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Comentario de la Liturgia
IV Domingo de Cuaresma


Por: Tais Gea | Fuente: Catholic.net



Seguimos en el camino de la Cuaresma tiempo de acercamiento al Dios que es luz y vida para nuestra oscuridad. En este periodo la Iglesia nos invita a encontrar en Dios la fuerza de su misericordia. Las lecturas acompañan este camino para llevarnos al encuentro con el Dios vivo.

Este domingo la primera lectura del libro de Crónicas relata, desde la perspectiva teológica, lo que fue el destierro. Esta experiencia del pueblo de Israel fue uno de los momentos que más marcó su identidad. La dolorosa experiencia de la pérdida de su tierra les hizo valorar el don de Dios. La promesa divina tenía como contenido la formación de una nación en una tierra que iba a ser su herencia. Ahora la habían perdido. Y el pueblo se pregunta por qué se llevó a cabo el destierro. Crónicas nos dice una lectura de este hecho histórico. La causa del destierro para el autor de Crónicas es que los sumos sacerdotes y el pueblo fue infiel.

Nuestra vida también está marcada por la vivencia de la infidelidad. Hemos querido amar a Dios y servir a Dios pero hemos caído. Y experimentamos nosotros también un destierro. La visión cristiana es un poco distinta a la de Crónica. El autor da a entender que el destierro es, en cierto sentido, castigo de Dios. Nosotros sabemos que Dios no es un Dios de castigo sino de misericordia. Como dice el texto del evangelio de hoy: “Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él.” (Jn 3, ). Por lo que nuestro destierro espiritual no es castigo de Dios sino que consecuencia de nuestro modo de vivir.

Este destierro espiritual es explicado por San Juan con la imagen de la luz. El texto del evangelio es el relato del encuentro entre Jesús y Nicodemo que se realiza de noche. Todos estos símbolos son importantes. La noche representa el alejamiento del Dios de la luz. Así podemos entender también nosotros nuestros destierros. El texto bíblico dice así: “Había venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz” (Jn 3, ). Esto es lo que sucede cuando pecamos. Sin darnos cuenta nos vamos alejando de la luz. Ciertas iluminaciones del mundo nos encandilan y vamos tras ellas dejando atrás la verdadera luz que nos ilumina. Y después de tiempo nos encontramos en un abismo oscuro, vacío, lejano.

Pero la esperanza brota para el cristiano como sucedió también en el destierro. La primera lectura nos lo explica. El texto indica que el Señor inspiró a Ciro rey de Persa quien permite el regreso de los judíos a Jerusalén para darle culto a su Dios. En este rey el pueblo ve un enviado de Dios que les regresa la esperanza de salvación. Pero Ciro es solo un eslabón en la cadena de eventos históricos que Dios permite para salvar a su pueblo. El momento decisivo de este camino de salvación es Cristo. El es la esperanza del cristiano. El viene a mostrarle al mundo el rostro de la misericordia del Padre. Es la luz que llenará la oscuridad del hombre. En concreto Él es la luz que llenará nuestra oscuridad y destierro espiritual de luz.



San Pablo es muy consciente de esta verdad y lo expresa con palabras hermosas: “La misericordia y el amor de Dios son muy grandes; porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados y él nos dio la vida con Cristo y en Cristo.” (Ef 2, 4). En esta muerte, en esta oscuridad, del pecado y de la debilidad encontramos a Jesús nuestro salvador que nos viene a traer la nueva vida. Y esto es un don inmerecido de Dios. San Pablo lo deja ver claro. Esta salvación es un don de Dios. Supliquemos al Señor que en este camino de Cuaresma su gracia nos permita regresar a la vida y a la luz que nos ofrece Cristo nuestro salvador.

Terminemos con esta oración:

“Señor Jesús, vivimos en un destierro espiritual. Nuestra tierra es el Reino de la luz. Pero hemos caminado hacia la dirección contraria. Nos hemos alejado de tu luz y hemos sido invadidos por las tinieblas. No te olvides de nosotros tus hermanos y llénanos de tu presencia de luz. Amén.”

sss




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