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Comentario de la Liturgia
V Domingo de Cuaresma


Por: Tais Gea | Fuente: Catholic.net



El tiempo de Cuaresma está llegando a su fin. Estamos en la última semana antes de comenzar la Semana Santa. La liturgia de hoy nos muestra el sentido de este camino penitencial: la renovación de la alianza con Dios.

La alianza de Dios con el hombre es uno de los temas transversales que recorren todos los textos de la Biblia. Toda la historia de Israel es un recuerdo de la intervención de Dios en la vida del pueblo. Esta relación está sellada con un pacto de alianza. Dios hace con los hombres una alianza de amor. También nuestra historia está marcada por esta presencia amorosa del Padre. Nuestra vida se caracteriza por ser una vivida en relación de intimidad con Dios. Las circunstancias, buenas o malas de nuestra existencia, se convierten en llamadas del Padre. En gritos de amor que nos invitan a descubrir la presencia de Dios.

Esta alianza es don de Dios al hombre. Dios siempre se conserva fiel a su alianza. Pero el hombre a veces no responde a esta relación. Su corazón se endurece y en lugar de buscar a su Dios y Señor se busca a sí mismo. Pero Dios siempre quiere renovar su alianza. Esto nos lo manifiesta el profeta Jeremías en el texto de la lectura de hoy. El nos dice: “ya llegan días, oráculo del Señor, en que haré con la casa de Israel y de Judá una alianza nueva”. Esto nos invita a la esperanza. No importa que la alianza se haya roto. Dios puede renovarlo todo y lo hace renovando en primer lugar su alianza.

Que hable de una alianza nueva no quiere decir que la antigua no haya servido o no haya tenido una importancia o un influjo en nuestra vida. Toda nuestra historia está invadida por la presencia de Dios. Por lo que aunque caigamos y esta alianza con Dios se rompa y se realice una nueva alianza, la antigua alianza se conserva. La alianza antigua es parte de nuestra historia con Dios. Es parte de ese intercambio que ya ha habido con el Señor. Es hermoso como nos lo dice el Apocalipsis al invitarnos a no olvidarnos del amor primero. Dios ya se nos manifestó en una primera alianza. Ahora vivifica y renueva su alianza con su amor de misericordia.

¿Cuál es la nueva alianza? El texto nos indica lo siguiente: “pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”. Dios renueva la posesión del pueblo. La alianza no es solo una respuesta servil al Dios que es dueño y Señor del hombre. Sino que la alianza es una relación de intimidad en términos de posesión matrimonial. Es una relación de conocimiento íntimo. Dice el texto: “todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor.” El conocimiento de Dios no es solo reducido a un saber intelectual sino que es sobre todo relación de intimidad.



Para poder llevar a cabo esta relación, esta alianza con el Señor, se requiere tener, como dice el salmo, un corazón puro. Solo los corazones puros pueden ver a Dios. El alma pura es la que se entrega desinteresada al amor de Dios y de los hermanos. ¿En donde encontramos el ejemplo de este amor? En la vida de Cristo. El texto de San Juan recoge una imagen hermosa para explicar esta pureza en el amor: “si el grano de trigo no caen en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto”. El camino por el que nos conduce el Señor para la renovación de la alianza con Dios y con los hermanos es la muerte. La Cruz es la glorificación de Dios. Ahí se muestra la pureza del amor de un Dios que se entrega por entero.

La exhortación del maestro es clara: “el que se guarda a sí mismo se pierde”. Nos invita a aprender de Él a morir por Dios y por nuestro prójimo. Esta es la nueva alianza. Corazones puros que buscarán el amor. Pero para ello se requiere de la gracia de Dios. No podemos amar sin que el Señor no nos transforme el corazón. A esto es a lo que nos conduce la Cuaresma. Es tiempo de conversión. Tiempo de permitir a Dios que vaya haciendo que nuestro corazón de piedra se convierta en corazón de carne como el suyo.

Hagamos una oración final para pedirle al Señor este don:

“ Padre bueno renueva tu alianza con nosotros. Mira a tu pueblo necesitado de tu amor. Vuelve a llevarlo por el camino que lleva al encuentro íntimo contigo. Que la muerte a uno mismo sea lo que nos conduzca a la pureza en el amor que nos regalas como don.

Amen”



sss




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