gratuitamente, sin hacer valer mis derechos por el Evangelio» (1 Corintios 9:16–18)





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